
A medida que el número de muertes por sobredosis de opioides sigue aumentando en Estados Unidos, algunos expertos subrayan la urgencia de suministrar el medicamento para el tratamiento de la adicción, la buprenorfina, a los consumidores de drogas lo antes posible en una situación de sobredosis.
La buprenorfina no solo ayuda a las personas con un trastorno por consumo de opiáceos a resistir el ansia y a mantenerse alejadas de las drogas, sino que también protege a los pacientes de la posibilidad, cada vez más probable, de que acaben consumiendo una droga ilícita mezclada con fentanilo y mueran.
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Estudios revelaron que los pacientes con sobredosis tienen al menos una probabilidad de uno entre 10 de morir por una sobredosis posterior en el año siguiente.
Pero ninguna ambulancia llevaba rutinariamente buprenorfina hasta 2019, cuando un grupo de paramédicos en Camden, New Jersey, se convirtió en el primero en recibir formación sobre el medicamento contra la adicción y las ambulancias del estado fueron autorizadas a llevarlo.

Desde entonces, los equipos médicos de emergencia de algunas localidades han iniciado programas similares. Sin embargo, la administración de buprenorfina en el lugar de los hechos no ha logrado despegar a nivel nacional.
Investigadores de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins y de la Facultad de Medicina Cooper de la Universidad de Rowan esperan cambiar esta situación.
Este mes han publicado un estudio que, por primera vez, aporta pruebas de que la administración de buprenorfina en los primeros minutos críticos después de que un paciente con sobredosis se despierte ha dado lugar a un número considerable de pacientes que buscan tratamiento en un plazo de 30 días.
El doctor Gerard Carroll, profesor asociado de medicina de urgencias en la Facultad de Medicina Cooper de Camden y coautor del estudio, dijo que los datos también muestran que el 100 por ciento de los pacientes con sobredosis que aceptaron la medicación oral experimentaron una reducción de los síntomas de abstinencia.
“No estábamos seguros de que fuera así”, dijo Carroll. Dependiendo de la dosis de naloxona, el fármaco para revertir la sobredosis, que recibieron y de su reacción a la misma, dijo, “nos preocupaba que la buprenorfina pudiera empeorar sus síntomas en algunos casos. Eso no ocurrió ni en un solo paciente”.
Sin la buprenorfina, todos los pacientes se sienten abrumados por la repentina aparición del síndrome de abstinencia y les resulta difícil hablar con los paramédicos. Muchos se niegan a ir a un hospital para recibir tratamiento, dijo Carroll.
En 2018, Cooper comenzó a despachar a algunos de sus médicos del departamento de emergencias especializados en adicciones a las llamadas de sobredosis del 911 para que llevaran y administraran buprenorfina a los pacientes que la quisieran. Pudieron adaptar sus procedimientos clínicos a la parte trasera de una ambulancia con limitaciones de tiempo.
Cuando comprobaron que la administración de buprenorfina a los pacientes con sobredosis proporcionaba un rápido alivio de sus síntomas de abstinencia y solo llevaba unos minutos más que una llamada rutinaria por sobredosis, Carroll y su equipo le pidieron al departamento de salud del estado que autorizara a los paramédicos a administrar el fármaco. En junio de 2019, su petición fue concedida.
Ahora, el estudio muestra que la administración de buprenorfina a los pacientes con sobredosis dentro de los 10 minutos posteriores a la reanimación alivia rápidamente los síntomas de abstinencia y da como resultado un aumento de casi seis veces en los pacientes que se presentan para el tratamiento dentro de los 30 días.
Sin embargo, el estudio no descubrió que los supervivientes de sobredosis que tomaron una dosis inicial de buprenorfina en la ambulancia tuvieran menos probabilidades de volver a sufrir una sobredosis en comparación con los pacientes que no recibieron el fármaco contra la adicción.
Esto puede deberse a que muchos de los pacientes que rechazaron el fármaco en la ambulancia optaron por acudir al servicio de urgencias del hospital y recibirlo allí, dijo el coautor Brendan Saloner, profesor asociado de política y gestión de salud en la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins en Baltimore.
Ahora que el experimento de Camden demostró ser exitoso y se expusieron los detalles del programa, dijo Saloner, los grupos de EMS de otras partes del país podrían ser más propensos a adoptar el protocolo para salvar vidas.
“Debería ser un procedimiento estándar en todas partes, pero, lamentablemente, no es probable que eso suceda durante mucho tiempo”, dijo Saloner, dadas las barreras regulatorias existentes en los Estados Unidos, como la supervisión de la buprenorfina por parte de la Administración de Control de Drogas (DEA) y la continua escasez de tratamiento de adicción en la mayoría de las comunidades.
Desde 2019, solo un puñado de otros estados y localidades han desarrollado programas similares, entre ellos el Condado de Contra Costa, en California, Pittsburgh, el condado de Palm Beach, en Florida, y algunas jurisdicciones de Delaware, Maine, Carolina del Norte y Texas.
De acuerdo con los datos más recientes de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), 108,000 estadounidenses murieron por sobredosis en los 12 meses que terminaron en mayo de 2022, la cifra más alta jamás registrada.
Aunque la administración Biden eliminó el año pasado un requisito de formación de ocho horas necesario para que los médicos puedan administrar buprenorfina, el fármaco sigue sin estar disponible en la mayoría de los servicios de urgencias de los hospitales, de acuerdo con Saloner, y, como los servicios de emergencia suelen coordinar sus servicios con los hospitales locales, la mayoría no ofrece el fármaco.
Ofreciendo consuelo
Al otro lado del río Delaware, frente a Filadelfia, Camden tiene una de las tasas más altas de pobreza, consumo de drogas, falta de vivienda y homicidios del país.
Pero también es conocida por sus programas de tratamiento de adicciones de primera clase, incluyendo una clínica ambulatoria en la Escuela de Medicina Cooper, la cual ha estado integrando sus servicios con el departamento de emergencias del hospital desde 2016.
“Justo cuando empezamos a darnos palmaditas en la espalda”, dijo Carroll, “nos dimos cuenta de que más de un tercio de nuestros pacientes con sobredosis no venían al hospital”.
Fue entonces cuando el departamento de emergencias de Cooper decidió enviar médicos capacitados en medicina de adicción a las llamadas de sobredosis.
Aun así, el número de muertes relacionadas con las drogas seguía aumentando en Camden y las sobredosis de opiáceos se convirtieron en la principal razón por la que se llamaba a los paramédicos, dijo Carroll. Antes de que la ciudad empezara a llevar buprenorfina en las ambulancias, dijo, “la fatiga por compasión se estaba imponiendo y los paramédicos sufrían una sensación de impotencia”.
Era habitual que un equipo rescatara al mismo paciente con sobredosis dos o más veces al día y que muchos de los jóvenes consumidores de drogas que repetidamente rescataban acababan muriendo, dijo.
Casi todos los rescates de sobredosis en Camden se producen en las calles, dijo Carroll, ya que pocos consumidores de drogas locales tienen una vivienda permanente y muchos de los pacientes de sobredosis de la ciudad son transeúntes. “Vienen a Camden a comprar drogas y sufren una sobredosis aquí”.
Cuando los pacientes de sobredosis son reanimados, al principio están desorientados. Después de que los paramédicos les expliquen lo que acaba de ocurrir, los pacientes suelen tener una reacción emocional. Luego entran rápidamente en un severo síndrome de abstinencia.
“Algunos se despiertan muy tristes. Algunos se despiertan enfadados”, dijo Eric Tuttle, un veterano paramédico de Camden. “Tienes que estar realmente preparado para ser perceptivo y tratar de reconfortarlos”.
Dado que el fármaco de rescate, la naloxona, bloquea instantáneamente los opiáceos que han suprimido su respiración, los pacientes con sobredosis se ven invadidos rápidamente por graves síntomas de abstinencia, como ansiedad, dolores corporales, sudoración, palpitaciones y náuseas.
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Esto hace que sea casi imposible para un paramédico mantener cualquier tipo de conversación con ellos y mucho menos persuadirlos para que los lleven a un hospital iluminado y ruidoso, en donde es probable que esperen durante horas en una agonizante abstinencia de heroína antes de que se les ofrezca algún alivio.
Carroll dijo que la mayoría de los consumidores de drogas que rescataron ya habían pasado por la rutina del servicio de urgencias y no querían repetirla.
Los pacientes que podían hacerlo tendían a alejarse, dijo Tuttle. “Querían volver a consumir para solucionar el síndrome de abstinencia. No querían tener nada que ver con nosotros. No teníamos nada que ofrecerles”.
Ver a los pacientes con sobredosis entrar en el síndrome de abstinencia y no poder ayudarlos más era frustrante, dijo Tuttle. “Me metí en esta profesión para salvar vidas y hacer que la gente se sienta mejor”.
Una dosis de buprenorfina habría eliminado la mayoría de sus síntomas de abstinencia en 10 minutos, dijo.
Tratamiento de la adicción
Hoy en día, los paramédicos de Camden y de algunos otros lugares del país pueden ofrecer esa dosis a los pacientes con sobredosis y ayudarlos potencialmente a dar pasos hacia el tratamiento.
Algunos pacientes rechazan la oferta de una dosis oral de buprenorfina, también conocida por su nombre comercial Suboxone, y abandonan el lugar por su cuenta o aceptan que se les lleve al servicio de urgencias del hospital para recibir el medicamento. Una vez allí, dijo Tuttle, él y otros paramédicos los acompañan y se aseguran de que se conecten rápidamente con el equipo de medicina de la adicción del hospital.
De acuerdo con Carroll, no todos los paramédicos que recibieron formación sobre la inducción de la buprenorfina estaban dispuestos a añadir otro medicamento y otra serie de protocolos a su rutina diaria.
Tuttle fue una excepción.
Aun así, dijo Tuttle, aprender a administrar buprenorfina tuvo sus retos.
“La parte que más me ponía nervioso era no saber si sería capaz de convencer al paciente de que tomara la medicación; no quería ser la razón por la que no se pusieran en tratamiento. No quería arruinarlo”, dijo.
Los pacientes que Tuttle y otros paramédicos ven a diario no solo luchan contra la adicción. La mayoría también padecen enfermedades mentales no controladas, diabetes, hipertensión, desnutrición y falta de higiene básica.
“Cada paciente y cada encuentro con el paciente es diferente”, dijo Tuttle. “Hay que adaptar realmente la forma de hablar al paciente, leer sus señales no verbales, ser consciente de la rapidez con la que se habla y del volumen. Tienes que dejar claro que te importa y que quieres que se sienta mejor”.
Aun así, esas charlas no siempre funcionan. En el estudio, que analizó los datos de agosto de 2019 a noviembre de 2020, solo uno de cada 12 personas que recibieron naloxona aceptó la buprenorfina después de despertarse.
Datos más recientes muestran que los paramédicos de Camden han administrado el medicamento contra la adicción a 174 pacientes y el 42 por ciento de ellos se ha presentado a una cita en una clínica de adicción, dijo Carroll.
“Puede que no parezca mucho, pero es notable para esta población”, dijo.