GUADALAJARA, MEXICO.- Bernardo de la Garza, el mayor responsable del deporte mexicano, iba saliendo de los vestidores del centro acuático de Guadalajara. La selección mexicana femenil de polo acuático había perdido la posibilidad de avanzar a la ronda de medallas al caer ante una potencia mundial como Canadá.
Pero De la Garza, un ex candidato a la presidencia de México y actual director de la Comisión Nacional del Deporte de su país, estaba lejos de sentirse triste o decepcionado, por lo que fue charlar con las nadadoras para felicitarlas.
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“Creo que ha sido un cambio de 320 grados de este equipo, nos faltan esos 40 (grados) que hay que seguirlos buscando”, dijo el funcionario sobre un pasillo del espectacular inmueble que fue construido para ser sede de todas las pruebas de natación de los XVI Juegos Panamericanos, que recién concluyeron con éxito en esta ciudad, la segunda más grande de México.
Eventualmente, el equipo femenil de polo acuático se ubicó en la sexta posición del torneo. Pero al margen del resultado que puede parecer malo, lo logrado por esta selección no sólo es alentador dentro del agua, donde el equipo jugó bien, fue siempre competitivo y dio destellos a pesar de ser uno de los más jóvenes con un promedio de edad de 21.5 años, sino también fuera de ella, al hacerse realidad la unión de atletas que viven en México y otras que viven en Estados Unidos, concretamente en Los Ángeles.
La selección femenil de polo acuático, un deporte totalmente olvidado en México, tiene ahora como núcleo a seis jugadoras originarias de Commerce, quienes se combinaron para anotar 42 de los 55 goles mexicanos en Guadalajara 2011.
De la Garza, un ex estudiante de posgrado en UCLA, lanzó en 2010 la organización un tanto experimental de los llamados Juegos Deportivos de los Mexicanos en el Exterior, más tarde conocidos como MexGames, con la idea de que el deporte mexicano pudiera reclutar atletas de alto nivel en regiones densamente pobladas por mexicanos, como el sur de California.
Los resultados de esos juegos estuvieron lejos de ser espectaculares en cuanto a la recaudación de talento, pero cuando él supo que podía fortalecer dramáticamente al equipo mexicano de polo acuático con nadadoras de California, contactó a Gabriel Martínez, un entrenador muy conocido en Commerce, y lo invitó a hacerse cargo del equipo.
Bajo la conducción de Martínez, quien ha trabajado en la carrera de figuras mundiales del polo acuático, México puede decir que ya tiene una talentosa y ascendente selección femenil. Un deporte olvidado al sur de la frontera ha sido rescatado y ya se habla de proyectos a largo plazo para que empiece a ser desarrollado.
“Hay que seguir trabajando”, agregó De la Garza. “Los proyectos tienen que ser así, pensados a largo plazo. Creo que hemos dado un buen primer paso”.
Commerce es una ciudad muy pequeña, latina casi en su totalidad, mejor conocida por su casino y por sus outlets. Pero hay otra actividad que caracteriza a esa comunidad: el polo acuático.
La ciudad tiene un programa comunitario de polo acuático que hace de ella una especie de meca de ese deporte en el país. De la piscina de Commerce emergió Brenda Villa, la mejor jugadora de polo acuático de Estados Unidos al menos en la década anterior. Patricia Cárdenas, otra seleccionada nacional estadounidense, también proviene de esas aguas.
El entrenador Martínez, quien en realidad nació en Ciudad Juárez, dice que la gran tradición del polo acuático de Commerce empezó a principios de los 70.
“La comunidad no es muy afluente y si hay una oportunidad de jugar en un deporte en el que fuera competir, el apoyo de la ciudad es enorme”, dijo Martínez. “Si vives ahí, puedes jugar polo acuático y lo único que necesitas es el traje de baño. Commerce es tu beca para las universidades”.
Las seis nadadoras de Commerce que se integraron a la selección mexicana desde hace aproximadamente cinco meses son Daisy Carrillo, Mary Ann Campos, Kimberly Romero, Giselle Naranjo y las hermanas Priscilla y Sarah Orozco, estás últimas, por cierto, anotaron 11 goles cada una en los Juegos Panamericanos.
“Estamos en un proceso de intentar crecer el polo acuático de México. Ellas se han puesto la camiseta de México”, comentó Alejandro Fonseca, el coordinador del polo acuático de México. “El nivel de las chicas de California no es comparable con el de las chicas de México”.
Pero las propias jugadoras de Commerce no subestiman el nivel de juego de sus compañeras que viven en suelo mexicano. En general, ellas creen que se formó un buen complemento en el que las siete jugadoras basadas en México hacen mucho del trabajo sucio, incluso las mañas bajo el agua a la hora de jugar, mientras que las californianas se encargan de la parte más técnica. Cada uno de los bandos le aportó al equipo y le transmitió sus propias lecciones al otro.
“Todavía hay tiempo para aprender, este equipo tiene un gran futuro”, advirtió Daisy Carrillo, de 23 años de edad y recién egresada de la universidad de Loyola Marymount en Marina del Rey, a donde llegó tras jugar en un junior college de Cerritos.
Los padres de Daisy, quien es capitán de la selección, son originarios del estado de Zacatecas. Ella sólo había visitado México para tener vacaciones. Cuando habla de lo que significa para ella representar a México, la primera que menciona es orgullo.
“Es muy emocionante estar con niñas con las que juego desde que estaba en sub14 y otras con las que llevo jugando cuatro meses. Y también es por mis padres, porque son mexicanos”, compartió la jugadora.
Las jugadoras que viven en México aprecian la escuela que traen las chicas de Commerce: “Tienen un juego muy diferente a lo que era acá. Es más rápido, más limpio”, indicó Alcione Murrieta, originaria del puerto de Acapulco. “Hemos jugado años así, pero ahora con la técnica de ellas ha dado frutos”.
Pero la parte más interesante de esta selección no necesariamente se sitúa en el agua. Las nadadoras hablan del proceso de unión que empezó a darse desde finales de mayo. El entrenador Martínez convocó a una concentración en Tijuana para empezar a integrar al equipo desde cero.
Carrillo recuerda que cuando llegaron a la ciudad fronteriza, hubo una presentación con abrazos y besos, muy al estilo de la gente que vive en México. Allí, cada una se presentó, habló de las cosas que le gustan y el experimento estaba en marcha.
No es como cuando un boxeador o un luchador son reclutados en otro país y se aprovecha su doble nacionalidad. En este caso, se trataba de un equipo, formado por muchos integrantes y, sin caer en prejuicios, femenil, factor mencionado incluso por las propias seleccionadas.
“Ha sido una experiencia que jamás habíamos vivido”, dijo Miriam Pérez, de la Ciudad de México. “Fue difícil al principio pero hemos intentando unirnos”.
Entre junio y agosto, la selección se concentró en Los Ángeles. Las chicas vivieron todas en una casa donde tenían que cocinar sus alimentos y aprender a vivir entre todas. La casa, al menos, contaba con dos baños. Hubo partidos contra equipos de universidades poderosas como USC y Stanford, con algunas nadadoras que viajaron de México jugando más partidos en esos meses de concentración que en los pasados 10 años. Y en base a esa preparación y tanta convivencia, se empezó a formar un verdadero grupo.
Para poder concentrarse en los Juegos Panamericanos, casi todas las seleccionadas tuvieron que dejar temporalmente sus estudios. Algunas reprobaron algunas asignaturas escolares y otras, como en el caso de las californianas Giselle Naranjo y Sarah Orozco, se ausentaron de UCLA por un trimestre. Pero al parecer, todos los sacrificios valieron la pena.
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“Este ya no es un grupo, es una familia”, afirmó Adelina Alanís, originaria de Durango y una de las más veteranas del equipo a sus 24 años. “Ha sido una experiencia muy padre. Ha sido bonito encariñarnos entre todas. Somos de dos países, pero con un solo fin. Nos apoyamos mucho, como hermanas”.
Esa unión se observó en Guadalajara, donde México le ganó a Venezuela 17-7 y a Argentina 11-9, mientras perdió contra Brasil (8-5), Canadá (18-9) y Puerto Rico (15-13) en el juego por el quinto sitio. Eventualmente, el oro panamericano se lo llevó Estados Unidos, que de la mano de Brenda Villa, la gran estrella de Commerce, superó a las canadienses en una interminable sesión de tiros penales (19-18). Pero en el tiempo regular, Estados Unidos le hizo sólo ocho anotaciones a Canadá, una menos que México con un equipo inmensamente más curtido.
Con un poco de mayor experiencia y México pudo haber subido al podio de vencedores.
Para las seis chicas de Commerce, el haberse integrado al deporte mexicano de alto rendimiento les ha dejado múltiples satisfacciones y enseñanzas.
“Nunca pensé que iba a estar en el DF o en Guadalajara”, comentó Mary Ann Campos, también egresada de Loyola Maymount y tal vez la chica más carismática del equipo. “Me siento muy orgullosa de ser mexicana. Nunca me he sentido así. No le ponía tanta atención a mis raíces mexicanas allá (en Los Ángeles), pero ya que estoy aquí, lo admiro”.
Kimberly Romero dijo que disfrutó la calidez de los mexicanos, la cual encontró distinta a la de la gente de California, y Giselle Naranjo reveló que nunca sintió tanta emoción como cuando el público les gritaba “¡México, México!”, durante los partidos.
Priscilla Orozco estuvo repasando el himno nacional de México en su ipod, pensando que tendría que cantarlo antes de cada juego. Los himnos se interpretan sólo en las ceremonias de medallas, por lo que ella tendrá que esperar una mejor ocasión. Pero ella, además de la oportunidad de jugar, valoró el recuperar su español, un poco oxidado porque en su hogar de Los Ángeles ya casi nadie lo habla.
“Si tenemos apoyo de los de arriba, va a crecer”, pronosticó la nadadora angelina.
De la Garza, en respuesta a esa llamada, dijo que espera que esta joven selección, con las seis chicas de Commerce, sea la base del representativo mexicano que participe en el Mundial de Natación de 2017 que se llevará a cabo el centro acuático de Guadalajara. Por ahora, el funcionario valora otros aspectos del equipo como la integración y el ejemplo a futuro.
“En este vestidor entras y no las distingues”, dijo De la Garza, quien dijo que alrededor de una docena de atletas originarios de Estados Unidos formaron parte de la delegación mexicana en los Panamericanos . “No sabes quiénes son esas seis de California. Lo que debe ser esto es una puerta y una ventana para los mexicanos que radican en Estados Unidos de ver que es real la oportunidad de venir a participar en estas competencias por México”.