
Por TIM REYNOLDS
MIAMI (AP) — Giannis Antetokounmpo salió corriendo de la cancha aproximadamente una hora después de iniciada la primera sesión del campamento de entrenamiento del Heat de Miami de la temporada. Ya había empapado de sudor su uniforme de práctica y quería cambiarse por uno limpio.
Alguien lo dejó entrar a una sala contigua, y encontró un lugar para cambiarse.
“Mucho mejor”, dijo. Con eso, el astro griego volvió a toda velocidad al entrenamiento.
El cambio, cree, puede ser bueno. Tras 13 temporadas con los Bucks de Milwaukee —con 10 selecciones al Juego de Estrellas, nueve selecciones All-NBA, dos premios al Jugador Más Valioso y un título de la NBA en ese lapso— el alero de 2,11 metros está empezando de nuevo con el Heat, que tiene mucho en común con Antetokounmpo. Ambos han llegado a la cima de la NBA y ahora ambos cuentan con el otro para ayudarlos a alcanzar esa altura otra vez.
Pero, ¿por qué ahora? En pocas palabras, Antetokounmpo solo quería un uniforme nuevo.
“Siento que estuve en mi zona de confort durante muchos años y simplemente quería un nuevo desafío. Y siento que, por el punto en el que estoy en mi carrera, Miami es la organización que sacará lo mejor de mí”, señaló Antetokounmpo a The Associated Press. “Es una organización a la que le encanta competir. En cada partido, en cada minuto. Y yo soy igual. Soy la misma persona, así que ojalá esto —que yo esté aquí— me permita competir, me permita ayudar a mi equipo a ganar partidos y llegar al objetivo final, que es ganar el campeonato”.
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El Heat entregó muchísimo para que el acuerdo se concretara. El traspaso completo, finalizado en julio, llevó a Antetokounmpo y a Bobby Portis Jr. a Miami a cambio de Tyler Herro, Kasparas Jakucionis, Jaime Jaquez Jr., Kel’el Ware, tres selecciones de primera ronda, un intercambio de selecciones de primera ronda y una selección de segunda ronda. Miami no terminará de pagar el traspaso, en términos de capital del draft, hasta 2033.
Y luego está el asunto, nada menor, del próximo contrato de Antetokounmpo, uno que podría valer hasta 275 millones de dólares por cuatro temporadas si termina firmando una extensión máxima en algún momento de los próximos meses.
Es un rescate. Pero si esto sale como Miami espera, el precio podría parecer una ganga.
“Me siento afortunado de ser su compañero de equipo, especialmente en esta etapa de mi carrera. No podría pedir una mejor oportunidad. He jugado contra Giannis durante muchos años, pero ahora poder construir química con él y verlo, con suerte, tener otra temporada tipo MVP es una alegría para mí”, indicó Klay Thompson, nuevo escolta del Heat y cuatro veces campeón en su etapa con Golden State. “Y los aficionados del Heat deberían estar eufóricos porque cuando tu mejor jugador es uno de los que más trabaja, eso se contagia y es simplemente genial ser parte de ello”.
Ha promediado 24,1 puntos y 9,9 rebotes por partido en su carrera, algo que solo otros ocho jugadores —Kareem Abdul-Jabbar, Elgin Baylor, Larry Bird, Wilt Chamberlain, Anthony Davis, Joel Embiid, Karl Malone y Bob Pettit— han hecho o están haciendo (ya que Davis y Embiid siguen en activo).
Y en las últimas 10 temporadas, Antetokounmpo ocupa el primer lugar en puntos totales y el cuarto en rebotes totales. Las lesiones lo limitaron la temporada pasada —quería jugar más de lo que lo hizo y se frustró porque los Bucks tenían una postura distinta—, pero sus promedios estadísticos no han bajado.
Su juego es de élite, por cualquier medida.
“Si vas a pasar la página a un nuevo capítulo, es sumamente emocionante poder sumar a un dos veces MVP, alguien que está plenamente en su mejor momento”, declaró el entrenador del Heat Erik Spoelstra. “Su espíritu competitivo está alineado con el nuestro. Es muy difícil conseguir a un jugador de su calibre. Poder hacerlo, que él elija que este sea el lugar que quiere, que nosotros lo elijamos a él… y las posibilidades de lo que podemos lograr juntos, entonces sí, eso es emocionante”.
Antetokounmpo no perdió tiempo en empezar a elogiar la cultura del Heat, una frase que se ha convertido en un pararrayos de críticas por parte de comentaristas en toda la NBA —especialmente después de que la franquicia estampó la palabra en camisetas y jerseys. Pero la cultura, la versión no comercial, todavía existe: la trajo Pat Riley hace más de tres décadas y la protegen Spoelstra y otros hasta hoy.
Es simple: trabajar más duro que todos los demás y ver qué pasa. Antetokounmpo habló muy bien de ello desde lejos durante años. Ahora la elogia aún más.
“Me encanta la cultura y quiero estar en un lugar que pueda sacar lo mejor de mí. Quiero jugar tantos partidos como pueda, estar disponible para mis compañeros tanto como pueda. Siempre voy a ser honesto”, expresó Antetokounmpo. “El año pasado, cuando jugué, pensé que jugué a un nivel muy alto. En los primeros 15 partidos, pensé que podía estar en la conversación por el MVP”.
“A veces, las cosas no salen como quieres y a veces, cuando crees que las cosas no salen como quieres, en realidad sí salen. Sé que cuando estoy sano y tengo la mentalidad correcta, soy muy difícil de manejar”, añadió
Habla griego, inglés y algo de nigeriano, además de haber hecho el juramento de aprender español —lo cual tiene muchísimo sentido para alguien que acaba de mudarse a Miami. Dice que ya aprendió a amar gran parte de lo que Miami ofrece (con las iguanas como notable excepción). Está construyendo relaciones dentro de la organización e insiste en que el proceso de adaptación está lejos de completarse.
Ve el potencial. Quiere otro título. El Heat quiere otro título. Es una combinación perfecta.
“Solo estoy tratando de encajar. Y cuando encuentre el tiempo para, de alguna manera, ser yo mismo, seré yo mismo”, remarcó.
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