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Media docena de sacerdotes de Chicago embarcaron en un viaje a la frontera sur para observar cómo la iglesia católica está ayudando a inmigrantes y solicitantes de asilo en el lado estadounidense y en el lado mexicano.

El miércoles los sacerdotes llegaron a un centro de descanso para inmigrantes en McAllen, Texas. La hermana Norma Pimentel lo fundó para recibir a migrantes en proceso de asilo, les proporciona alimentos y ropa. El centro Humanitarian Respite Center los conecta con sus familiares en territorio estadounidense y les ofrece un lugar donde quedarse mientras sus casos pasan por las cortes de inmigración.

Por medio de la agencia Extensiones Católicas, la iglesia trabaja en la frontera y en lugares rurales donde hay poca población. Actualmente tienen instalaciones en 32 estados.

Todos los días llegan autobuses hasta Humanitarian Respite Center, con unas 150 personas que huyeron de Honduras, El Salvador o Guatemala, y que han sido procesados por inmigración. La gran mayoría tiene familiares en el país, y a menudo salen del centro esa misma tarde para ir a encontrarse con ellos.

“Conocí a una persona que estaba buscando a alguien en Filadelfia, otro que está buscando un familiar en Carolina del Norte, otros que van a Maryland, otros a Miami, y a Nueva York. Llegan aquí y los reciben con un aplauso de bienvenida y les dan una orientación de lo que les espera. Finalmente toman un Greyhound hacia su destino”, patrocinado por el centro, contó el Padre Gary Graf, de la iglesia San José Sánchez del Río, en Chicago.

El albergue acepta aquellos que fueron inicialmente aprobados por el proceso de asilo. Para muchos, la gente del centro son su primer contacto después de quedar en libertad del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE). Graf lo describe “como un santuario” para ellos.

El padre Gary Graf carga a un niño migrante.
El padre Gary Graf carga a un niño migrante.

El sacerdote de Chicago pasó tiempo consolando a una madre y a su hijo pequeño que viajó desde El Salvador y fue separada de su esposo.

“Su esposo estaba en peligro de muerte. Las pandillas lo sobornaron por un negocio que tenían, y cuando ellos ya no pudieron pagar, le dispararon en la cara y en la rodilla. Dejaron una niña de 9 años con su abuela, y con su hijo de 4, cruzaron; pero los separaron acá”, contó el sacerdote. “Él está en Tacoma, Washington y ella y el niño están aquí. Es posible que a él no le den asilo y lo regresen a El Salvador, pero él quiere que ella y su hijo se queden. La situación es tan grave”, agregó.

Los sacerdotes de Chicago analizarán la crisis en Estados Unidos, y continuarán su viaje en el lado mexicano, con el apoyo de los obispos de Brownsville y Matamoros, Daniel Flores y Eugenio Lira.

En autobús van a ir a visitar un albergue y un centro médico para migrantes en Reynosa, Tamaulipas, México, antes de regresar a Texas y luego a Chicago.

“Muchos migrantes no llegan, como piensa la gente, a vivir mejor. Es cosa de vida o muerte, para sobrevivir”, dice Graf.

Según Extensiones Católicas, las diócesis fronterizas son las más pobres de la nación y también las más densamente católicas del país, y son verdaderamente “la nueva Ellis Island” de los inmigrantes y refugiados de hoy.