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En 2019, Columbus, Ohio, tuvo siete casos reportados de sífilis congénita, o casos en los que un niño recién nacido se infectó durante el embarazo. Dos años después, esa cifra aumentó a 20. Y ¿ahora?

“En lo que va de año, ya vimos 28 casos”, dijo la doctora Mysheika Roberts, comisionada de salud de la ciudad. Uno de los casos de este año, dijo, se saldó con la muerte de un niño.

Los casos de sífilis congénita en Estados Unidos aumentaron nada menos que 184 entre 2017 y 2021, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). Pero ese es sólo un elemento de un aumento explosivo de las infecciones de transmisión sexual, conocidas como ITS (STI), que un experto en el campo describe como una “pandemia fuera de control” que comenzó en la década de 2010 y se sobrecargó durante la pandemia de COVID-19.

Los expertos en salud pública dijeron que el COVID-19 contribuyó al aumento de las infecciones de transmisión sexual al impedir que las personas recibieran atención médica rutinaria, en la que se pueden realizar pruebas de detección de ITS. También desvió a los trabajadores de la salud pública del trabajo de las ITS para centrarse en el COVID-19.

Con el COVID-19 aún latente, un personal de salud pública maltratado y sin fondos suficientes también tiene la tarea de tratar de cambiar el rumbo del creciente número de casos de ITS, que ahora incluye la viruela del mono, la cual también se transmite principalmente por contacto sexual.

“Son cifras impactantes”, dijo David Harvey, director ejecutivo de Coalición Nacional de Directores de ETS (Enfermedades de Transmisión Sexual) (NCSD), que caracterizó la situación como “fuera de control”. (Harvey dijo que, a pesar del nombre de su organización, prefiere el término ITS, por ser menos estigmatizante).

De acuerdo con las cifras preliminares de CDC, el número global de casos de sífilis, que incluye la sífilis congénita y la transmitida por contacto sexual, aumentó casi un 70% entre 2017 y 2021. Aumentó casi un 28 por ciento sólo en 2021, el segundo año de la pandemia de COVID-19.

En 2021, la tasa de sífilis en Estados Unidos alcanzó los 51.5 casos por cada 100,000 personas, la tasa más alta desde 1990 y el mayor número de casos globales (171,074) desde 1951.

El aumento de la sífilis congénita ha sido aún más pronunciado que el de la sífilis transmitida por contacto sexual, 184.5 por ciento en cinco años y 24.1 entre 2020 y 2021. En 2020, el último año del que los CDC disponen de datos, se produjeron 149 mortinatos o muertes infantiles asociadas a la sífilis congénita, más del triple que cuatro años antes.

“Se puede argumentar que cada caso es uno que se puede prevenir”, dijo Leandro Mena, director de la División de Prevención de ETS (DSTDP) de CDC, en una entrevista con Stateline. Representan “un fracaso de nuestro sistema”, dijo. (Cuarenta y dos estados y Washington DC exigen al menos una prueba de detección de la sífilis durante el embarazo, aunque esta solo se hace si la paciente recibe atención prenatal).

Los casos de clamidia y gonorrea también experimentaron aumentos significativos entre 2020 y 2021, aunque no tan pronunciados como los de la sífilis. Al igual que la sífilis, las tasas de infección por clamidia y gonorrea llevan años aumentando, aunque el incremento de la clamidia ha sido más desigual que el de las otras dos.

En total, se informó de que 2.5 millones de personas en Estados Unidos se habían infectado con una de esas tres ITS en 2021. CDC aún no informa de las cifras de VIH en 2021.

Mena dijo que las tasas de ITS han estado aumentando durante una década, una tendencia que él y muchos otros expertos atribuyen a la falta de financiación sostenida de la salud pública, especialmente para combatir las ITS. La financiación federal para las ITS se ha mantenido estable durante casi dos décadas. Si se ajusta a la inflación, eso supone una reducción de 40 fondos en ese tiempo, de acuerdo con un estudio publicado en 2021 por National Academies of Sciences, Engineering and Medicine (NASEM).

Este verano, la organización de Harvey solicitó a CDC 344 millones de dólares de financiación adicional para ayudar a reforzar la capacidad de los departamentos de salud estatales y locales para combatir las ITS con más contrataciones y formación del personal. Solicitó otros 100 millones de dólares para ampliar el acceso a los servicios de salud sexual en las escuelas para reducir las ITS, el VIH y los embarazos de adolescentes.

Los fondos federales suelen ir acompañados de restricciones, lo que priva a los organismos locales de salud pública de una flexibilidad que, de acuerdo con ellos, podría hacerlos más eficaces. Por ejemplo, Roberts, de Columbus, dijo que la financiación de las ITS que recibe su ciudad a través de CDC restringe la cantidad que se puede gastar en pruebas de detección, a pesar de que estas representan la mayor necesidad de su agencia.

“Las limitaciones en la financiación que recibimos, en lo que podemos y no podemos usar la financiación, es realmente una dificultad”, dijo.

Mena dijo que las localidades y los estados pueden tener más flexibilidad a la hora de gastar el dinero federal de la ITS si pueden justificarlo.

Al aprobar el año pasado la Ley del Plan de Rescate Americano, el Congreso aprobó 1,000 millones de dólares en gastos de salud pública durante cinco años para hacer frente a los brotes de enfermedades. Parte de esa financiación se usará en la prevención y el tratamiento de las ITS.

“Eso no resuelve el problema, ni de lejos”, dijo Rebekah Horowitz, analista principal del programa de VIH, ITS y hepatitis viral de National Association of County and City Health Officials (NACCHO). “Es una gran inversión en la intervención de la enfermedad, pero necesitamos servicios en las clínicas de ITS, educación de los proveedores y alcance en las comunidades”.

Los déficits de financiación a lo largo de los años han provocado el cierre de muchas clínicas de ITS gestionadas por el gobierno. Solo eso ha contribuido a impulsar el aumento de las ITS, dijeron los defensores. Las investigaciones sugirieron que muchos pacientes prefieren acudir a estas clínicas para recibir servicios de salud sexual, incluidos los exámenes y el tratamiento de las ITS. Las razones más citadas son la disponibilidad de citas sin cita previa o para el mismo día y el menor costo.

Los funcionarios de salud pública dijeron que un menor número de clínicas se traduce en menos exámenes de ITS, menos tratamiento y más transmisión.

Otros factores también han impulsado el aumento de las tasas de ITS. Mena, de CDC, citó la disminución del uso de preservativos por parte de los hombres homosexuales y los estudiantes de secundaria sexualmente activos. En cambio, los anticonceptivos de larga duración se han convertido en una forma de control de la natalidad cada vez más popular entre las parejas heterosexuales de secundaria, mientras que los hombres homosexuales son menos propensos a usar preservativos porque ahora existen medicamentos antivirales muy eficaces para el VIH.

Harvey, de la coalición de directores de ETS, también señaló el descenso desde la década de 1990 de la educación sobre las ETS dirigida a los jóvenes y a los proveedores de servicios médicos. En ambos casos, dijo, el declive se ha traducido en un menor número de pruebas y, por tanto, en una menor detección.

También dijo que la epidemia de consumo de opioides y metanfetaminas de las dos últimas décadas ha contribuido a impulsar el aumento de las ITS. Las investigaciones han demostrado la relación entre el consumo de drogas y las ITS.

“La metanfetamina y los opioides están en la intersección entre el abuso de sustancias y el comportamiento sexual de riesgo”, dijo Harvey.

Todo eso estaba ocurriendo cuando el COVID-19 llegó en 2020, pero la pandemia por COVID-19 empeoró la situación.

El acceso a la atención médica se redujo drásticamente, especialmente al principio de la pandemia, lo que se tradujo en un número aún menor de pruebas de detección de ITS y menos tratamiento, de acuerdo con las autoridades. En Columbus, dijo Roberts, su personal de divulgación de las ITS no prestó servicios en eventos comunitarios, porque estos fueron cancelados.

Los funcionarios de salud pública también sospechan que, para muchas personas, el COVID-19 reactivó la actividad sexual en un momento en el que otras actividades recreativas estaban excluidas.

“Una de las cosas que se pueden hacer, además de ir a los bares, es tener sexo”, dijo Horowitz.

El COVID-19 también obligó a muchos trabajadores de la salud pública que se habían centrado en la vigilancia y las pruebas de ITS a cambiar su enfoque hacia COVID-19.

“La gente que trabaja en la prevención de las ETS ha tenido que ocuparse del COVID y ahora de la viruela del mono y, en algunos lugares, de la poliomielitis, por lo que se ha reducido el personal y la capacidad de prevención de las ETS”, dijo Kate Heyer, directora principal de enfermedades infecciosas de Association of State and Territorial Health Officials (ASTHO). “Y se trata de una fuerza de trabajo que, para empezar, estaba tensionada”.

Es un patrón familiar que no comenzó con el COVID-19. Al carecer de fondos, las agencias de salud pública a menudo cambian los recursos para enfrentar la crisis del momento.

“Hemos tenido el Zika, el Ébola, el COVID y ahora la viruela del mono. Todas esas cosas dependen de los mismos conjuntos de habilidades en el departamento de salud local como las ITS”, dijo Horowitz. “No tenemos a gente nueva que llegue a la salud pública que pueda ocuparse de las ITS y de todas las demás enfermedades infecciosas emergentes”.

A medida que el COVID-19 vaya disminuyendo, Horowitz espera que el fuerte aumento de las tasas de sífilis disminuya. Pero, ¿decrecimiento? No sin más recursos, dijo.

“Tengo la esperanza de que no se produzcan aumentos como los que hemos visto, pero no preveo que se produzcan reducciones”, dijo. “No a corto plazo”.