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Jakir Waters se dirigía a casa de su madre para cuidar a su hermano de 3 años una mañana a principios de octubre de 2020. Pero antes, el joven de 19 años se detuvo en una calle lateral del sur de Philadelphia para ver a un amigo.

Waters, de 21 años, dijo que estaba estacionado en doble fila y platicando por la ventanilla cuando se dio cuenta de que había un coche detrás de él, con los cristales tintados oscuros que ocultaban quién estaba dentro. Inquieto, Waters se fue. El sedán negro lo siguió, quedándose con él mientras serpenteaba por las calles estrechas.

“No sabía quién era… pensé que era alguien que quería matarme”, dijo. “Están pasando muchas cosas; la gente muere todos los días”.

Waters le dio la vuelta a unas ocho cuadras y luego se dirigió al oeste por Moore Street. Al acercarse a 22 Street, dijo, “miré hacia arriba para ver dónde estaban en mi espejo retrovisor. Y, cuando miré, me pasé un semáforo en rojo y alguien me golpeó”.

Luego del choque, tres hombres salieron del sedán negro, exigiendo saber dónde estaban escondidas las armas y las drogas. Solo entonces, dijo Waters —quien nunca había sido condenado por un delito, pero estaba en libertad bajo fianza por dos casos de armas— comprendió por fin que eran policías.

La policía no encontró ni drogas ni armas.

Waters fue acusado de asalto agravado con vehículo.

El conductor con el que chocó sufrió cuatro costillas rotas y una lesión en la espalda, que requeriría dos días de hospitalización y ocho meses de tratamiento del dolor.

Danielle Outlaw, comisionada de policía de Philadelphia, dijo en una conferencia de prensa el 8 de marzo de 2022 que despediría al oficial que disparó y mató a un niño de 12 años que huía.
Danielle Outlaw, comisionada de policía de Philadelphia, dijo en una conferencia de prensa el 8 de marzo de 2022 que despediría al oficial que disparó y mató a un niño de 12 años que huía.

En cuanto a los policías con ropa de civil que siguieron a Waters —en aparente violación de una directiva departamental de evitar la mayoría de las persecuciones en coche—, continuaron como agentes asignados a la Unidad Especial del Sur, una unidad táctica itinerante que usa las redes sociales y la vigilancia en el lugar para incautar armas ilegales y detener a presuntos delincuentes en el sur de Philadelphia.

Su misión es fundamental para un objetivo primordial de la comisaría de policía de Philadelphia Danielle Outlaw: retirar las armas ilegales de las calles para combatir un aumento sin precedentes de tiroteos y homicidios.

Pero empezó a ser objeto de escrutinio en marzo, cuando un agente de la unidad especial, Edsaul Mendoza, le disparó mortalmente por la espalda a un niño de 12 años, Thomas “TJ” Siderio. Algunos miembros de la comunidad e incluso de las fuerzas de seguridad ahora dicen que había señales de alarma mucho antes de eso. Dicen que los miembros de la unidad especial —quienes vestían pantalones de mezclilla y sudaderas con capucha y conducían coches sin distintivos— se habían ganado la reputación de “vaqueros” o agentes “jump-out” (agentes que salen rápidamente de un auto o algún escondite para interceptar a posibles criminales), creando situaciones inseguras o caóticas para lograr las detenciones.

Cinco personas detenidas por agentes vestidos de civil en los últimos dos años declararon a The Philadelphia Inquirer que, en un principio, creyeron que un asaltante desconocido les había robado el coche o los había acosado. Otros alegaron que los agentes habían incurrido en conductas indebidas, como registros sin orden judicial, abusos físicos y colocación de armas.

Las situaciones peligrosas que la unidad especial ha encontrado incluyen un tiroteo a plena luz del día en 2020 en una calle del sur de Philadelphia, una persecución a pie durante la cual un sospechoso dijo que su arma se descargó a través de su bolsillo, y una parada durante la cual un sospechoso supuestamente le apuntó con un arma al coche sin distintivos de los agentes.

Luego, el 1 de marzo, cuatro miembros de la Unidad Especial se dirigieron a Barry Playground, en el sur de Philadelphia, en busca de un joven de 17 años y otro de 20 que habían sido vistos con armas en las redes sociales. Cuando los agentes llegaron, según la policía, una bala perforó el parabrisas de su Chevrolet Cruze negro sin dinstintivos. Dos agentes se bajaron para perseguir al presunto disparador, TJ, y Mendoza disparó cuatro veces, matándolo. El Inquirer ha informado previamente que el video y el audio muestran que TJ había soltado su arma en el momento en el que le dispararon por la espalda.

Mendoza fue despedido una semana después. “Estaba claro que se había violado la política de uso de la fuerza”, dijo Outlaw, aunque no quiso decir cómo. Los otros agentes presentes cuando se disparó a TJ, Alex Camacho, Robert Cucinelli y Kwaku Sarpong, fueron asignados a servicio de oficina mientras continúa la investigación del tiroteo.

Contactado por teléfono, Sarpong le colgó a un periodista. Los intentos de contactar con otros miembros del grupo de trabajo por teléfono y correo electrónico no tuvieron éxito. El sindicato de agentes se negó a hacer comentarios.

Un portavoz del departamento dijo que comentar acerca del tiroteo, de los agentes implicados, de la Unidad Especial del Sur o incluso de sus políticas respecto a los agentes vestidos de civiles podría “comprometer la integridad” de las investigaciones penales y administrativas en curso.

La escena en el área de las calles 18th y Johnston después de que la policía disparara fatalmente a Thomas “TJ” Siderio, de 12 años, el 1 de marzo de 2022.

Algunos habitantes dicen que esas investigaciones están atrasadas.

“A cualquier persona que conozcas del sur de Philadelphia puedes preguntarle por ese Chevy Cruze negro. Todo el mundo dirá ‘Sí, los conozco. Están locos'”, dijo Damarcus Tucker, quien dijo que al principio pensó que le estaban robando el coche cuando Mendoza y otros agentes de la unidad especial lo detuvieron en febrero. “Son agresivos”.

‘Alguien tiene que… hacer cumplir las leyes sobre armas’

En el momento en el que se le disparó a TJ, la Unidad Especial del Sur ya tenía una reputación entre los círculos policiales de ser un grupo impetuoso y libre, cuyos miembros mostraban una intensa devoción por su trabajo y se encontraban a menudo en situaciones caóticas.

La unidad parece haberse formado en torno a 2019, reuniendo a algunos de los agentes más activos de los tres distritos policiales del sur de Philadelphia en un solo equipo.

Desde enero de 2020, los miembros de la unidad especial llevaron a cabo en promedio alrededor de siete veces más arrestos que resultaron en cargos criminales que el promedio de todos los oficiales de policía de Philadelphia, de acuerdo con un análisis de Inquirer de los registros judiciales.

La idea detrás de estas unidades es la vigilancia proactiva: darle a los agentes cualificados vestidos de civiles tiempo y libertad de acción para llevar a cabo investigaciones para sacar las armas ilegales de las calles y evitar crímenes antes de que se produzcan disparos. Las unidades de patrulla uniformadas, en cambio, son más reactivas y suelen responder a las llamadas de radio o patrullar en zonas designadas.

“La lógica es: alguien tiene que salir y hacer cumplir las leyes sobre armas”, dijo Peter Moskos, criminólogo y profesor de John Jay College of Criminal Justice.

Fue una visión similar la que ayudó a concebir una iteración anterior —la Unidad Especial de Pandillas del Sur—, que formaba parte de la estrategia de intervención contra la violencia armada Focused Deterrence, la cual se puso a prueba en el sur de Philadelphia en 2013.

Ese grupo de trabajo se encargó de recopilar información relacionada con personas etiquetadas como “delincuentes de pandillas”, a menudo usando la vigilancia por medio de las redes sociales.

Sin embargo, algunos criticaron la excesiva dependencia de la interpretación de los medios sociales por parte de los agentes. La base de datos de pandillas “no era tan precisa”, dijo Reuben Jones, quien dirige la organización comunitaria Frontline Dads y fue director de servicios sociales en Focused Deterrence. Llegó a considerar que la iniciativa criminalizaba o incluso acosaba a los hombres afroamericanos de los vecindarios pobres, sin cumplir su promesa de también proporcionarles recursos y apoyos específicos.

Una amiga de la familia coloca una veladora en el memorial a Thomas Siderio Jr., de 12 años, en las calles 18th y Barbara en South Philadelphia el 3 de marzo de 2022. (/The Philadelphia Inquirer/TNS)
Una amiga de la familia coloca una veladora en el memorial a Thomas Siderio Jr., de 12 años, en las calles 18th y Barbara en South Philadelphia el 3 de marzo de 2022. (/The Philadelphia Inquirer/TNS)

La ciudad abandonó Focused Deterrence después de unos pocos años, debido a la rotación de personal, las limitaciones de financiación y los cambios en las corrientes políticas. (Desde entonces, la ciudad ha adoptado una iniciativa para toda la ciudad, Group Violence Intervention, que depende menos de las unidades especiales de la policía).

La actual Unidad Especial del Sur usa algunas de las mismas prácticas policiales, como el intenso seguimiento en las redes sociales, para guiar la vigilancia en el lugar y generar detenciones.

No están equipados con cámaras corporales, un importante mecanismo de supervisión.

La unidad actual ha atraído el escrutinio de abogados defensores como Michael Mellon, de Defender Association of Philadelphia. Considera que el grupo de trabajo es similar a otros “Cinco Escuadrones” de Philadelphia, grupos especializados de agentes “excepcionales” elegidos a mano, dentro de distritos o unidades de la ciudad, que no suelen ser supervisados de cerca.

“Este puesto atrae a los vaqueros. Fomenta el vaquerismo”, dijo, señalando que los Cinco Escuadrones han aparecido en décadas de escándalos policiales. “Se supone que tienen que salir y detener a los tipos con las armas, y hacerlo por cualquier medio necesario”.

Algunos agentes fueron acusados de maltrato físico y de haber fabricado armas antes de ser elevados a la Unidad Especial del Sur.

Sean McKnight fue despedido después de ser acusado penalmente de golpear a un hombre —destrozando su hueso orbital— mientras estaba de servicio en 2013 y de falsificar los cargos para encubrirlo. La ciudad pagó un acuerdo de 200,000 dólares, pero el hombre murió antes del juicio de McKnight en 2016. McKnight fue absuelto y recontratado.

Sarpong, junto con el oficial John Smart, está acusado en una demanda civil pendiente de golpear a un hombre contra el suelo y sostener una macana y una rodilla contra su cuello. El hombre fue acusado en 2018 de resistirse al arresto, pero esos cargos fueron retirados. Los abogados de la ciudad que representan a los oficiales negaron todas las acusaciones de mala conducta.

Otros dos oficiales, Cucinelli y el oficial Robert McMahon, estuvieron involucrados en un tiroteo fatal en 2018 antes de unirse a la unidad especial, al igual que otros dos policías de South Philly. Mataron a Charles Meadows, de 48 años, después de que huyera de un control de bicicletas y luego, según la policía, les disparara siete veces. Cuatro años después, el Departamento de Policía no ha dicho públicamente si el tiroteo estaba justificado, pero Cucinelli y McMahon han permanecido en la unidad.

Tanto aquí como en otras ciudades, estas unidades que usan ropa de civiles han sido propensas al escándalo. Ocho miembros de la ahora famosa Unidad de Rastreo de Armas de Baltimore fueron condenados por crimen organizado y otros cargos. En la ciudad de Nueva York, se desmanteló una unidad anticrimen que usaba ropa de civil por denuncias de tácticas anticonstitucionales, aunque el alcalde Eric Adams la reactivó recientemente.

Hans Menos, vicepresidente de Center for Policing Equity (CPE) y ex jefe de Police Advisory Commission (PAC) de Philadelphia, dijo que estas unidades a menudo carecen de barreras básicas. Y, cuando se plantean problemas, los funcionarios policiales pueden restarles importancia debido a su suposición de que los riesgos son inherentes a la aplicación proactiva de las armas o las drogas.

“Lo esperamos, casi como un subproducto de que nos mantengan a salvo”, dijo Menos.

Situaciones imprevisibles, consecuencias peligrosas

Una directriz de la Policía de Philadelphia advierte de los peligros de la actuación policial de quienes usan ropa de civil: “Los civiles pueden no reconocer inmediatamente a los agentes vestidos de civil, lo que provoca llamadas al 911 o respuestas de comportamiento imprevisibles”.

Los miembros de la Unidad Especial del Sur se han encontrado, efectivamente, con comportamiento imprevisible. En junio de 2020, Mendoza y Camacho detuvieron a un hombre llamado Gihad Topping después de que supuestamente se involucrara en un tiroteo con los agentes vestidos de civil. Ese encuentro diurno se agravó aún más cuando los agentes volvieron a su coche y se encontraron con una persona en su interior, quien entonces golpeó a un agente en la cara. Topping ahora está  a la espera de ser juzgado por cuatro cargos de intento de asesinato de un agente de la ley.

Reuben Jones, director ejecutivo de Frontline Dads, encabeza una manifestación frente al Ayuntamiento en 2021 en protesta por el aumento de la violencia armada.
Reuben Jones, director ejecutivo de Frontline Dads, encabeza una manifestación frente al Ayuntamiento en 2021 en protesta por el aumento de la violencia armada.

En los relatos oficiales de ese tiroteo y del encuentro fatal con TJ, los miembros de la unidad especial dijeron que dieron a conocer sus identidades.

En el tiroteo de 2020, los agentes declararon haber oído a Topping gritar: “¡Policías! ¡Policías! ¡Policías!”.

Y, en el tiroteo de TJ, Outlaw dijo que el departamento tiene evidencia de que los oficiales pusieron sus luces antes de que el niño le disparara a su coche. No dijo cuáles eran las pruebas, y el departamento se ha negado a publicar el video de seguridad del patio de juegos.

La detención de Carl Jarrett en febrero corrió el riesgo de convertirse en una situación igualmente mortal. En una audiencia preliminar celebrada el mes pasado, Camacho y Sarpong declararon que Jarrett, de 18 años, había sacado una pistola y le había apuntado al coche sin distintivos de Camacho.

En una entrevista, Jarrett dijo que iba caminando por la calle cuando, de repente, se detuvieron dos coches sin distintivos y un grupo de hombres salió rápidamente de ellos.

“Me asusté. Me apuntaron con armas. Pensé que eran gente normal” —es decir, civiles—, “hasta que me dijeron que me agachara”, dijo Jarrett, quien está en la cárcel a la espera de un juicio por arma ilegal y agresión, un cargo relacionado con apuntar con un arma a un agente.

Las directrices de la policía de Philadelphia respecto a los agentes vestidos de civiles, que están publicadas en el sitio web del departamento pero están demasiado redactadas, no parecen incluir orientaciones acerca de las detenciones de peatones. La directriz sí aconseja que los coches sin distintivos no deberían hacer paradas de tráfico “de forma rutinaria” y no deberían iniciar una persecución “salvo [en] circunstancias exigentes”.

Jillian Snider, profesora adjunta de John Jay College, directora de políticas de justicia penal en el grupo de reflexión sobre el libre mercado R Street y agente de policía jubilada de Nueva York, quien pasó una década de servicio como agente vestida de civil, dijo que el trabajo asignado a estas unidades es inherentemente arriesgado.

Sin embargo, añadió, los agentes deberían estar muy bien entrenados en la forma de relacionarse con el público para la seguridad de todos, incluidos los agentes.

“Nunca tuve a nadie que dijera: ‘Pensé que esta persona estaba tratando de robarme o de robarme el coche’. Creo que es porque estamos entrenados para identificarnos inmediatamente como policías. Además, llevaba mi chaleco antibalas como prenda más exterior y mi placa al cuello. Mi primera palabra sería ‘¡Policía!'”.

Waters, quien chocó contra otro coche después de que los agentes lo siguieran, dijo que no se le ocurrió que podría ser el objetivo de una persecución por parte de una unidad especial de armas.

En el testimonio de la audiencia preliminar de Waters por el caso de asalto con vehículo, Camacho no mencionó las armas sospechosas. Dijo que estaba patrullando con los oficiales Jonathan Sweeney y McKnight cuando decidieron seguir a Waters y pedir por radio que un coche con distintivos lo detuviera. Dijo que la causa fueron los cristales tintados y el haber estado estacionado en doble fila.

El otro conductor, Matthew Melchiorre, culpa tanto a Waters como a la policía.

“Tengo suerte de que no me mataran”, dijo Melchiorre, de 47 años, quien trabaja como transportista y dijo que las primas de su seguro aumentaron considerablemente. “Todos eran culpables. El chico que lo hizo estaba en dos casos de armas, y los tipos que lo seguían lo seguían a mediodía de un martes. Hay que vigilar cómo se persigue a alguien… Esa fue una situación realmente mala. La ciudad deja mucho que desear”.

Waters, después de 18 meses de cárcel, aceptó declararse culpable en los tres casos. Tiene dos hijas gemelas de un año a las que nunca conoció. Dijo que creía que un acuerdo de culpabilidad le ofrecía el camino más rápido a casa.

Escuadrón jump-out

El jump out como táctica policial existe desde hace décadas.

Moskos, el profesor de John Jay, dijo que los agentes pueden confiar en el elemento sorpresa para reducir la posibilidad de que un sospechoso lance un arma, huya o algo peor.

“No hay que darle al sujeto la oportunidad de que te apunte con el arma”, dijo.

Algunos de los que viven en vecindarios muy vigilados lo ven de otra manera.

“Es un problema del que la comunidad afroamericana se ha quejado durante mucho tiempo”, dijo Reuben Jones, organizador de la comunidad. En su opinión, la combinación de la vigilancia a través de las redes sociales y el jump-out es un nuevo y preocupante giro: la detención y cacheo en la era digital. Si los agentes se encuentran con “alguien de quien sospechan que ha hecho algo o que es buscado por algo, pueden saltar sobre ellos y saltarse la burocracia”.

De acuerdo con Terence Jones, un ex policía de Philadelphia que dirige una organización sin ánimo de lucro dedicada a la rendición de cuentas de la policía, Total Justice, la unidad especial tiene una reputación: “Estos tipos siempre [te interceptan mediante] el jump-out y no se identifican”.

Basil Anderson, de 22 años, describió sus prácticas como “aterrorizar a la gente”.

“Pasan y dicen: ‘¡Agáchate! Las manos en el suelo’. A la gente que va caminando por la calle, le dirán: ‘¡Levántate la camisa! ¿Tienes un arma?”.

En diciembre pasado, salía de una tienda de la esquina cuando Mendoza y otros agentes se enfrentaron a él. Anderson, quien de menor fue declarado delincuente por cargos de robo y posesión de armas, admite haber huido: “Pensé que me iban a disparar”, dijo. Solo recorrió una cuadra.

La documentación de la detención alega que Anderson disparó un arma e intentó patear y desarmar a la policía. Anderson dice que el arma se descargó accidentalmente a través de su bolsillo cuando Mendoza lo abordó. Entonces, dijo, “me patearon. Me dieron puñetazos. Me golpearon la cara contra el suelo… me golpearon en la cabeza con un walkie-talkie”. Su primo, Damarcus Tucker, dijo que vio la golpiza y le gritó a los agentes.

Anderson se enfrenta a cargos de agresión grave, imprudencia temeraria y posesión de un arma ilegal.

Dos meses más tarde, Tucker se encontró con los mismos agentes mientras conducía por el sur de Philadelphia. Un coche le bloqueó el paso cuando intentaba salir de una calle lateral, y un hombre llevó a cabo el tal jump-out con su arma desenfundada, dijo.

Tucker dijo que pensó que se trataba de un robo de coche y huyó a pie. “No quiero que me disparen y me maten por mi coche”, dijo.

A una cuadra de distancia, dijo, los oficiales lo agarraron y comenzaron a golpearlo, lo que cree que fue como represalia por su reacción a la detención de Anderson.

Un vecino, Christopher Haymes, oyó que alguien gritaba “¡Ayúdenme!”, por lo que se asomó a su ventana y vio a un grupo de agentes “golpeando” a Tucker. Dijo que Tucker no se resistía mientras los agentes lo golpeaban repetidamente mientras lo cuestionaban por un arma.

“Estaban tan insistentes tratando de encontrar un arma, la cual no encontraron en ninguna parte de mi cuadra”, dijo Haymes.

Sacar las armas de la calle

La confiscación de armas ha sido una prioridad para Outlaw, que ha tuiteado fotos del contrabando recuperado. Ha hablado a menudo del récord de 6,000 armas recuperadas el año pasado como un paso importante para frenar el aumento sin precedentes de los homicidios y la violencia armada.

Desde ese punto de vista, los agentes de la unidad especial parecieron sobresalir.

Por ejemplo, Mendoza y Camacho fueron elogiados por la cuenta de Twitter del Tercer Distrito en 2019 por “sacar de la calle otra arma peligrosa y (drogas) ilegales”.

Moskos está de acuerdo en que hacer cumplir las leyes de armas es un trabajo crucial. Aun así, dijo, las unidades especiales en contra del crimen deben tener una misión bien articulada y una fuerte supervisión.

“Cuando se juzga la producción por las estadísticas, ya sea por las detenciones, las armas o las drogas, eso empieza a dominar todo”, dijo.

Eso, dijo, es “cuando las cosas van mal”.

Los que se encontraron con el grupo de trabajo describieron el enfoque único en las confiscaciones de armas como algo que tiñe los encuentros.

“Él quería un arma de fuego. Eso es todo lo que quería. No paraba de decir: ‘¿Dónde está el arma? ¿Dónde está el arma?'”, dijo Loren Scott, quien fue detenido por Sarpong y otro agente en mayo de 2021. Dijo que registraron su coche sin una orden judicial. “No paraba de decir: ‘¡No hay armas de fuego!'”. Sí encontraron marihuana y lo arrestaron. El caso fue retirado posteriormente.

Otro hombre, Eric Potter, estaba en casa de su abuela el pasado diciembre cuando Sarpong y otros agentes “derribaron” la puerta principal. De acuerdo con el abogado de Potter, Emmett Madden, los agentes habían visto a Potter en un campo de tiro. En su casa, una semana después, derribaron dos puertas interiores en busca de armas, dijo Madden, sin darle a Potter la oportunidad de desbloquearlas. “No encontraron ningún arma”, añadió. Detuvieron a Potter por haber poseído ilegalmente un arma mientras estaba en el campo de tiro.

En dos casos, los acusados describieron a los agentes que los pusieron bajo arresto y que luego, después de 20 o 30 minutos, les mostraron las armas que supuestamente habían abandonado.

Uno de ellos fue Tucker, quien tiene arrestos anteriores por posesión de armas y una condena por asalto grave, dijo que estaba desarmado cuando el grupo de trabajo lo detuvo. Fue acusado de posesión de armas y pasó casi dos meses en la cárcel antes de que el caso fuera desestimado.

Otro fue Terrell Legett, un joven de 19 años detenido en febrero frente a un centro de recreación de la Police Athletic League (PAL) en Sixth Street y Snyder Avenue.

Se dirigía al interior, de acuerdo con lo que dijo, con la intención de jugar al baloncesto y de consultar al director de PAL para que le diera algún indicio de un trabajo mejor remunerado. Pero un sedán negro se detuvo y unos hombres armados se bajaron gritando, de acuerdo con Legett, “¡Detente o disparo!”.

“No sabía en ese momento si iba a morir o qué iba a pasar”, dijo Legett, quien huyó. Se trataba de una unidad especial que estaba allí para arrestarlo por intimidación de testigos relacionada con publicaciones en Instagram, que incluían una foto de la declaración de un testigo en un caso de homicidio. También alegan que Legett llamó al testigo “rata” en su publicación y que subió una foto de sí mismo fuera de la casa del testigo.

Legett, quien no tenía antecedentes penales, dijo que no se dio cuenta de que las publicaciones que hizo podían constituir un delito. Entonces, mientras estaba sentado en el coche de policía, “[los agentes de la unidad especial] miraron a su alrededor durante un buen rato”, dijo. Volvieron con una pistola.

Dijo que no tenía ni idea de dónde procedía el arma. Pero fue acusado de posesión de armas. Sigue encarcelado con una fianza de 250,000 dólares a la espera de una audiencia preliminar.

Para Menos, ex director de PAC de Philadelphia, los funcionarios de las ciudades de todo el país se apresuran a defender y confiar en unidades como la unidad especial, incluso cuando sus tácticas conducen a escándalos que erosionan la confianza pública.

En su opinión, deberían replantearse su enfoque.

“Tenemos muchos sistemas de castigo y no suficientes sistemas de atención”, dijo Menos. “Nos centramos en eso [la delincuencia] y decimos: vamos a crear una unidad especializada para enfrentar la delincuencia… pero no sistemas de atención para nuestras comunidades, para poder decir: ‘Podemos prevenir estos delitos de una manera diferente'”.