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CHICAGO –

Con el “trabajo y la perseverancia” como banderas, Soraya Campos cuenta que hace casi un cuarto de siglo comenzó una aventura que la ha llevado a tener ahora dos restaurantes de comida colombiana.

Campos, quien dejó Colombia en 1984 para seguir a su esposo y a su hijo, dice que el objetivo de venir a Estados Unidos fue, al igual que muchos otros migrantes, “buscar un mejor futuro para sus hijos”.

En 1991, en sociedad con su ahora ex esposo, establecieron Las Tablas Colombian Steakhouse y ahora cuentan con dos localidades, uno en 2942 N. Lincoln Ave. y el otro en 4920 W. Irving Park Rd.

¿Cómo surge la idea para abrir Las Tablas?

Mi ex esposo estudió cocina en Colombia y tenía mucha experiencia. Cuando llegamos vimos que casi no había restaurantes colombianos y vimos la necesidad de abrir Las Tablas, porque no existía un buen sitio de comida colombiana.

¿Cómo deciden establecerse en el barrio de Lincoln Park?

Porque había muchos colombianos en el área y fuimos de los primeros en establecer un restaurante colombiana. Antes había un solo restaurante de este tipo.

¿En qué se distingue Las Tablas en comparación con otros restaurantes colombianos?

Al principio, muchos americanos venían al restaurante a buscar drogas y eso me ofendía terriblemente. Quisimos sobresalir por algo bueno y cambiar la imagen de los colombianos. En nuestros restaurantes, además de la comida, también tenemos piezas de arte que representan nuestra cultura. Queremos que la gente sepa que Colombia tiene gente capaz y mucha cultura.

¿Cómo enfrentó el ser inmigrante y colombiana en tiempos en que la imagen de Colombia no era la mejor?

Cuando llegamos la imagen de Colombia estaba muy mal y la referencia que había eran las drogas. Este siempre ha sido un negocio familiar y mis hijos son parte del restaurante y por eso nos interesaba mantener una buena imagen de Colombia y enseñar al americano que en los casi 24 años que tenemos en el negocio lo hemos logrado.

¿Qué es lo que busca Las Tablas con su comida?

Dar una imagen diferente. Queremos que cuando la gente nos visite tenga diferentes experiencias en cuanto a sabores y texturas. Sabemos que los paladares cambian y queremos cambiar con la temporada. Debemos acomodarnos al gusto de los clientes, pero sin perder la tradición. En Colombia hay cinco regiones y buscamos tener en el menú algo de cada una de ellas.

¿Qué es lo más difícil que le ha tocado vivir como propietaria de Las Tablas?

Al empezar tuvimos un incendio y fue devastador. Tuvimos que volver a empezar desde cero. Ese día no teníamos ni en dónde dormir porque nuestro apartamento estaba arriba del restaurante y también se quemó. Pero buscamos la oportunidad de volver a abrir el restaurante porque era lo único que sabíamos hacer y lo estábamos haciendo bien. Ahora ya tenemos dos establecimientos.

¿Cómo se recupera alguien de una situación así?

Habíamos empezado de cero y era lo único que teníamos. No había otra opción. O trabajas o trabajas, pero nunca copiamos nada. Tenemos mucho orgullo en decir que nuestra comida es original y tuvimos que salir adelante por nuestros hijos.

¿Qué se sacrifica en un negocio como el suyo?

Requiere de muchas horas de trabajo y sacrificios para la familia porque los papás siempre están trabajando. Pero valió la pena porque mis hijos son hoy en día personas responsables de quienes estamos orgullosos.

¿Qué consejo ofrecería a otros inmigrantes que como usted quieren tener su propio negocio?

La perseverancia y esmerarse porque haya la mejor calidad. Eso siempre tiene una recompensa.

¿Cómo renovarse para no caer en el tedio?

Decidimos hacer una reapertura del negocio y refrescar el menú. Los paladares, la cultura y los habitantes cambian y para ello es importante cambiar el menú, la decoración y la música. Es necesario evolucionar.