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¿Por qué es válido y necesario que permanezcan los clásicos de la ópera en que algunas de sus protagonistas se enfrentan al drama y sufrimiento?

Ana María Martínez no duda en responder: Para no repetir los errores del pasado.

“Cuando se revisitan los clásicos, se aprende de ellos, de su historia. Son testimonios, sirven para compartir y hablar de esos momentos que han sido de transformación para los seres humanos”, contó en entrevista a TNS.

Esto sale a tema a propósito de la presentación que tendrá la soprano puertorriqueña en Lyric Opera of Chicago con la producción “Madama Butterfly”, de Giacomo Puccini, en la que actuará en las funciones del 6 al 29 de febrero, y del 5 y 8 de marzo.

Basada en parte en el cuento “Madame Butterfly” de John Lutter Long (1898), “Madama Butterfly” se estrenó en 1904 en Argentina; desde entonces ha generado opiniones encontradas: por un lado, se le destaca como la historia de una heroína —Cio Cio San o “Butterfly”— que sacrifica todo por amor, y por otro, dado que su protagonista es una geisha, se le señala como ser un proyecto que plasma estereotipos étnicos y presenta a la mujer como un objeto.

Para Martínez, que la interpretó por primera vez en 2010 en la Ópera de Houston —en la misma producción que ahora se presenta en Chicago— y que lo mismo ha interpretado a los personajes más dramáticos de la ópera hasta los más independientes como una Doña Elvira en “Don Giovanni” o la misma “Carmen”, es muy importante no perder perspectiva.

Pide apreciarla como la historia de un personaje noble, llena de amor, sacrificio, que transmite a través de la letra, de la escenografía.

Basada en parte en el cuento “Madame Butterfly” de John Lutter Long (1898), “Madama Butterfly” se estrenó en 1904 en Argentina.

“Ahora se habla de ‘Butterfly’ desde la perspectiva actual de nuestra cultura, no de los tiempos en los que se escribió en la que era totalmente distinta. Las opciones eran distintas antes, y ella —Butterfly— en su tiempo y en su mundo, elige hacer lo que es más elegante y noble”, recalcó la soprano.

Y hay algo que enfatiza: “No es víctima, jamás se lamenta. Quien se lamenta pierde el heroísmo. Ella es una heroína porque su sacrificio lo hace por amor, por decisión. Hay que abrir la mente, dejar el ansia. No pasa nada. Hay que respetar y no tratar de borrar, omitir o cambiar la historia, eso sí sería una falta de respeto, omitir que situaciones como esas, pasaron”.

Esto a Martínez le parece un ejercicio de reflexión para analizar y ver los cambios que se han suscitado en materia de cultura, apropiación y género. “Ya sea esta ópera u otra, pero nos han llevado a donde estamos ahora. Eso es importante explorarlo”.

El valor más grande que recalca siempre de su arte y de la ópera como un espectáculo completo, es que sus voces no son amplificadas, no hay efectos, ni tecnología.

“Es a puro pulmón y eso nos recuerda lo que somos capaces de hacer sin tecnología, es el único género que reúne todas las artes. Nuestra labor es parar el tiempo y brindar la experiencia de lo que es capaz de hacer el ser humano”, agregó.

¿Cómo sería una heroína actual?

En la ópera, en su arte, sí es necesario que surja una heroína actual.

“Sería alguien que ha ayudado a abrir puertas, que se ha sacrificado y sufrido por sus creencias, una heroína que traiga la luz temas para salvar a la humanidad y su futuro. Tengo fe en que algún compositor moderno ya esté en ello”.