Getting your Trinity Audio player ready...

Con la legalización de las apuestas deportivas en línea y al por menor en más de 30 estados, surge el retrato de un nuevo jugador problemático: el estudiante de secundaria.

Aunque la edad legal para apostar oscila entre los 18 y los 21 años, dependiendo del estado, entre el 60 y el 80 por ciento de los estudiantes de secundaria afirman haber jugado por dinero en el último año, de acuerdo con National Council on Problem Gambling (NCPG). El grupo afirma que la pandemia y el fácil acceso a las apuestas en línea han aumentado los riesgos para los jóvenes adultos.

Y entre el cuatro y el seis por ciento de los estudiantes de secundaria se consideran adictos a las apuestas, dijo el grupo.

“Creemos que los riesgos de adicción a las apuestas en general han crecido 30 por ciento de 2018 a 2021, con el riesgo concentrado entre los jóvenes varones de 18 a 24 años que son ludópatas deportivos”, dijo Keith Whyte, director ejecutivo del consejo, en una entrevista. El consejo es un grupo sin ánimo de lucro que aboga por ayudar a los jugadores problemáticos, pero es neutral en cuanto a la legalización de las apuestas.

El porcentaje de estudiantes de secundaria con problemas de apuestas es el doble que el de los adultos, de acuerdo con las investigaciones. Alrededor del cinco por ciento de todos los jóvenes de entre 11 y 17 años cumplen al menos uno de los criterios de tener un problema de apuestas, como el gusto por el subidón que se siente al apostar, escribir pagarés para seguir apostando y querer ganar “el premio mayor” tanto que siguen jugando incluso cuando pierden mucho.

Desde que el Tribunal Supremo de Estados Unidos despejó el camino a las apuestas deportivas legales en 2018, los estados se han apresurado a abrir los grifos de los ingresos fiscales de esta práctica. Treinta estados y el Distrito de Columbia tienen apuestas deportivas legales en vivo, y cinco estados más tienen apuestas deportivas en vivo en camino.

El apoyo a esta práctica ha aumentado: alrededor de dos tercios de los adultos encuestados recientemente aprueban la legalización de las apuestas en los deportes profesionales, en comparación con el 55 por ciento de 2017, de acuerdo con una encuesta de The Washington Post y la Universidad de Maryland (UMD). Sin embargo, aproximadamente el 60 por ciento de los encuestados dijeron que les preocupaba que la creciente disponibilidad de las apuestas deportivas llevara a los niños a apostar.

Pero a medida que las apuestas deportivas se vuelven dominantes —en salas de apuestas presenciales y, a menudo, para cualquier persona con un teléfono móvil—, los servicios estatales de adicción a las apuestas carecen de fondos, dijeron Whyte y los administradores estatales, y su atención se centra en los adultos.

“Los niños que tienen problemas quedan al margen”, dijo Whyte.

Los legisladores estatales y los departamentos de salud reconocen cada vez más que los ludópatas más jóvenes necesitan ayuda, pero esa conciencia aún no se ha materializado en programas de prevención de la ludopatía generalizados para los jóvenes, de acuerdo con Whyte y otros expertos.

“Los niños y los jóvenes son el segmento de jugadores que más rápido crece”, dijo el demócrata Sam Rasoul, de Virginia, quien este año patrocinó la primera ley estatal del país que exige que todas las escuelas públicas le enseñen a los alumnos los riesgos de apostar.

“Algunas familias de Virginia se pusieron en contacto conmigo para decirme: ‘Esto es un problema, ¿qué debemos hacer al respecto?”, dijo en una entrevista.

La ley de Rasoul, que contó con un apoyo casi unánime en la legislatura, le exige al Consejo de Educación del estado que elabore y le distribuya a todas las divisiones escolares material educativo acerca de las apuestas como parte del plan de estudios existente relacionado con el abuso de sustancias. El gobernador republicano Glenn Youngkin firmó la medida en abril.

“Es un problema que hay que abordar”, dijo Rasoul. “Es un gran primer paso para Virginia”.

Brianne Doura-Schawohl, una experta en temas de ludopatía, apoya firmemente la nueva ley de Virginia como un primer paso, pero preguntó: “¿Será suficiente para cambiar el rumbo [de la situación]? No estoy segura”.

“Lo que no estamos teniendo en cuenta”, dijo, “es la normalización de apostar en nuestra cultura, lo rápido que ha sucedido —prácticamente de la noche a la mañana— y cómo afecta a los niños”.

Ni el gobierno federal ni los estados combaten la adicción a las apuestas como lo hacen con el alcohol, las drogas y el tabaco. El juego está regulado por los estados y ninguna agencia federal es responsable de la prevención y el tratamiento de la ludopatía. De acuerdo con el consejo, ninguno de los 7,600 millones de dólares de ingresos anuales por impuestos sobre las apuestas se destina a prevenir o tratar la adicción a apostar.

“La gran mayoría de los niños estadounidenses nunca reciben un mensaje centrado en los peligros de la adicción a las apuestas”, dijo Whyte.

En 2021, el juego comercial pagó 11,690 millones de dólares en impuestos directos sobre el juego a nivel estatal y local, informa American Gaming Association (AGA).

Y sin embargo, los programas de prevención y tratamiento de las apuestas en los estados son un mosaico: los 40 estados que asignaron algún fondo para los servicios de ludopatía en 2016 gastaron un total de 73 millones de dólares, un promedio de 37 centavos per cápita, de acuerdo con National Association of Administrators for Disordered Gambling Services (NAADGS), cuyos miembros distribuyen los fondos.

Desde entonces, otros dos estados han asignado fondos, y se espera que un estudio publicado a finales de julio por la asociación muestre unos centavos más en el gasto per cápita de los 42 estados.

La adicción a las drogas y al alcohol es siete veces más frecuente que la adicción a las apuestas, pero los estados le asignan 318 veces más a los servicios de drogas y alcohol que a los de apuestas, dijo Linda Graves, directora ejecutiva del grupo.

Apostar es cualquier juego o actividad en la que alguien arriesga dinero o algo de valor con la esperanza de ganar dinero, incluyendo tarjetas de rascar, loterías, bingo, juegos de dados y cartas, juegos de casino, algunas apuestas en internet y apuestas deportivas.

“Muchos jóvenes no consideran que el juego sea un problema. No creen que sea un comportamiento de riesgo”, dijo Heather Eshleman, quien, como directora de prevención de Maryland Center of Excellence on Problem Gambling de la Facultad de Medicina de la Universidad de Maryland (UMMC), trabaja con adolescentes en varios entornos comunitarios.

“Dicen que las tiendas no reportan si intentan comprar un billete de lotería. Y nadie habla de ello —ni sus médicos ni sus escuelas—, nunca han escuchado mensajes en esos entornos”, dijo. Pero los adolescentes sí reciben un aluvión de anuncios de apuestas en sus teléfonos, en la televisión y en la radio.

En Maryland, en donde se espera que las apuestas deportivas móviles entren en funcionamiento este otoño, el senador estatal republicano Bryan Simonaire dijo: “Deberíamos informar a los jóvenes de los peligros”.

Simonaire, el líder de la minoría del Senado, ha intentado durante los últimos tres años aprobar un proyecto de ley que autoriza a la Junta de Educación de Maryland a preparar un plan de estudios relacionados con problemas de apuestas que los distritos escolares locales podrían usar, si lo desean, en las escuelas secundarias.

Su primer proyecto de ley en 2020 habría exigido el uso del plan de estudios, pero después de la presión de los grupos de profesores, hizo que la enseñanza fuera opcional. Su proyecto de ley fue aprobado por el Senado antes de que el COVID-19 interrumpiera la sesión. En los dos años siguientes, sin embargo, sus proyectos de ley no han conseguido salir del comité.

“La comunidad educativa presionó para que los casinos tuvieran dinero para la educación y los legisladores presionaron para que apostar fuera una forma de ayudar a la educación”, dijo Simonaire en una entrevista. “La cuestión que planteé es que tienen todo este dinero y ahora tienen la obligación moral de informar y enseñarle a los niños a ver las señales de advertencia”.

Además, el tema le afecta personalmente: “Mi padre acabó sin dinero por culpa de las apuestas”.

Su padre era un millonario que se trasladó a Arizona y volaba a Las Vegas para apostar por diversión, dijo Simonaire, pero, cuando se abrió un casino a cinco millas de su casa, “fue entonces cuando tuvo el problema. Era una persona maravillosa, pero todos tenemos problemas en la vida”.

En Virginia Occidental, el demócrata del estado Sean Hornbuckle, asesor financiero profesional, este año intentó crear un programa piloto de tres años en cinco institutos públicos para enseñar acerca de la ludopatía en una clase de educación financiera. El proyecto de ley murió discretamente en el comité de educación, controlado por los republicanos. Tiene previsto volver a intentarlo, posiblemente con un copatrocinador republicano.

La cantidad de información que reciben los jóvenes en cuanto a las apuestas varía mucho, en parte dependiendo de dónde vivan.

“Empezamos a oír y a ver que el riesgo de los adolescentes con trastornos de apuestas era alto”, dijo Rose Blozinski, directora ejecutiva de Wisconsin Council on Problem Gambling, una organización sin ánimo de lucro afiliada al consejo nacional. “Pensamos que era mejor darles la información cuanto antes”.

Así que, en 2015, el consejo de Wisconsin desarrolló una clase gratuita de prevención de ludopatía de 45 minutos para las escuelas secundarias. El año pasado, el consejo creó una presentación de video similar para la enseñanza virtual. Unos 16,500 estudiantes han visto una o ambas presentaciones.

Desde 2011, North Carolina ofrece el programa Stacked Deck a los estudiantes de unas tres docenas de escuelas medias y secundarias, así como de centros comunitarios. Stacked Deck consta de seis lecciones de 30 a 45 minutos, cada una con una semana de diferencia. Los alumnos aprenden acerca de la historia de las apuestas, la teoría de la probabilidad y otros aspectos de la ludopatía mediante juegos de rol, el diseño de carteles y la producción de videos con mensajes de prevención del juego.

“El problema de la ludopatía no es un tema atractivo. Los profesores tienen que comprometerse”, dijo Amanda Winters, administradora de problemas de juego en el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) de Carolina del Norte.

Los profesores hacen pruebas previas y posteriores y hacen un seguimiento en seis meses. Más del nueve por ciento de los alumnos de secundaria que participaron en 2020 dijeron que su ludopatía les había acarreado graves consecuencias psicológicas, financieras, legales y que había perjudicado su funcionamiento. El seguimiento indicó que la actitud de los estudiantes cambió y que apostaban menos.

“No queremos que apuesten en absoluto, pero les decimos: ‘Si vas a apostar, hazlo con prudencia'”, dijo Winters. “Y que sepan cuándo detenerse”.