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Primera de una serie de cuatro partes

CHICAGO – Rosalba Barrera contó que “la decisión más fuerte” que ha tomado como madre es dejar que su hijo Cutberto “Berto” Aguayo saliera de su casa una noche de agosto de 2012 para recibir una golpiza. Ese fue el costo para que Berto pudiera abandonar la pandilla.

“Lo que pasaba por mi mente era que (Berto) no iba a regresar o que si lo hacía, sabe Dios como iba a regresar. Esa es la realidad. Tu no sabes cómo es que tu hijo va a regresar cuando se lo llevan a eso, un mal golpe, ahí puede caer tu hijo, paralítico”, recordó Barrera.

“El día que se salió vinieron muchísimos muchachos, llegó uno que me dijo ‘señora déjelo ir, a su hijo no lo conoce todo mundo, él puede salir. Yo quise salirme, pero no pude porque me salgo de la pandilla, pero los demás me conocen. Tengo la protección de ellos para sobrevivir. Déjelo ir'”, recordó Barrera, de 38 años.

“Fue una decisión durísima. Pienso que la decisión más fuerte de una madre es eso. Yo había escuchado que los golpeaban para irse y para entrar, pero nunca pensé que me iba a tocar a mí. Siempre pensamos que no nos va a tocar, pero hay que estar preparados porque tenemos hijos”, dijo Barrera.

Berto, como es mejor conocido, de 21 años, se graduó recientemente de la Universidad Dominican con varios títulos y acaba de regresar de un programa de varias semanas en la Universidad de la Habana.

Barrera contó que hizo lo que fue necesario para sacar a su hijo de la pandilla. A otras madres les tocó salir a buscar a sus hijos en la noche, en las calles, o mantenerlos encerrados en la casa para mantenerlos a salvo, aunque a veces no es posible.

Algunas lo logran, otras no, pero no se rinden; hay madres que siguen su lucha y lo llevan a las escuelas o a las calles para evitar que otras madres pierdan a sus hijos por la violencia de las calles.

Madres por la paz

María Sánchez es una de esas madres.

Sánchez perdió a sus hijo Héctor Chávez, de 19 años, hace 15 años en las calles del barrio de Las Empacadoras.

Sánchez mencionó que su hijo, quien era miembro de una pandilla, fue asesinado frente a su casa, al parecer en venganza por la muerte de un pandillero rival.

Perder a su hijo, dijo, la motivó “a ayudar a los jóvenes que andan en pandillas y están en las calles, que no encuentran un cariño o consuelo verdadero porque en las casas, algunas veces, los papás trabajan o están separados, y ellos (los jóvenes) necesitan amor. Salen a las calles y las pandillas les dan un amor falso”, dijo Sánchez, quien forma parte del grupo Madres por la Paz.

“Eso es lo que a mi me motivo porque ahí en donde vivo tengo más de 26 años, y he convivido con esa violencia”, dijo Sánchez, quien recordó que su hijo era muy apegado a ella y tenían buena comunicación cuando era más joven.

Aunque no culpa a su esposo, si dijo que el alcoholismo del padre lo habría afectado.

“Sospeché que andaba en una pandilla después que fue golpeado y escuché que uno de los pandilleros le dijeron ‘ya eres’, y yo le pregunté a mi hijo ¿qué eres”. Él dijo respondió ‘nada’, ya de ahí seguido iban a buscarlo”, recordó Sánchez.

“Desde entonces yo no lo dejaba sólo, siempre andaba detrás de él. No lo dejaba estar mucho tiempo en la calle, sólo lo necesario. Hablé con uno y con otro (en la pandilla) hasta que llegué a la cabeza para decirles que no lo quería en la pandillas y lo único que me dijeron fue ‘manténlo en la casa’. Es lo único que lo va a mantener (alejado de la pandilla)”, dijo Sánchez, quien agregó que su hijo estuvo en la cárcel muchas veces.

Pese a sus esfuerzos, sus temores se convirtieron en realidad una noche de septiembre de 2001.

Sánchez recordó que estaba en su domicilio y su hijo “salió por un momento y al cruzar la calle le dispararon y lo mataron”.

Según reportes, el joven se había graduado de la secundaria y estaba a días de iniciar su educación superior cuando fue muerto a tiros.

Sánchez recordó que salió y tuvo la fuerza para levantar a su hijo y ponerlo en sus brazos.

La madre dijo que 15 años después de la muerte de su hijo Héctor, la vida para ella y su familia, “ha sido difícil y más por que era el más joven de los hombres, ha sido muy difícil tanto para mi como para la familia”.

“Ya nada es igual, sobre todo con mis nietas, las sobrinas de Héctor quienes eran pequeñas, cuando lo mataron, pero lo recuerdan”, dijo Sánchez.

Día de las madres sin una hija

En Pilsen, la familia Mateo también recuerda a su hija Ana Leyda, de 7 años, quien fue muerta a tiros cuando jugaba frente a su casa durante una balacera entre pandilleros en agosto de 2003.

“Estamos saliendo adelante gracias a Dios, tenemos que hacer lo que tenemos que hacer, tenemos cuatro hijos más. Ellos nos necesitan, ya están grandes. Una de ellas ya se graduó de la universidad, otra sigue estudiando y trabajando”, dijo Mateo.

“Pero, el vacío que Ana dejó siempre va a quedar ahí. Es triste recordarla en su cumpleaños, en el aniversario (de su muerte); por ejemplo, quisiera que mis cinco hijos me dieran un feliz Día de las Madres. Pero, desgraciadamente, no voy a volver a escuchar su voz”, dijo Mateo sollozando.

La pérdida le dio a Mateo la fuerza para compartir la historia de su hija menor en las escuelas de esa comunidad.

“Los maestros y personal de las escuelas nos invitan a hablar con los jóvenes, con los padres, porque con nuestros testimonios tenemos fe que los padres van a concienciarse, van a poner más atención a sus hijos, y los jóvenes van a pensar dos veces en hacer lo que hizo este muchacho (quien mató a su hija Ana)”, dijo Mateo.

La madre indicó que las pláticas rinden frutos, “he escuchado por terceras personas que algunos (jovencitos) han decidido dejar las pandillas, han decidido cambiar. Entonces no estamos haciendo algo sin beneficio. Estamos haciendo algo; yo voy a seguir luchando por la paz, hasta que pueda, porque no quiero que la muerte de mi hija sea en vano. Que salga algo bueno de esta tragedia”, dijo Mateo durante una celebración del Día de la Madre en la iglesia San Pablo de Pilsen.

Mateo indicó que luego del asesinato de su hija, los pandilleros intentaron reclutar a su hijo.

Mateo señaló que para evitarlo, siguió a su hijo, y evitó que usará ropa o calzado de cierta marca o color, al indicar que llegó hasta la escuela para que se quitará los tenis, lo sacó de la clase y lo amenazó que si no se quitaba los tenis, ella entraría al salón a quitárselos delante de sus compañeros.

Ángeles en la esquina

Doris Hernández, es otra madre, quien luego del asesinato de su hijo Freddy Cervantes, en noviembre de 2012, ayudó a lanzar el grupo Padres Angeles en la parroquia St. Agnes, en el barrio de La Villita.

“yo dije que sería bueno que hubiera un grupo que enseñara a las madres como tienen que hacer con sus hijos. El amor en la casa es el arma que tenemos para combatir la violencia. Si llenamos el corazón de los niños con cosas positivas y buenas, eso los va a hacer fuertes en el momento que tengan que tomar una decisión difícil en sus vidas. Fue así como surgió Padres Angeles, creyendo en el amor de la familia como base fundamental”, dijo Hernández.

Hernández dijo que aunque no sabe quien mató a su hijo, ella no necesita saberlo y ha perdonado a su asesino.

Según reportes, Freddy era miembro de una pandilla del barrio y recibió una paliza para salir de ella.

Hernández dijo que su hijo le dijo que lo hizo por ella, y lo sacó de la escuela. Su hijo pasó tres años recibiendo en clases de GED, y prácticamente secuestrado en casa.

Sin embargo, el joven recayó y fue detenido por la Policía con un auto robado en el Halloween del 2012.

Hernández indicó que confrontó a su hijo sobre su recaída, pero días después este fue muerto a tiros.

Hernández dijo que ahora sale a la calle a donde están los jóvenes “cuidando la esquina” para pedirles que se vayan a su casa, lejos del peligro.

En el barrio de las Empacadoras, Sánchez también sale a las calles a hablar con los pandilleros.

“Tenemos el grupo Madres por la Paz, fundado por el señor Oscar Contreras, y hacemos cenas en Thanksgiving y Navidad con tres diferentes pandillas. Ahí cuentan la historia de su vida, que ya se quieren salir, que no pueden y nosotros hablamos con ellos. Si no tienen con quien hablar se desahogan con nosotros”, dijo Sánchez.

La violencia no para

Y aunque el trabajo de las madres contra la violencia continúa en la calle, los homicidios y tiroteos no paran y tan sólo el fin de semana del Día de la Madre, se reportó el mayor número de balaceras desde septiembre pasado con ocho muertos y más de 40 heridos de bala.

Sánchez cree que la violencia sigue, “porque en la familia no hay entendimiento, no hay comunicación, porque los padres trabajan y se descuidan de los hijos. Todo eso trae la violencia. Si hay policías, pero no suficientes para cuidar de manera regular”, dijo.

Sánchez también cree que la disponibilidad de las armas es otro factor que contribuye al aumento de la violencia, “que controlen las armas, porque hay jóvenes que traen armas más poderosas que la Policía”.

Para Barrera, el aumento de la violencia resulta porque “estamos dejando que nuestros hijos estén en la calle. Es un conjunto de cosas que pasan, no son sólo los padres, son las escuelas, la comunidad. Ven que golpean a alguien, y en lugar de hacer algo dicen ‘no es mi hijo’. No (debe ser así). La comunidad tiene que apoyarse”, dijo.

Mateo compartió esa opinión e indicó que “el consejo más grande que le doy a los padres es que cuiden a sus hijos, que hablen con ellos. Cuando los muchachos lleguen a la casa y digan que tienen algún problema, (escúchenlos)”.

“A los jóvenes les pidió que si no tienen confianza con los papás, hablen con un maestro, un tío o tía, vayan a la iglesia, que valoren la vida, la vida es muy bonita. No la echen a perder, terminando en la cárcel”, reiteró Mateo.

Barrera también señaló que se necesitan “más programas para los estudiantes, para los muchachos que salen en las vacaciones, que estén ocupados”.

– La reportera Laura Rodríguez colaboró en este reportaje