
CHICAGO –
Realmente hacía muchísimo tiempo que no sentía tanta vergüenza e impotencia como la que sentí el pasado sábado 30 de mayo frente al televisor con la estruendosa pitada que los aficionados del
y Athletic Club de Bilbao el dedicaron al himno español previo a la final de la
disputada en el Nou Camp.
Muchos, como el jugador del Barcelona Xavi Hernández, lo defienden diciendo que hay libertad de expresión. Pero yo soy de los que piensa que lo que hay es mucho mal educado e ignorante. Es más, soy de la opinión de que insultar y faltar el respeto al prójimo no es libertad de expresión, sino una ofensa, y por tanto, debe ser punible.
La libertad de expresión es poder elegir tus ideas y creencias y defenderlas sin menospreciar a los que piensan diferente. Me parece muy bien, aunque no comparto, que ciertos sectores de Cataluña o País Vasco quieran la independencia y trabajen para ello. Pero no ofendiendo al resto de españoles. Así no. Hay que tener un mínimo de educación.
Cualquier persona racional y decente sabe que no está bien pitar la bandera de cualquier país. El problema es que hay mucho irracional e indecente suelto que lo único que sabe es sembrar la semilla del odio y muchos borregos que dan la cara y hacen el trabajo sucio por ellos. Ese es el verdadero problema.
La pitada en el Nou Camp se sabía que iba a ocurrir desde que se conocieron los equipos que la iban a jugar. Tanto el Barcelona, el Athletic y la Generalitat de Cataluña sabían lo se venía y se pudo haber evitado, o al menos apaciguado. Pero no, en vez de tomar medidas, se repartieron silbatos para hacerla todavía más sonora y el resultado fue patético.
Como patética fue la imagen sonriente en el palco del presidente de la Generalitat, Artur Mas, a la derecha de Felipe VI mientras se producía la atronadora pitada a la Marcha Real. Una imagen de un judas que no tiene los pantalones y la gallardía para pitarle en la cara al rey y que cobardemente se escuda detrás de la muchedumbre para sus intereses políticos. Realmente una bochornosa imagen que todavía me revuelve las tripas.
En Francia, el presidente Nicolas Sarkozy arregló un problema similar en 2008 tras una gran pitada a la Marsellesa en un amistoso Francia-Túnez y estipularon que si se pita el himno el árbitro debe suspender el partido. En Estados Unidos esto es impensable. Pero en España no hay nada legislado por el momento, pero ya va siendo hora de que estos hechos no salgan impune.
La solución es tener mano dura y ejemplarizante para acabar con este tipo de cosas donde siempre son los mismos protagonistas. Ya verían como si se suspende el partido o inhabilitan a ambos equipos por un año de la competición se le iba quitar a más de uno las ganas de pitar y de hacer el subnormal.
Ya llueve sobre mojado, y utilizar un evento deportivo para transformarlo en un evento político y reivindicativo no debe ser permitido. Si a alguien no le gusta el rey, España o ambos, pues que no participe en la Copa del Rey o La Liga. Nadie los obliga. Pero basta ya de estar trincando los millones de euros por participar en esas competiciones para luego humillarlas públicamente.
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En España ya hay una Comisión contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia, pero también hace falta una ley que proteja el mínimo respeto a los símbolos nacionales para todos aquellos descerebrados que acuden a los estadios.