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player ready...CHICAGO- Al grito de “no es mi presidente” y armados con pancartas, velas y canciones, decenas de miles de personas volvieron a tomar las calles de las principales ciudades de Estados Unidos, por cuarto día consecutivo para mostrar su rechazo al triunfo electoral del republicano Donald Trump.
Pero, tras las protestas y manifestaciones hay que buscar otras formas de resistencia sugirió Carlos Arango, activista pro inmigrante de Chicago, quien el miércoles, junto con organizaciones locales hará “un llamado a la unidad y resistencia contra el racismo y por los derechos civiles, humanos y democráticos”.
“El voto popular no fue respetado”, dijo Arago al referirse a la elección de Trump por el sistema de Colegio Electoral. “Es claro que la gente votó por (la demócrata Hillary) Clinton, agregó.
Para Arango el problema inmediato es el temor que se está sembrando en la comunidad inmigrante, “(Trump) nos ha dicho que empezará por deportar o encarcelar a 3 millones recién asuma la presidencia. Con ese tipo de declaraciones y sus mensajes anteriores hay mucha zozobra, mucha inquietud”, agregó.
Sin embargo, el domingo, el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Paul Ryan, aseguró que Trump, no planea crear una “fuerza de deportación” para expulsar a los indocumentados, como prometió durante la campaña electoral.
“Estamos enfocados en asegurar la frontera, pensamos que lo primero y lo más importante antes de entrar en cualquier otro tema de inmigración es asegurar la frontera, saber quién entra y sale del país”, detalló Ryan.
El mismo domingo, el propio Trump aseguró que deportará a los inmigrantes que tienen “antecedentes penales”, una decisión que podrían afectar a entre dos y tres millones de personas.
Transformar el temor en acciones
“Hay que transformar el temor en acciones, organizarnos a nivel local. Tenemos que hacerlo porque a nivel nacional el desastre es mayor. Se perdio la Corte Suprema, el Senado, la Cámara de Representantes. (La administración de) Trump la dirigirá la línea más dura”, mencionó el activista respecto a los asesores y colaboradores con los que cuenta y con los que estaría reclutando Trump a su gabinete.
‘Tenemos que prepararnos para lo peor”, consideró Arango. “Se debe generar una especie de resistencia legal, porque (legislaciones y autoridades) van a ir a las comunidades a tratar de golpearla y destruirlas”.
Arango considera que los dreamers son un grupo muy vulnerable, “tienen sus nombre, números de Seguro Social y sus huellas. Cuando se les venza DACA seguramente simplemente no se les renovará. Hay que buscar estrategias para ayudarlos”, mencionó.
Y seguramente, dijo Arango, Trump negociará con Enrique Peña Nieto, presidente de México, “algún tipo de programa para traer trabajadores migrantes, al estilo braceros, mientras los que ya están aquí serán deportados”.
La tarea es la lucha política, jurídica y crear una coalición, traer a la lucha a todo mundo, es lo que promueve el activista.
“Van con todo contra las ciudades santuario. El gobierno federal obligará a regresar al programa de Comunidades Seguras, para que las policías entreguen a indocumentados o les quitarán los fondos” auguró Arango.
‘Not my president’
Frente a la Casa Blanca, el sábado, una multitud se congregó en silencio y con velas, mientras algunos manifestantes se agarraban de las manos, sostenían pancartas con mensajes como “construyamos puentes no muros” o cantaban “Imagine” de John Lennon, himno pacifista mundial.
Entre ellos había hispanos, estudiantes, trabajadores de organizaciones no gubernamentales y personas que se identificaron como parte de la comunidad de lesbianas, gais, transexuales y bisexuales (LGTB).
La estampa se repitió en los parques, calles y plazas de una treintena de ciudades de Estados Unidos por cuarta noche consecutiva dentro de un movimiento de indignación bautizado como “Not my president”.
Para el 20 de enero, día en el que asumirá el poder Trump, los activistas han convocado una gran protesta frente al Congreso.
La mayoría de las manifestaciones se desarrollaron de manera pacífica, aunque en algunas ciudades hubo detenciones.
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Este tipo de manifestaciones contra la elección de un presidente no tienen precedente en la historia reciente de EEUU y hay que remontarse a la elección de Abraham Lincoln en 1860 para encontrar un descontento popular tan generalizado, según expertos como el profesor de la Universidad de Rice en Houston, Douglas G. Brinkley.
La elección de Lincoln como presidente generó un gran descontento entre los estados del sur del país, favorables a la esclavitud, e hizo estallar una guerra civil.
-Con información de EFE