
Cuando la semana pasada le preguntaron a Mitch McConnell sobre el último llamado del expresidente Donald Trump para sustituirlo como líder republicano, el político de Kentucky sólo ofreció una respuesta de dos palabras escudada con una sonrisa pícara: “Buen intento”.
Aunque algunos lo interpretaron como una respuesta directa a Trump, el director de comunicaciones de McConnell indicó que era más bien su forma de esquivar por completo la pregunta del reportero.
Responder directamente a Trump sería una ruptura muy importante de cómo McConnell ha manejado todo un año los ataques constantes. El líder de la minoría del Senado se ha conformado en gran medida con ignorarlos, permitiendo que la disputa Trump-McConnell sea un intercambio casi unidireccional.
Los asesores de McConnell profesan en repetidas ocasiones que una de las reglas de compromiso del equipo Mitch es evitar engancharse, especialmente cuando se trata de Trump. Si McConnell devolviera el fuego a Trump, garantizaría otra ronda de historias acerca de su relación rota y sólo incitaría a Trump a escalar la pelea.
Esto, por supuesto, colocaría a sus colegas en una posición incómoda y restaría el oxígeno del contraste que quiere McConnell, que es con los demócratas. El gancho que se rechaza es lo que los ayudantes de McConnell ven como una historia favorita de los periodistas de Washington: la violencia entre republicanos y un enfrentamiento directo que involucre a Trump.
McConnell volvió a deslizar el tema esta semana cuando el presentador de radio conservador Guy Benson se lanzó a la pregunta de moda.
“Los republicanos del Senado deciden quién es su líder”, respondió McConnell sin pronunciar nunca el nombre de Trump. “Y si se hace un balance del año, hemos tenido un año maravilloso (…). Nos dirigimos a elecciones intermedias muy importantes el próximo año y, con toda probabilidad, debemos llevarnos la mayoría tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado a favor del Partido Republicano”.
Una encuesta de Morning Consult sobre los acontecimientos noticiosos más populares del año encontró en particular que el llamado de Trump a la destitución de McConnell fue el menos resonante de los 131 temas presentados a los votantes. El 45 por ciento del electorado dijo a la encuestadora que no había escuchado nada al respecto, un dato que podría validar la estrategia de McConnell.
McConnell ha mantenido a su grupo de 50 miembros unido apoyándolo debido al respeto que despierta por cómo ha manejado un Washington controlado por los demócratas.
Pero para lograrlo, ha tenido que emplear una táctica desconocida en el combate político con la figura dominante en la política republicana, y posiblemente estadounidense: Si no puedes vencerlo, ignóralo.
La última andanada de Trump contra McConnell se produjo durante una entrevista en Fox News con Maria Bartiromo en la que llamó a McConnell un “desastre”.
“Los republicanos deben tener un nuevo líder”, soltó Trump.
Esto no es nuevo. Fue solo el golpe más reciente, que culmina el año de lo que ha sido un bombardeo constante desde que McConnell culpó a Trump de los motines del 6 de enero en el Capitolio de Estados Unidos.
La primavera pasada, Trump describió al líder del Partido Republicano en el Senado como “un tonto hijo de puta… un perdedor empedernido” e “inútil para pelear” contra los demócratas.
Antes de eso, pero tras su segundo proceso de destitución, Trump emitió un comunicado en el que arremetió contra McConnell por su “falta de perspicacia política, sabiduría, habilidad y personalidad”.
“Si los senadores republicanos van a seguir con él”, prometió Trump, “no volverán a ganar”.
Esa declaración se pondrá a prueba el próximo noviembre, cuando los republicanos probablemente estén bien posicionados para ganar el único escaño necesario para recapturar la mayoría.
El Partido Republicano va con McConnell, sin evidencia de un contendiente creíble para su regreso al liderazgo de la mayoría, un punto que incluso sus críticos más duros conceden.
“En conversaciones privadas, he escuchado a senadores de todo tipo quejarse de él, pero no lo desafían”, dijo Brent Bozell, fundador y presidente del conservador Media Research Center. “Pero Mitch McConnell sabe jugar muy bien sus cartas… Uno sabe que su carrera está destruida si hace algo y fracasa. Si aspiras al liderazgo de algún comité, puedes olvidarte de ello. Si enfrentas un desafío en las primarias, él tiene la capacidad de financiarlo. Si te atreves a desafiarlo, buscarás tropas detrás de ti, pero no las vas a encontrar”, dijo.
Siguen siendo muchos los críticos conservadores de McConnell, desde Tucker Carlson, de la cadena Fox, hasta el representante de Alabama Mo Brooks, quien actualmente aspira a un escaño en el Senado para sustituir al senador en retiro Richard Shelby.
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Pero la supervivencia de McConnell también se ha visto reforzada por la falta de un oponente que intente movilizarse contra él.
“Hay muchos conservadores que creo que serían muy buenos líderes del GOP en el Senado. Sin ningún orden en particular, Ted Cruz sería bueno, Rand Paul sería bueno, Mike Lee sería bueno, Ron Johnson sería bueno, Josh Hawley”, dijo Brooks, al enlistar nombres de algunos de los miembros más conservadores de la bancada republicana.
Pero ninguno de ellos ha dado señales o ha mostrado interés en enfrentarse a McConnell y, más allá de la retórica grandilocuente, Trump nunca ha orquestado una campaña coordinada para empujar a uno de ellos a que lo intente.
Y hay algunos indicios de que McConnell y Trump podrían estar más alineados sobre los candidatos al Senado de 2022 de lo que se pensaba en un principio.
Un ejemplo es el abrazo de McConnell a la ex estrella de la NFL Herschel Walker en Georgia, que acogerá una de las contiendas más destacadas que decidirán el control del Senado.
“Al final del día, Mitch McConnell quiere tener al menos un senador republicano más que un senador demócrata y probablemente hará lo que sea necesario para conseguir ese empleo dentro de los límites de la ley y las reglas”, dijo el senador republicano Kevin Cramer de Dakota del Norte. “Nunca he conocido a nadie tan bueno en eso como él”.
Y a medida en que se acercan las elecciones intermedias del año próximo, la expectativa es que McConnell hará más para fortalecer la unidad republicana, lo cual significa aún menos posibilidades de que reconozca los dardos envenenados de Trump.
Sin embargo, algunos observadores ven el final del camino para McConnell, especialmente si Trump busca la nominación presidencial del GOP en 2024.
Jim Kessler, del centro de estudios centro-demócrata The Third Way, predijo que Trump inevitablemente haría de la destitución de McConnell una parte central de su regreso en 2024, ya que un enemigo dentro del partido siempre le ha servido para pulir sus credenciales de outsider.
“La última vez fue Jeb Bush y la familia Bush. Esta vez será McConnell. A los candidatos a la presidencia se les preguntará si están de acuerdo con Trump en que McConnell debe irse. Seguramente harán una pausa, parecerán débiles y parecerán políticos temblorosos. Lo mismo ocurrirá con los senadores del GOP en funciones o que se postulen. Temblarán”, predijo Kessler. “McConnell vituperó a Trump después del 6 de enero y en su discurso de absolución del juicio político. Hirió al oso y no estoy seguro de que le quede alguna munición”.