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Para el aficionado común, el voleibol de playa es sinónimo de cuerpos atléticos separados por una red mientras otros cuerpos esculturales observan, con un fondo de playa, sol y mar.

Y la realidad tiene bastante de esa imagen de vida agradable al aire libre y junto al mar. “Es un deporte relajado, a muchos deportistas les gusta la comida natural, el respeto por la naturaleza y todo está relacionado con el surf”, dice la venezolana Olaya Pazo, una de las jugadoras del

‘José Cuervo Pro Beach Volleyball Series’

, el circuito de voley profesional más importante de Estados Unidos, que unos días atrás presentó su torneo en la playa de Oak Street, en el centro de Chicago.

Pero detrás de ese atractivo deporte existe otra realidad. “Estos son quizás los deportistas más competitivos de todos los deportes”, dice Jim Sias, representante de la empresa José Cuervo y de la organización. “Quien crea que el voley de playa es fácil, debe intentar jugarlo. Los jugadores que provienen del voleibol común, en cancha cerrada, dicen que lleva un año acostumbrarse a la playa y ‘tener las piernas’ para poder jugar y saltar en la arena”.

Un estilo de vida

“El vóley de playa es un estilo de vida porque estamos siempre afuera, en la playa, y todos (jugadores y jugadoras) nos conocemos”, dice Pazo.

Algunos se conocen tanto que terminan formando matrimonios. Tal es el caso de tres parejas, los Grotowski (Steve y Capri), los Van Zwieten (Steven y Kendra) y los Engle (Evan y Christal). Estos últimos son conocidos en el circuito por su preocupación por la alimentación saludable en todo momento. Christal es además catalogada una de las más bellas en este deporte.

Otra que llama la atención es la altísima Jenny Kropp, una de las componentes de la pareja femenina campeona en Chicago, quien mide 6’2″ pies y fue considerada en 2009 como “la dueña de la bikini más sexy del circuito”. Los hombres, al parecer, también atraen miradas del sexo opuesto. Un caso concreto es la dupla integrada por ‘las Torres Gemelas’ (de 6’5″ pies), John Hyden y Sean Scott, a quien Olaya Pazo llama ‘Ken’ porque cree que se parece al novio de la famosa muñeca Barbie.

En el circuito hay algunos ‘veganos’ como John Mayer y Russ Marchewka, que son vegetarianos que además no consumen productos lácteos. También están los que provienen de otros deportes, como Kelly Schumacher (6’5″), quien fue jugadora profesional en la WBNA, la NBA femenina.

Hay otro voleibolista de playa que proviene de otro deporte y es la gran atracción del momento. Se trata de Ryan Doherty (7’1″ pies), quien fue el primer pitcher de más de 7 pies en las ligas menores unos años atrás, cuando estaba en el sistema de los Diamondbacks de Arizona.

Gracias a su altura, Doherty se ha convertido en una pared impasable en la red a pesar de llevar un solo año en el circuito de vóley playero. Ya en su primera competencia, en pareja con Casey Patterson, venció a la dupla Phil Dalhausser-Todd Rogers, ganadora de la medalla de oro olímpica en Beijing 2008. En Chicago, Doherty y Patterson también se llevaron el título al ganar la final en tres sets. “Yo voy contra la lógica porque soy muy alto y juego todos los deportes, menos el baloncesto”, dijo Doherty tras triunfar en Chicago.

Antes y hoy

El voleibol de playa nació en las playas de Santa Mónica, en Los Angeles, California, en 1920 pero mantuvo cierto anonimato hasta que alcanzó su apogeo en la década del ’80, cuando jugadores como Karch Kiraly, Sinjin Smith y Randy Stoklos gozaron de gran popularidad.

En la actualidad el voley de playa es una disciplina olímpica (su debut fue en los juegos de Atlanta ’96) y goza de gran aceptación en todo el mundo. Existen circuitos profesionales en Europa y en varios puntos de América Latina. El tour profesional, que pasó por Chicago y se juega en varias playas de Estados Unidos, cuenta con muy pocos latinos porque se es necesario ser residente y poder trabajar en el país para poder competir.

“Hay que ser residente o invitado. A mí me invitaron porque había jugado en la Universidad de Louisiana-Lafayette”, explicó la brasileña Priscilla Lima, quien jugó toda su vida en la playa de Flamengo, en Río de Janeiro, y fue finalista en el torneo de Chicago. “En el invierno, cuando no juego aquí, juego en Brasil”.

Otros latinos participantes en el circuito son el uruguayo Adrián Carambula, el brasileño Fred Souza (gran nadador en su juventud) y la venezolana Pazo, quien proviene de una familia de deportistas pues su padre Francisco Pazo jugó en el Celta de Vigo español.

Como brasileña y participante en el circuito de Estados Unidos, Lima conoce bien las diferencias: “Aquí las jugadoras son muy altas y se hace un juego más fuerte y físico. En Brasil hay mucha ‘ginga’ (un típico movimiento corporal brasileño) y técnica”, explica la deportista carioca. “Aquí es más espectáculo y un estilo de vida. En Brasil es una profesión más seria y hay oportunidad de ganar bastante dinero. Pero en los dos lados es un deporte de gran nivel”.

Voley de playa

-Se juega en pareja (dos jugadores por equipo) en canchas de arena

-El tour profesional José Cuervo se desarrolla en el verano de Estado Unidos

-El circuito profesional de verano cuenta con torneos en Fort Lauderdale(Florida), Belmar (New Jersey), Chicago Open, Hermosa Beach (California), Milwaukee (Wisconsin), Manhattan Beach (California) y el Campeonato Nacional en Huntington Beach (California)

-El torneo de Chicago repartió $100,000 en premios

-El tour reparte $710,000 en total

-Website del tour: www.josecuervoprobeachvolleyballseries.com