Gestionar un salón de clases requiere muchas cosas, entre ellas una voz fuerte que pueda elevarse por encima del parloteo de unos 30 alumnos.
Elizabeth Grillo, profesora de la Universidad de West Chester (WCU), en el Condado Chester, en Pennsylvania, centra sus investigaciones en ayudar a los profesores a ajustar su voz para evitar esfuerzos extra, lo cual no es poco, teniendo en cuenta que los estudios muestran que más de la mitad de los profesores experimentarán problemas de voz durante su carrera.
Grillo, logopeda, es la única profesora de WCU que ha recibido dos subvenciones de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) por su trabajo, por un total de 797,000 dólares. La semana pasada se encontraba entre los más de 30 profesores de WCU cuyo trabajo destacó cuando la universidad de 17,552 estudiantes celebró su nuevo estatus de universidad de Investigación 2 (R2).
Esta designación, otorgada por Carnegie Classification of Institutions of Higher Education el año pasado, significa que la escuela tiene “alta actividad de investigación”. Para calificar, una escuela debe haber otorgado al menos 20 doctorados durante un año académico y haber acumulado al menos 5 millones de dólares en gastos de investigación. WCU, que registró 6.4 millones de dólares en investigación en 2020, es una de las dos únicas universidades del Sistema Estatal de Educación Superior de Pennsylvania (PASSHE) clasificadas como R2. WCU se fundó como escuela de magisterio y, al igual que otras universidades del sistema estatal, es más conocida por su énfasis en la enseñanza.
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Otras universidades R2 de la zona de Philadelphia son Villanova, Lehigh, Rowan, Thomas Jefferson y Rutgers-Camden. (Universidades como Temple [TU], Penn State y la Universidad de Pennsylvania [UPenn] son R1, lo que significa que tienen una “muy alta” actividad de investigación).
La nueva designación de WCU puede ayudar al reclutamiento de profesorado y estudiantes, especialmente de postgrado, a la obtención de becas e incluso a la clasificación, dijeron los responsables de West Chester. Pero la enseñanza sigue siendo la protagonista, dijo Jeffery L. Osgood Jr., vicerrector.
“Aquí nos tomamos en serio la investigación, pero la enseñanza sigue siendo nuestra misión”, dijo. “Ese es el mensaje que no queremos que se pierda como parte de esta celebración”.
Los profesores tienen que impartir cuatro clases de licenciatura o tres de posgrado por semestre, una carga de trabajo aproximadamente dos veces mayor que en una escuela R1. La mayoría de las clases son impartidas por profesores que involucran a los estudiantes en su investigación.
La nueva clasificación fue realmente un buen resultado involuntario, dijo Osgood, impulsado en gran medida por la adición de programas de doctorado en psicología clínica, planificación y administración de políticas educativas, práctica de la enfermería y administración pública.
“West Chester tiene un gran potencial sin explotar y está empezando a darse cuenta de ello”, dijo Brandon Mitchell, profesor asociado de física, quien también será reconocido el viernes.
Grillo, quien instruye a los futuros logopedas, dijo que los estudiantes le ayudan con su investigación, que es realmente lo que hace posible sus estudios.
Consiguió su primera beca de NIH en 2015 y la usó en parte para desarrollar una aplicación integral de evaluación de la voz para teléfonos inteligentes, VoiceEvalU8, que le permite a los profesores grabar sus voces durante varios días en diferentes momentos. Los logopedas pueden entonces escuchar las grabaciones, que recogen “datos acústicos, perceptivos y aerodinámicos” y diagnosticar los problemas.
Según Grillo, los profesores tienen el mayor riesgo de desarrollar problemas de voz, como lesiones en las cuerdas vocales. También son más propensos a reducir sus interacciones debido a los problemas de voz, y alrededor de una quinta parte de los profesores han faltado al trabajo como resultado.
Kate La Spina, de 23 años, quien enseña en séptimo y octavo grado, puede dar fe de ello. A veces su voz está tan cansada y tensa al final del día que no puede hablar con nadie. Y eso que está en el primer año de su carrera docente.
“A veces mis padres me llamaban y yo les decía: ‘¿Mejor podemos mensajearnos?'”, dijo. “De hecho, modificaba mis instrucciones en función de cómo se sintiera mi voz”.
La semana anterior a las vacaciones de primavera se quedó totalmente sin voz, así que se colgó un cartel en el cuello —”laringitis, no puedo hablar”— y usó el traductor de Google para comunicarse con sus alumnos, escribiendo su mensaje y dejando que su tablero inteligente hablara por ella. Hace poco compró un amplificador de voz para aliviar la tensión de su voz.
De acuerdo con ella, el hecho de tener que usar mascarillas a causa de la pandemia también ha dificultado la proyección de la voz. Eso también ha estado en el radar de Grillo. La mejor voz para usar a través de las mascarillas es “el gangueo oral,” dijo Grillo. En pocas palabras, hay diferentes niveles de voz, y el gangueo oral requiere el estrechamiento de las partes en un nivel superior para preservar el llamado sótano en donde vibran las cuerdas vocales. El gangueo oral crea un sonido penetrante y permite una proyección de primera, al tiempo que disminuye la tensión de la voz, dijo.

“Es una forma de proyectar la voz de una manera eficiente y saludable mientras se preserva la vibración de las cuerdas vocales”, dijo.
A veces, “el cinturón” —o gritar— es necesario, pero también hay una manera saludable de hacerlo, dijo.
Grillo ha instruido y supervisado a estudiantes de magisterio en WCU como parte de su investigación. Descubrió que a los que recibieron la formación les fue mejor en cuanto a la voz. Los profesores tienen que dominar el uso de múltiples voces para ser eficaces, dijo. Se necesitan unas tres semanas de formación.
“Necesitan una buena voz para la comunicación uno a uno con los alumnos”, dijo. “También necesitan una voz para hacerse oír por encima del ruido del aula, y necesitan una voz sana para gritar en el patio, en el gimnasio, en la cafetería”.
Y, por último, necesitan una voz para hablar en voz baja y de forma confidencial con los alumnos, de modo que no puedan oírlo otros estudiantes, dijo.
Es fundamental que la voz de los profesores se conserve, y no solo para ellos, dijo Grillo. Las investigaciones han demostrado que el aprendizaje de los alumnos se ve obstaculizado en las aulas en las que los profesores tienen problemas de voz, dijo.
Grillo está desarrollando una segunda aplicación, llamada VoicePractice, a través de otra subvención de NIH que llegó en 2021, que le permitirá a los profesores y a otras personas practicar formas saludables de usar sus voces.
“Tenemos que preparar mejor a nuestra futura generación de profesores para que su voz pueda ser eficaz en el aula”, dijo. “Ese es mi objetivo”.
La redactora Kristen A. Graham colaboró en este artículo
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