No es posible un acto de fotografiar ingenuo o inconcebido, ya que por su misma naturaleza, la fotografía es la manera más promiscua de ver. El fotógrafo y poeta mexicano Diego A. Vignon encuentra en la fotografía analógica de formato medio el amparo y la sentencia de la imagen, a través del encuadre por elección o exclusión, salva y condena efigies en la rigidez de un momento que ya no existe, sus fotografías son fantasmas salidos de las tinieblas de sus pesadillas.
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Su más reciente muestra fotográfica lleva como título “Codeína, fe y genealogía”, cuya narrativa es la contradicción en la que los sueños, tragedias y elementos cotidianos recorren el camino del héroe de las mil caras que postuló Joseph Campbell.
“Codeína, fe y genealogía” fue galardonada con el premio de Producción por la XIX Bienal de Fotografía en el Centro de la Imagen y también fue nominada al premio Marco Pesaresi 2021 en Savignano, Italia.
Susan Sontag escribió en su ensayo ‘Sobre la fotografía’ (1977), que la fotografía no se limita a reproducir lo real, lo recicla. ¿Cuál es tu concepto personal de este arte?
Antes de discutir sobre mi concepto personal de esta disciplina, creo que es necesario aclarar que la fotografía no me interesa como finalidad, lo que me interesa es el uso que le doy a esta técnica para alcanzar el arte. Muchas veces parece que extiendo mi mano para manosear algo imposible o indecible y toco con mis dedos mi propia alma. Claro que si seguimos el discurso del filósofo neo-platónico Pavel Florensky, no hay una realidad interior o profunda que no esté relacionada con una realidad exterior o tangible, de esta forma la fotografía refleja un algo en particular en diferencia a las distintas técnicas artísticas.
¿No hay modo de suprimir la tendencia intrínseca de toda fotografía a dar valor a sus temas?
El más grande error del arte en nuestra época es que este conocimiento abrace claras tendencias pedagógicas. En estas inclinaciones contemporáneas, la imagen siempre tiene que proponer, cuestionar o guiar al espectador hacia un discurso plenamente tangible o literal, con un claro discurso político o ideológico y siempre olvidando que el arte es un camino libre, inspirado en la belleza, la verdad y las profundidades de la vida humana. Si mi tesis es correcta, la imagen es una revelación aterradora, un ángel terrible, porqué siempre se encarga de develar distintas versiones de oscuridad y misterio proyectadas en la simplicidad del papel.

Háblame de la nominación al premio Marco Pesaresi en Savignano, Italia, por tu trabajo compuesto por más de 3,200 negativos de medio formato invertidos.
Desde 2019 comencé a producir mi primera serie fotográfica rodeado de una depresión que no podía superar. A mitad de la producción postulé mi serie a dos premios, uno de ellos fue el premio Marco Pesaresi y el otro la XIX Bienal de Fotografía del Centro de la Imagen, de los que en ambos resulté seleccionado. El Marco Pesaresi es uno de los premios más importantes de fotografía en Italia, conocí a muchos grandes fotógrafos italianos de mi generación que me inspiraron muchísimo, haciéndome feliz la nominación que obtuve para este concurso.
La impresión en platino sobre paladio es una técnica usada en el pasado, por artistas pertenecientes al Movimiento Pictoralista —que consideraban que la fotografía era el medio y el arte en sí misma— por fotógrafos mexicanos como Manuel Álvarez Bravo. ¿Qué bondades le da esta técnica a tu trabajo?
En realidad creo que mi forma de apreciar la fotografía es muy diferente a la de los fotógrafos pictorialistas o a la de Manuel Álvarez Bravo. Como contesté en la primera pregunta, no existe una realidad interior que no esté relacionada con una realidad exterior, a esto podríamos denominarlo como una estética de las contradicciones. La impresión de Platino Paladio es una técnica muy antigua y difícil, es un tipo de impresión en el cual me siento cómodo y dónde soy capaz de crear imágenes visionarias, diabólicas y celestiales a su vez, es decir, que con este medio soy capaz de reflejar mi propia espiritualidad o al menos estar cerca de este reflejo.
La codeína es un medicamento opiáceo que ejerce el efecto antitusivo y analgésico. ¿Cuál es la narrativa detrás de tu ópera prima ‘Codeína, fe y genealogía’, exposición que obtuvo el Premio de Producción de la XIX Bienal de Fotografía del Centro de la Imagen en 2021.
La narrativa detrás de “Codeína, fe y genealogía” es la contradicción, es una serie que sólo tiene sentido en mi cabeza, dónde los sueños, tragedias y elementos cotidianos fungieron como personajes.
¿Cómo fue el proceso de retratar las privacidades ocultas para esta muestra?
Cuándo regresé del Reino Unido en 2019, tenía una urgencia de producir una gran obra artística, casi como un deber o una obligación. Mientras vivía en Londres, sustraje 350 rollos de medio formato en blanco y negro de la tienda de una famosa galería en aquella ciudad. Este fue el material que utilicé durante toda la producción de “Codeína, fe y genealogía”, casi como si me preparara para volver a México a desarrollar algo verdaderamente relevante o quizá fue el último aullido o gesto de mi juventud. De cualquier manera, en realidad la forma de producir esta serie y las intenciones en lo que retrataba cambiaron mucho desde que comencé a producir este trabajo a cuándo lo terminé tres años después. Puedo decir que al principio actuaba de una forma muy intuitiva, retratando a personas cercanas o a elementos específicos sin entender muy bien el porqué, sin embargo al final de la serie me sentía mucho más atraído a mis sueños, visiones y a la urgencia de representar sus metáforas. En un momento me di cuenta que tenía dos tipos de narrativas, una del tipo cotidiano y otra del tipo espiritual y religioso, lo cual intenté empalmar como cuándo despiertas del sueño más bello en mitad del alba y durante el paso del tiempo o el transcurso del día, olvidas lo vívido y sólo cenizas quedan de aquello poco que puedes recordar.
¿Cuáles son esos sueños cercanos al alba y las heridas punzantes en las que tuviste que profundizar para llegar a la condición humana y sus rutas más oscuras?
Me encanta como respondo alguna de tus preguntas en anteriores respuestas. Existen dos tipos de sueños, el sueño de la tarde, rojizo y ambiguo y el sueño cercano al alba, en el cual, el alma se encuentra abandonada en lo invisible, en el azul celeste de la mañana y en el misterio que gobierna su narrativa. Es ligeramente imposible explicar este tema pero creo que las dos herramientas principales para entenderlo deberían ser, la intuición y la priorización de la metáfora, sin estas dos nociones, la visión que intentamos interpretar mientras dormimos no sería más que una imagen confusa y sin sentido. Desde luego que mi interpretación de los sueños no es psicoanalítica ni surrealista, porque lo esencial de los sueños no es el símbolo sino los anhelos que expresan y producen en el transcurso de nuestra vida y no la frustraciones o traumas.
Quizás todo tipo de placer es solamente un sustituto, solía decir William Burroughs. ¿De qué manera se le da tratamiento al placer en esta muestra?
“Codeína, fe y genealogía” es una obra llena de culpa.
¿Además del blanco y negro analógico, con qué otros formatos trabajaste para ‘Codeína, fe y genealogía’?
El único material con el que trabajé fue únicamente película en blanco y negro de medio formato en una cámara Fujifilm de los años ochenta, solamente utilicé un lente de gran amplitud durante toda la producción de la serie.
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¿La fotografía si es directa, debería estar relacionada con la vida contemporánea, con el pulso de hoy día?
La imagen fotográfica debe representar la vida en sí misma ¿pero no es acaso lo contemporáneo simplemente un parpadeo en comparación a las profundidades que nos promete la vida? La fotografía (por ejemplo el fotoperiodismo) siempre está relacionada con los acontecimientos del momento, con lo que ocurre en nuestra época, pero la imagen siempre revela silencio y quietud. Al espectador se le presentan distintos matices, luces y sombras, personajes u objetos que siempre estremecen a la mirada, yo prefiero inspirarme en los grandes maestros de la pintura clásica, ya que sus propuestas imaginativas son indudablemente vigentes, Fray Angélico derramaba lágrimas al terminar cada una de sus obras, a Rafael le fueron reveladas sus madonas, casi como un relato imposible de comprender, el pulso fotográfico de hoy en día (como he dicho anteriormente) pierde todo el potencial que tiene la imagen al estancarse en la literalidad del momento.