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Las Hermanas de San Basilio nunca han sacado ni un solo folleto solicitando donaciones para Ucrania.

No era necesario. Las cosas simplemente empezaron a llegar.

Sacos de dormir. Medicamentos. Ropa. Juegos para niños. Calcetines para los soldados. Biberones, toallitas, pañales y cochecitos, andadores y sillas de ruedas, jabón, pasta de dientes y cepillos de dientes, botellas de agua, fideos de ramen, barritas de granola, rollos de fruta y al menos 40 bolsas de aperitivos Pirate Booty.

Y dinero. Más de 100,000 dólares.

La gente sabía que las hermanas ucranianas americanas se las ingeniarían para entregarle los suministros y el dinero desde la casa madre en Jenkintown, Pennsylvania, a las ciudades de Ucrania, y desde allí a las manos de la gente que lo necesita.

Las hermanas Dorothy Ann Busowski (izq.), superiora provincial asistente, y Joann Sosler, superiora provincial, mientras discuten los esfuerzos de Sisters of St. Basil para llevar suministros a Ucrania.
Las hermanas Dorothy Ann Busowski (izq.), superiora provincial asistente, y Joann Sosler, superiora provincial, mientras discuten los esfuerzos de Sisters of St. Basil para llevar suministros a Ucrania.

La semana pasada, un remolque apilado del suelo al techo salió del estacionamiento de Fox Chase Road en dirección al área metropolitana de la ciudad de New York, para trasladar la mercancía a barcos o aviones con destino a Europa del este. El viernes se cargó un segundo camión, mientras que toneladas de donaciones adicionales, empaquetadas y apiladas en torres de diez pies en un auditorio en la planta baja, esperaban su turno para partir.

“Es una época muy ajetreada”, dijo la hermana Dorothy Ann Busowski con una moderada subestimación.

Para las hermanas, el ataque ruso a Ucrania ha convertido la casa madre en un centro de acción, impulsando un nuevo y riguroso deber a una orden que llegó a Philadelphia hace más de un siglo para servir a inmigrantes y huérfanos.

El convento se ha convertido en un punto de partida no solo para los suministros, sino para una monja ucraniana que se dirigió a la zona de guerra la semana pasada, y es un nuevo hogar para una hermana que consiguió escapar del país luego de sobrevivir a un intenso bombardeo ruso.

La hermana Joann Sosler, superiora provincial, examina un remolque de tractor cargado con artículos donados que ayudarán a los ucranianos en Ucrania.
La hermana Joann Sosler, superiora provincial, examina un remolque de tractor cargado con artículos donados que ayudarán a los ucranianos en Ucrania.

“Estaba allí, con 30 hermanas, cuando bombardearon”, dijo la hermana Dia Zagurska, quien soportó los ataques con misiles de largo alcance en Ivano-Frankivsk. “Entendimos que nuestras vidas habían cambiado. No iba a ser lo mismo”.

Muchas de las 30 hermanas de la Orden de San Basilio el Grande tienen 70, 80 y 90 años. Algunas están jubiladas, otras están activas y todas son ucranianas o de origen ucraniano. La mayoría tiene familia en el país y la mayoría habla el idioma, a menudo aprendido en casa como inmigrantes de primera o segunda generación.

Algunos trabajaron enseñando en la cercana Academia de San Basilio, que cerró el año pasado debido a la disminución de las inscripciones y la financiación. Otros enseñaban en escuelas de Chicago, Detroit y Nueva York.

“A veces, puede parecer que la situación en Ucrania está más allá de la esperanza”, dijo la hermana Joann Sosler, la superiora provincial.

Las hermanas Teodora Kopyn (izq.), y Dia Zagurska, de Sisters of St. Basil, en Jenkintown, Pennsylvania. La hermana Kopyn partió hacia Ucrania el miércoles para ayudar a la gente allí.
Las hermanas Teodora Kopyn (izq.), y Dia Zagurska, de Sisters of St. Basil, en Jenkintown, Pennsylvania. La hermana Kopyn partió hacia Ucrania el miércoles para ayudar a la gente allí.

Pero no todo está perdido, insistió, y la prueba de ello es la generosidad de decenas de personas que contribuyen a la supervivencia de Ucrania. Algunos voluntarios trajeron sus propias cajas y cinta adhesiva para ayudar a empaquetar. Las oraciones se envían gratis.

“He compartido con las hermanas de allí [de Ucrania]”, dijo la hermana Sosler. “‘Sepan que la gente de aquí está con vosotros'”.

La mercancía va a las hermanas basilianas de lugares como Polonia, Rumanía y Hungría —la Orden de San Basilio es internacional— y luego a Ucrania. El plan es que alrededor de un tercio vaya a las hermanas de Lviv y otro tercio a las de Ivano-Frankivsk, y que todo se distribuya desde allí a la gente del oeste de Ucrania.

El último tercio, en su mayoría suministros médicos y ropa, se destinará al ejército ucraniano.

“La gente realmente ha abierto sus corazones”, dijo la hermana Teodora Kopyn, quien nació y creció en el oeste de Ucrania y cuyas hermanas, hermano, sobrinas y sobrinos permanecen en el país. “Nuestra gente trata de hacer lo mejor por su vida, por su nación, por su familia. Ahora todos tienen que dejar su casa”.

El miércoles por la noche salió hacia Ucrania, sin estar nerviosa, dijo, pero con ganas de ayudar.

Los conductores que pasan a toda velocidad por los amplios y verdes campos de Fox Chase Road quizá no sepan que están atravesando un enclave ucraniano. Se extiende desde la iglesia católica ucraniana de San Miguel Arcángel hasta Manor College y el convento situado al sureste del campus.

Las hermanas Dorothy Ann Busowski (izquierda) y Joann Sosler en el auditorio de Sisters of St. Basil, que se ha convertido en un área de preparación para las donaciones en espera de envío para ayudar a las personas en Ucrania, el 13 de abril de 2022, en Jenkintown, Pennsylvania.
Las hermanas Dorothy Ann Busowski (izquierda) y Joann Sosler en el auditorio de Sisters of St. Basil, que se ha convertido en un área de preparación para las donaciones en espera de envío para ayudar a las personas en Ucrania, el 13 de abril de 2022, en Jenkintown, Pennsylvania.

La fundación de la Orden local de San Basilio se remonta a más de un siglo, a 1907, cuando el obispo ucraniano Soter Ortynsky fue nombrado obispo para todos los católicos de rito bizantino en América.

Estableció su sede en Philadelphia, en donde encontró que las iglesias estaban deterioradas y los feligreses inmigrantes analfabetos y desesperadamente pobres, según la historia de la orden. Decenas de niños eran huérfanos.

Ante la necesidad de ayuda, el obispo Ortynsky y otros funcionarios de la iglesia organizaron la llegada de un grupo de monjas basilianas del monasterio de Yavoriv. Llegaron hacia 1911, enseñando religión, lengua y cultura, y abrieron un orfanato y una escuela en  Seventh y Parrish Streets en el norte de Philadelphia.

Para obtener apoyo financiero, las monjas abrieron negocios de tejido de alfombras y de imprenta. Algunos de los primeros libros que imprimieron ahora se exponen en la Sala del Legado de la casa madre.

En la década de 1920, la comunidad de inmigrantes crecía, y en 1926 la orden consiguió una propiedad de 130 acres en Fox Chase, en donde una granja existente servía de casa madre y de noviciado.

Las hermanas colocaron la primera piedra de una nueva casa madre en 1930 y un año después abrieron la Academia de San Basilio, un internado para niñas de origen ucraniano. En 1947, las hermanas fundaron Manor College, que se inauguró con un alumnado de 11 jóvenes.

En la actualidad, esta institución privada y católica hace suya su herencia ucraniana y le ofrece titulaciones de dos y cuatro años a 750 estudiantes de todos los credos y orígenes.

El campus se encuentra a poca distancia de la casa madre, adonde siguen llegando donaciones. Una persona fue a comprar a Target y dejó una gran bolsa de suministros roja con blanco, con el recibo de 300 dólares todavía dentro.

Las hermanas dicen que seguirán aceptando, clasificando y enviando bienes y dinero mientras sea necesario, incluso después de la guerra.

“Se necesitarán años para reconstruir, muchos años para sanar y curar los corazones”, dijo la hermana Kopyn. “Deseo y sueño que un día nos despertemos y escuchemos la buena noticia de que todo terminó, y toda la gente pueda estar en paz, y volver a casa y hacer una nueva vida otra vez”.