
La salud mental de los adolescentes ya se estaba deteriorando antes de la pandemia por coronavirus. En los dos años transcurridos desde entonces, el aislamiento, el dolor y la ansiedad creados por el cierre de las escuelas, las muertes y la pérdida de ingresos de las familias han provocado un deterioro aún mayor de la salud mental de los niños, según los expertos.
Los estados están respondiendo a la avalancha de dinero federal para la pandemia, unos 190,000 millones de dólares en subvenciones para la educación y la salud durante los próximos cuatro años.
El año pasado, 38 estados promulgaron casi 100 leyes que proporcionan recursos adicionales para apoyar el bienestar mental en las escuelas de educación básica, según la Academia Nacional de Políticas Médicas Estatales (NASHP), un grupo de investigación de políticas con sede en Portland, Maine. Este año, docenas de proyectos de ley adicionales relacionados con salud mental en las escuelas se han convertido en leyes en al menos 22 estados, de acuerdo con el grupo.
“Se trata de un aumento enorme de la actividad legislativa con respecto a todo lo que hemos visto en los últimos años”, dijo Tramaine EL-Amin, responsable de la experiencia del cliente en el Consejo Nacional para el Bienestar Mental, una organización sin ánimo de lucro que representa a los proveedores de salud mental.
“La pandemia puso de relieve la salud mental de nuestros niños”, dijo. “No hay duda de que es algo a lo que tenemos que prestarle atención y que tenemos que actuar con bastante rapidez para que las cosas no empeoren”.
En términos generales, las nuevas leyes estatales pretenden mejorar los recursos de salud mental de las escuelas y crear planes integrales para prevenir los suicidios de adolescentes y promover el bienestar mental de los niños.
Un tema central en muchas de las nuevas leyes inspiradas en la pandemia es la formación en salud mental.
Al menos 16 estados, desde Alaska hasta Massachusetts, además del Distrito de Columbia, ahora le exigen a los profesores de educación primaria y secundaria y a otros miembros del personal escolar que realicen cursos de formación relacionados con cómo reconocer los trastornos mentales de los alumnos y qué hacer cuando los notan.
California, Connecticut, Illinois, Kentucky, Rhode Island, Utah y Washington promulgaron nuevas leyes que le recomiendan a los estudiantes de secundaria hacer cursos de formación en salud mental para que puedan ayudar a sus amigos, familiares y compañeros.
“Los profesores son fundamentales para identificar a los estudiantes que necesitan apoyo en materia de salud mental”, dijo Nancy Lever, codirectora del Centro Nacional de Salud Mental Escolar (NCSMH) de la Facultad de Medicina de la Universidad de Maryland (UMD).
“Pero también tenemos que asegurarnos de que los padres y el resto del personal escolar que interactúa con los estudiantes están formados para reconocer las crisis de salud mental y entender cómo el trauma afecta a la salud mental y al aprendizaje de los niños”, dijo.
Además de las leyes destinadas a la formación del profesorado, los conductores de autobús y el personal de seguridad y de los comedores, los estados también están proporcionando dinero para ayudar a las escuelas a cumplir las tasas recomendadas de profesionales en la salud mental para estudiantes, incluyendo consejeros, psicólogos y trabajadores sociales.
En algunos estados, las nuevas leyes proporcionan dinero para la detección de la salud mental y las herramientas de recopilación de datos, que las escuelas pueden usar para desarrollar estrategias de salud mental a largo plazo y medir su progreso. Otras leyes exigen que los consejos escolares elaboren planes basados en la evidencia para proteger la salud mental de los alumnos de educación básica.
“Este no es un territorio nuevo”, dijo Lever, “pero es un territorio importante que las escuelas necesitan planificar para poder promover el bienestar mental de todos los estudiantes y el personal, y, al mismo tiempo, identificar y atender a los que están en crisis”.
Una de las claves del éxito de las escuelas será la sostenibilidad de los programas, de modo que puedan continuar cuando se acabe la financiación, añadió.
La pandemia por COVID-19 exacerbó una crisis ya creciente en la salud mental de los adolescentes. El año pasado, un grupo de pediatras, psiquiatras infantiles y hospitales de niños declararon un estado de emergencia de la salud mental infantil.
En 2019, una encuesta nacional realizada por la Administración Federal de Servicios de Abuso de Sustancias y Salud Mental (SAMHSA) mostró que el porcentaje de jóvenes de 12 a 17 años que informaron haber experimentado un episodio depresivo mayor en el último año casi se había duplicado en la última década, aumentando del 9 por ciento o 2.2 millones de niños en 2004 al 16 por ciento o 3.8 millones de niños en 2019.
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En 2021, más de una cuarta parte de los padres estadounidenses declararon que su adolescente había acudido a un especialista en salud mental y que el 59 por ciento lo hizo en el último año, según una encuesta publicada el mes pasado por C.S. Mott Children’s Hospital de la Universidad de Michigan (UM).
El suicidio ahora es la segunda causa de muerte entre los niños de 10 a 14 años, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).
En 2020, las visitas a las salas de emergencia por sospecha de intento de suicidio de niñas de 12 a 17 años se dispararon un 51 por ciento comparado con 2019, según datos de CDC.
Este mes, la agencia federal de salud informó que, en la primera mitad de 2021, más de cuatro de cada 10 estudiantes de secundaria encuestados dijeron que tuvieron “sentimientos persistentes de tristeza o desesperanza” el año pasado, que fue uno de aislamiento y cierre de escuelas para la mayoría de los adolescentes.
“Estos datos reflejan un grito de auxilio”, dijo en un comunicado de prensa la doctora Debra Houry, subdirectora principal en funciones de CDC. “La pandemia por COVID-19 ha creado factores de estrés traumáticos que tienen el potencial de erosionar aún más el bienestar mental de los estudiantes. Nuestra investigación muestra que rodear a los jóvenes con el apoyo adecuado puede invertir estas tendencias y ayudar a nuestros jóvenes ahora y en el futuro”.
Pero los expertos en salud mental afirman que las escuelas, que suelen ser el único lugar al que los jóvenes con problemas pueden acudir en busca de ayuda, no están preparadas para abordar la creciente crisis de salud mental de los adolescentes.
Históricamente, la mayoría de los estados no han cumplido las normas mínimas nacionales respecto al número de estudiantes atendidos por profesionales de la salud mental, incluidos psicólogos, consejeros y trabajadores sociales de las escuelas.
Solo Idaho y el Distrito de Columbia cumplen la proporción recomendada de tener a un psicólogo escolar por cada 500 alumnos. Al final de la lista, las escuelas de Georgia emplean solo a un psicólogo por cada 6,390 estudiantes, según el informe America’s School Mental Health Report Card, publicado en febrero por una coalición de organizaciones de salud mental.
Ningún estado cumple la proporción recomendada a nivel nacional de tener a un trabajador social por cada 250 alumnos. El más rezagado, Virginia Occidental, emplea a un trabajador social por cada 15,433 alumnos, y solo New Hampshire y Vermont cumplen la norma de tener a un consejero por cada 250 estudiantes.
El número de escuelas de educación básica que se apuntan a uno de los programas de formación en salud mental más usados, llamado Mental Health First Aid, se disparó un 17.5 por ciento desde finales del año pasado, según el Consejo Nacional para el Bienestar Mental, que administra el curso.
“Todos los estados de este país han adoptado de alguna manera los primeros auxilios para la salud mental de los jóvenes en algunas escuelas”, dijo EL-Amin del consejo. “El aumento de la actividad legislativa de este año está ayudando a correr la voz”.
Desarrollado y probado en Australia, el programa de formación de aproximadamente 32 horas fue adoptado en Estados Unidos en 2008 por el consejo en colaboración con el Departamento de Salud e Higiene Mental de Maryland y el Departamento de Salud Mental de Missouri.
Con 25,000 instructores, el plan de estudios basado en pruebas se ha usado para formar a 2.7 millones de estadounidenses en diversas profesiones. El curso, que se ofrece en línea y en persona, enseña a reconocer los signos de un problema de salud mental o de consumo de sustancias, a responder a alguien en crisis en lugar de apartarse de esa persona y a instar a la persona a hablar con un profesional de la salud mental.
En Estados Unidos, cerca de un millón de personas han completado una versión especializada del curso diseñada para profesores, padres y otras personas que interactúan con adolescentes. Más de la mitad trabajan en escuelas de educación básica.
El curso también se ha adaptado para que los adolescentes puedan ayudarse entre sí, y más de 125,000 estudiantes de 700 escuelas y grupos juveniles lo han completado desde 2020.
Los graduados del curso dicen que son capaces de usar lo que aprendieron para ayudar a alguien en un promedio de tres meses, dijo EL-Amin.
Emma Bap, quien realizó el curso de primeros auxilios el año pasado en Bellows Free Academy High School en St. Albans, Vermont, le dijo al consejo que el programa le dio “más confianza para acercarme a alguien que parece estar luchando y muy posiblemente [para] salvar una vida”.
Los cursos de formación en salud mental suelen ofrecer guiones sobre lo que hay que decirle y lo que no hay que decirle a los adolescentes que pueden estar pensando en acabar con su vida. La formación también hace hincapié en que los adolescentes deben informar a un profesor o a otro adulto ante cualquier preocupación de posible suicidio que puedan tener respecto a un amigo o compañero de clase.
Los programas de formación separados para adultos y jóvenes explican las formas de intervenir en un posible suicidio, subrayando que el suicidio se puede prevenir.
Pero la formación por sí sola no es suficiente para prevenir los suicidios y garantizar que los niños que padecen enfermedades mentales reciban la atención que necesitan, afirma Julie Goldstein Grumet, experta en prevención del suicidio.
“Las escuelas deben crear una cultura segura y abierta en la que los niños sepan que está bien hablar sobre el suicidio y las enfermedades mentales”, dijo Grumet, vicepresidenta de Education Development Center (EDC), un grupo de investigación política con sede en Boston.
También es necesario que desarrollen y mantengan sólidos socios comunitarios en materia de salud mental en los que puedan confiar para ayudar a sus alumnos en riesgo, añadió.
“La formación es estupenda e importante, pero tiene que estar integrada en un enfoque global en el que no se trate de ‘una sola cosa'”, dijo Grumet. “Las escuelas no deberían decir ‘Dimos el entrenamiento’, sino ‘Transformamos toda la cultura en torno a la prevención del suicidio y la salud mental'”.
Cómo obtener ayuda
Si tú o alguien que conoces está luchando con pensamientos de autolesión o suicidio, puedes obtener ayuda llamando a la confidencial Línea Nacional de Prevención del Suicidio al 800-273-TALK.