Getting your Trinity Audio player ready...

Cuando arribó a Estados Unidos a los ocho años con su familia desde Catanzaro, en el sur de Italia, ni imaginó que su vida iba a tener algo que ver con el boxeo. Pero un día un viejo amigo de la infancia en Italia lo llevó a un gimnasio en Chicago y allí cambió su historia.

Sam Colonna

se enamoró del boxeo, comenzó a practicarlo y alcanzó fama como entrenador. Hoy su curriculum es impresionante: cuando trabajaba en el gimnasio Windy City sus boxeadores ganaron el premio al mejor equipo 13 veces en los

Guantes de Oro

de Chicago. Luego, como entrenador en Chicago Boxing, sus equipos ganaron otras cinco veces.

Chicago Boxing Club cerró sus puertas el año pasado pero el entrenador ítalo-americano abrió su nuevo gimnasio, Sam Colonna Boxing, en el 2600 W. 35th Street, al sur de Chicago, y allí prepara a varios boxeadores que este año vuelven a ser protagonistas de los Guantes de Oro locales.

Golpes arriba y abajo del ring

Colonna lo ha vivido todo en su vida. Desde recibir un balazo en el callejón de su casa, en 1985, y salvar luego su vida de milagro, gracias a un policía que justo pasó por el lugar, hasta experimentar la agonía y el éxito típicos del boxeo.

En su carrera ha tenido la suerte de conducir las carreras de varios campeones y púgiles de nivel internacional, como Angel Manfredy, David Díaz y los polacos Andrzej Golota, Tomasz Adamek y Andrzej Fonfara, entre otros. Pero cuando se le pregunta por el más talentoso de sus boxeadores, Colonna sorprende con su respuesta.

“Hasta el día de hoy, creo que el mejor fue Esiquio Olague, un peso ligero mexicano que sólo hizo dos peleas como profesional pero se fue a su país, se casó, tuvo hijos y nunca más se dedicó al boxeo”, recuerda Colonna con admiración. “Hizo guantes con el gran Salvador Sánchez y todo su equipo me preguntó si (Olague) iba a pelear por un título muy pronto. Cuando les dije que todavía era amateur (en ese momento) no lo podían creer”.

De sus boxeadores actuales o pasado, Colonna habla con cariño y el caso más claro es el de Golota, un gigante europeo que protagonizó combates legendarios pero siempre quedó a un paso del gran salto. “Es un “Teddy Bear”, dice dando a entender que el polaco era un grandote con buen corazón. “Pero no sabía ganar grandes peleas. Una vez le dije: ya tienes la pelea ganada, lo único que no debes hacer es dar golpes bajos. ¿Qué fue lo primero que hizo? Dio un golpe bajo y lo descalificaron”. Hoy Colonna y Golota mantienen todavía una estrecha relación familiar.

De Fonfara, actual campeón mundial semipesado de la OIB, dice que puede llegar aún más lejos porque es dedicado y “tiene un equipo y una familia que están con él”. Pero agregó que la carrera del semipesado polaco debe ser manejada con tacto y sin errores. “El boxeo es como un juego de ajedrez. Hay que ir calculando cada paso y saber contra quién pelear para no equivocarse”.

Con Angel Manfredy mantiene una relación agridulce. “Lo empecé a entrenar cuando él tenía un record de 2-2-1 y lo llevé a 9-2. Un día nos ofrecieron a varios rivales y pedimos a Arturo Gatti porque yo sabía que le podía ganar”, recuerda de sus días de gloria con “El Diablo” Manfredy y su sorprendente victoria sobre Gatti en 1998. “Pero después vino un día y me dijo que yo tenía que cambiar de religión (Manfredy es evangelista) para seguir con él”. Colonna, católico, rechazó la propuesta y la relación se quebró para siempre. En 2003 estuvo en el rincón de Courtney Burton, cuando este noqueó a Manfredy en Hammond, Indiana. La reacción de Colonna tras la definición fue típica de un hombre con códigos: primero abrazó a su pupilo (Burton) pero inmediatamente fue a socorrer a Manfredy, quien lucía en mal estado.

Ese tipo de respeto es el que profesa por los jóvenes que llegan a su gimnasio para ponerse bajo su tutela y hoy están en los Guantes de Oro de Chicago. El año pasado recibió a un muchacho que había viajado desde Tennessee pero le advirtió que no podía entrenarlo porque su gimnasio de entonces, Chicago Boxing, estaba a punto de cerrar sus puertas. Sin embargo, un rato después ya estaba observando sus fintas y rápidamente se ofreció para conducirlo.

Nick Macurek, un peso completo de 18 años que es candidato a ganar los Guantes de Oro, viaja una hora y media todos los días desde Palatine para ir a entrenar con Colonna. Y hay varios casos parecidos. Lo irónico es que Colonna ni siquiera recuerda el nombre de muchos de sus boxeadores. “Me siento un tonto pero son tantos que muchos nombres se me escapan de la memoria”, se disculpa. A uno de esos desconocidos, por ejemplo, le da de comer cuando lo entrena en su gimnasio: “Mi esposa me prepara un sándwich y cuando llego al gimnasio le doy la mitad a él porque no tiene donde vivir; le doy algo, una banana o lo que tenga”, explica el entrenador.

¿Un título más?

Para la edición de este año Colonna espera dar batalla en los Guantes de Oro con algunos de sus muchachos. De ellos sí recuerda sus nombres: Los principales para este año son Martez McGregor (campeón de las 178 libras en 2011), Kristin Gearhardt (cinco veces campeona en peso welter), Joshua Hernández en las 123 libras y Macurek en peso completo. Otros como Vernon Brown y Grideon Akande también ganaron sus peleas del último fin de semana.

Con ellos Colonna espera ganar su título número 19 en los Guantes de Oro por equipos y consolidarse como el entrenador de boxeo más exitoso de Chicago.

Guantes de Oro de Chicago

Lugar: Cicero Stadium (1909 S. Laramie, Cicero, Illinois)

Semifinales: 21, 22 y 23 de marzo

Hora: A partir de las 7:30 pm

Entradas: $15