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En la cocina de su apartamento, o como ella le llama, “su taller”, en Belmont Cragin, Laura Neira mezcla un glaseado de mantequilla, lava platos y, a la misma vez, cocina un almuerzo para su hijo menor. Aunque su filipina hace saber que es repostera, el trabajo más importante para ella es ser madre.

“Estoy con ellos (sus hijos) sola desde muchos años. Lo principal para mi es que ellos tengan un buen ejemplo”, dijo Neira. “Somos un equipo, siempre lo hemos visto así”.

Cuando Neira llegó a los Estados Unidos en 2004 no tenía ningún plan, sólo tenía a sus pequeños de 10 y 6 años y el sueño de una vida mejor. Neira es originaria de Monterrey, donde su amor por la cocina comenzó desde que era pequeña.

“Platicaba mucho con mi abuela sobre hornear y todo eso”, contó Neira. “Mi mamá también es una persona muy creativa, y cada cumpleaños me hacía mi pastel y lo decoraba”.

Aunque la cocina fue gran parte de su vida, llegado el momento de elegir una carrera Neira optó por una en escultura y pintura sin saber que algún día usaría ambos conocimientos para crear un negocio exitoso.

Siendo madre soltera e inmigrante, Neira sabía que no sería fácil sacar a su familia adelante. Con la idea en mente de aprender a hacer figuras en chocolate, Neria solicitó empleo en una compañía pequeña con la única fe en que todo saliera bien. En ese entonces no tenía papeles para trabajar ni sabía inglés, pero tomó el riesgo por su familia y en un email describió su situación y también sus talentos a la dueña de la compañía.

“Vi el trabajo online y me atreví a decirle mi situación. Me acuerdo que me sentía mal, tenía miedo porque veía que mis hijos tenían necesidades y yo necesitaba el trabajo,” dijo Neira. “Y yo me decía: ‘Mi talento me debe servir de algo'”.

El correo fue enviado a la 1 de la mañana y a las seis entró una llamada. La dueña le quería ofrecer un empleo pero como lavaplatos, era la única posición disponible, le dijo. Sabiendo que sus talentos serían desperdiciados pero que sus hijos tendrían algo que comer, Neira tomó el empleo.

“Cuando uno tiene necesidad uno se atreve a todas las cosas, más cuando una es madre soltera”, agregó.

Al llegar a su primer turno como lavaplatos, una nueva oportunidad se le presentó a Neira.

“Apenas iba al fregadero a limpiar y (la dueña) me dice: ‘¡No, no, no, deja ahi!'”. Fue entonces que le dijo que su decoradora de pasteles se le acaba de ir. “Me dijo: ‘Me podrias ayudar a decorar pasteles’. No lo podía creer, ¡qué suerte haber llegado a ese lugar!”.

Ese empleo le duró dos años, tiempo en el que Neira aprendió mucho más sobre decoración de pasteles. Cuando la falta de trabajo causó que esa compañía cerrará, Neira encontró otra oportunidad en Tipsy Cakes and More en 2008. En ese tiempo Tipsy Cakes era una de las pastelerías más grandes y respetadas en Chicago y fue donde Neira trabajó para todo tipo de personas y celebridades, entre ellas Lady Gaga.

Pero un accidente causó que Neira perdiera temporalmente su habilidad para cargar pasteles pesados y trabajar con la rapidez que se le pedía en Tipsy Cakes.

Por segunda vez, Neira se encontró con la incertidumbre de cómo poder sacar a su familia adelante. Varias pastelerías la rechazaron, diciendo que su obra de mano costaba mucho o que no podían ofrecerle el tipo de empleo que ella buscaba.

“En ese momento me hubiera conformado con $9 (la hora), que era lo mínimo porque mis hijos necesitaban comer”, contó.

Fue la llamada de una vieja clienta que le dio nuevo sentido a Neira, pues al contar con tanto talento, la clienta no entendía por qué no iniciaba su propio negocio.

Y fue así que comenzó Azúcar Rococó, nombre inspirado por su abuela quien en varias ocasiones durante su niñez le contaba sobre las pequeñas flores de azúcar rococó que eran creadas utilizando glaseado de mantequilla y una mano hábil.

Al principio las órdenes empezaron con un pastel a la semana, pero sus creaciones llamaron rápidamente la atención de más clientes y las órdenes crecieron en cantidad y complejidad.

“Cada semana empezó a caer más y más gente, y así empezó todo”, dijo Neira.

Y es que los pasteles de Neira son en verdad únicos. Cada diseño es hecho completamente a mano y desde cero. Neira se enorgullece al decir que no hay ningún pastel ni ninguna idea a la cual le diga que no, siempre encuentra manera de hacer realidad los sueños de sus clientes.

Ha sido tanto el éxito de Azúcar Rococó que Neira puede proveer para su familia con la venta de sus pasteles que varían en precio desde $60 a $4,000, dependiendo de qué tan personalizados los soliciten. Por ahora renta una cocina, pero espera abrir su propia pastelería el año que viene, algo que aún no lo puede creer al pensar cómo fue que empezó su historia.

“Aveces no nos atrevemos a hacer cosas porque tenemos la inseguridad de que venimos de otro país, que no hablamos inglés o que otra gente se va a burlar porque no sabemos hablar inglés”, dijo Neira. “La necesidad me llevó a esto, pero también las ganas. No hay que ponerse límites porque cuando queremos hacer algo lo logramos”.