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Por Adriana Cargill/Red Eye

CHICAGO – Mike Almore observa cómo varios jóvenes lanzan una pelota desgastada de fútbol de un lado para otro en el Cementerio Queen of Heaven, a las afueras de Chicago. Hace calor para ser una mañana de primavera cuando una brisa fresca llegó con un toque de lluvia.

Almore mira a Jaime, un adolescente del cual él es mentor, quien se une a un grupo alrededor de una de muchas tumbas. Almore camina y se encuentra a Danny, el amigo de Jaime, quien mira la tumba.

La tumba pertenece a su padre, quien murió de una sobredosis el 29 de diciembre de 2011, cuando Danny tenía 13 años. Eso ocurrió hace ya casi cuatro años y Danny no había vuelto al cementerio desde entonces.

Danny y Jaime son parte del programa de ‘Urban Warriors’ (Guerreros Urbanos), que forma parte de un programa de YMCA para la Seguridad Juvenil y la Prevención de Violencia (YSVP).

Los Urban Warriors une a veteranos que sirvieron después de los atentados terroristas del 9/11 con jóvenes de 13 a 18 años, quienes estuvieron expuestos a la violencia comunitaria.

Parte de uno de los programas de YSVP es prevenir que los jóvenes se unan a pandillas o tengan comportamientos agresivos.

El programa está en marcha desde hace 10 años, pero desde que Eddie Bocanegra se convirtió en codirector ejecutivo en 2013, YSVP cambió el enfoque para la reducción de la violencia.

Mientras la violencia está asociada a menudo con la violencia pandillera, el YSVP cree que la violencia comunitaria puede ser tan dañina como las pandillas. Incluye el abuso sexual y doméstico, el

bullying

, las balaceras en lugares público o cualquier situación que pueda provocar condiciones parecidas a una guerra y provoque traumas psicológicos.

Este no es un trabajo para un corazón débil. Los jóvenes continúan el juego de fútbol en el cementerio como si estuvieran en un parque. Y quizás eso es porque en sus vidas están más cerca de ese lugar de lo que quieran admitir.

Muchos de los jóvenes en el YSVP conocen a algún amigo cercano o un miembro de la familia quien se encuentra en ese cementerio.

En una ciudad plagada de violencia, el verano trae un incremento en el número de balaceras -más de 300 en julio-, según el diario baiduhai.

Aproximadamente un 45 por ciento de los homicidios en Chicago están relacionados con altercados entre pandillas o drogas, según reportes del University of Chicago Crime Lab.

YSVP cree que aquellos jóvenes quienes están expuestos repetidamente al estrés traumático están en riesgo de desarrollar mecanismos de imitación como el consumo de droga, la autolesión y el involucrarse en una pandilla.

Los jóvenes son referidos al programa desde el sistema de justicia juvenil, el Departamento de Policía de Chicago, las escuelas y mediante captaciones en la calle.

Su objetivo es reducir la violencia en sus vidas y en sus comunidades mediante el uso de círculos de paz, la consejería de padres e hijos, el arte, los deportes y excursiones como la de ir al “jardín de tumbas” para captar jóvenes.

A pesar de que el YMCA no tiene datos que registren la reducción de la violencia entre los participantes, ya que este nuevo enfoque en el programa sólo tiene dos años, encuestas demuestran que (sus participantes) muestran esperanza de reducir la violencia de la forma que expresan sus emociones.

Los trabajadores del programa de YSVP proceden de distintas extracciones. Algunos tienen grados en trabajo social y en justicia criminal. Otros, como Mike Almore, quien obtuvo un GED, son ex miembros de pandillas por lo que comprenden de forma íntima lo que los jóvenes enfrentan.

Bocanegra indicó que los trabajadores de campo deben ser capaces de reunirse con los jóvenes mostrándose al mismo nivel que ellos y deben entender los retos específicos que enfrentan al crecer en un entorno violento en el interior de comunidades pobres de la ciudad. Además tienen que ser dedicados y empatizar con ellos pero, principalmente, deben ser fuertes.

“Creo que los mejores miembros que tengo en mi equipo de trabajadores son quienes más sufrieron”, dijo Bocanegra. “La pregunta que tengo es ¿Qué hicieron con tanto sufrimiento? Encontraron la mayoría de su fuerza en su propio sufrimiento; en el medio de esas cenizas. Salieron de esta vida tan dura para hacer este tipo de trabajo”.

Almore, de 42 años, nació y se crió en un edificio de apartamentos que era propiedad de su familia, en el barrio de Pilsen. Actualmente todavía vive allí. Trabaja desde hace más de un año en YSVP, pero anteriormente trabajó en un cementerio durante aproximadamente siete años.

Durante ese tiempo, Jaime y su madre se mudaron al edificio de Almore. Almore dijo que recuerda a Jaime como un niño cerebrito con lentes gruesos con el borde de color oscuro y con pelo desaliñado de color negro.

Los niños del barrio solían reírse de él y su hermano mayor se unió a una pandilla y más tarde sufrió una sobredosis. Poco a poco, Jaime comenzó a salir con una gente complicada. Almore intentó avisarle. Le habló sobre sus experiencias en una pandilla y la historia de su hermano pequeño Caid Almore.

Almore describió a Caid como un pandillero muy involucrado en su pandilla, quien tenía una reputación de ser un bravucón.

Durante años, la familia dormía preocupada. Cuando escuchaban una ambulancia en el medio de la noche, se despertaban y pensaban “¿Es Caid?”. Entonces, un día en 2004, sonó el teléfono. Eran las 5 de la mañana. Almore dejó que saltara el contestador automático. Era su hermano mayor Dino Almore que le decía que le llamara inmediatamente. Mike Almore recuerda la conversación de esta manera:

“¿Hola?”, dijo Dino Almore.

“¿Quién es?, dijo Mike Almore.

“Está muerto”, dijo Dino Almore. A Mike Almore se le cayó el teléfono y rompió a llorar.

La madre de ambos no lo sabía aún. “¿Cómo le dices a tu madre que su hijo está muerto?”.

Caid fue hallado baleado a muerte entre dos vehículos en la calle a sólo unas cuadras de su casa. Dino y Mike Almore fueron al apartamento de su madre para darle la noticia.

“Escuché a mi madre lamentarse de esa forma, desde sus entrañas. Jamás quiero volver a escuchar a una madre llorar así por un hijo”, recordó Almore.

Almore dijo que evitar que otras madres pasen por esa agonía es la razón principal por la que hace ese trabajo. Otra parte de él se siente culpable por la muerte de Caid. Piensa que él y Dino fueron un mal ejemplo al unirse a pandillas. Caid era el hermano pequeño que siguió los pasos de sus hermanos mayores.

A pesar de los esfuerzos de Almore por evitarlo, su vecino Jaime se unió a una pandilla. Preocupada y enfadada, la madre de Jaime salió a buscarlo a la calle durante la noche. Parte del trabajo de Almore es no sólo trabajar con los jóvenes, sino también con sus familias.

Eventualmente, Almore persuadió a la mujer para que se detuviera en la búsqueda de su hijo y la convenció de que era peligroso estar en la calle tan tarde y que no le iba a encontrar. Ahora, la madre de Jaime permanece en casa cuando él sale.

Almore, a veces, recibe llamadas tarde en la noche de padres de jóvenes en el programa que no pueden encontrar a sus hijos. A veces, los jóvenes también le llaman y le piden que les recoja de alguna emergencia.

Para Almore, su trabajo es su condena por su propio pasado.

Bocanegra dijo que la forma en que hace frente a su dolor y honra a los que perdió es mediante el trabajo con los jóvenes.

Bocanegra añadió que Almore y otros miembros del personal encarnan un sentido profundo de esperanza en medio de las comunidades que tienen problemas de violencia.

Es más que estar relacionados (con esos grupos violentos); es tener la capacidad de enfrentarse a las adversidades que los hace diferentes, expresó.

En vez de arrastrar sus pecados de sus vidas pasadas como una bola de hierro y una cadena, eligieron sacar algunos de esos traumas y los usan como pesas para levantar las comunidades donde trabajan.

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REDEYE