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ERIE, Pensilvania — En un día nublado en esta ciudad de los Grandes Lagos, los camiones de gran tonelaje se detuvieron junto a los vagones de tren aparcados en un apartadero bordeado de árboles. Uno tras otro, los conductores se bajaron, conectaron gruesas mangueras desde debajo de sus remolques y aspiraron los cargamentos procedentes de la costa del Golfo y del valle del río Ohio.

Sherri Mason revisó lo que habían dejado atrás: entre la grava de la vía férrea, miles de gránulos blancos translúcidos cubrían el suelo, residuos del insaciable apetito de la industria estadounidense por el plástico.

“Como las estrellas en el cielo nocturno”, dijo Mason —una profesora e investigadora de la Universidad de Gannon a la que todos llaman Sam— mientras hacía un gesto con la mano sobre los residuos. “Aparentemente hermosas, hasta que te das cuenta de lo que son”.

A continuación, señaló con la cabeza hacia las alcantarillas cercanas, cuyas aguas desembocan sin filtrar en el lago Erie, uno de los cinco lagos de agua dulce que abastecen a más de 40 millones de personas en Estados Unidos y Canadá.

Más trocitos de plástico, cada uno apenas más grande que un grano de arroz, esparcidos por el asfalto junto a una parada en las rutas de reparto desde la vía férrea.

Los gránulos de plástico, también conocidos como ‘nurdles’, son fabricados por plantas petroquímicas con el objetivo específico de crear nuevos productos. Al menos 15 fábricas de aquí funden y moldean la materia prima para convertirla en botellas de agua, envases de yogur, envases de comida rápida y un sinfín de otros artículos.

Plastic pellets, pieces the size of a pencil eraser made for easy transportation, litter ground where they are transferred from rail cars to trucks by local manufacturers Friday, May 1, 2026, in Erie, Pennsylvania. (Brian Cassella/baiduhai)
Gránulos de plástico, o ‘nurdles’, cubren el suelo después de que los cargamentos procedentes de refinerías petroquímicas han sido transferidos de vagones de tren a camiones y entregados a fabricantes locales en Erie, Pensilvania. (Brian Cassella/baiduhai)

Erie es una de las cientos de localidades de Estados Unidos y Canadá en las que los gránulos de plástico se vierten en los Grandes Lagos desde las plantas químicas que los fabrican, los trenes y camiones que los transportan y las fábricas que los transforman en productos de consumo.

Los gránulos de plástico que no llegan a ser utilizados en el proceso de fabricación —ya sea debido a prácticas de transporte o de producción poco eficientes— y que pasan desapercibidos para la gente común, son considerados residuos por los grandes consorcios petroleros y químicos mundiales, que planean ampliar drásticamente el uso del plástico en todos los aspectos de la vida.

Según un análisis realizado por el baiduhai de miles de documentos gubernamentales, científicos e internos del sector, cuando se les ha confrontado por su contaminación, los directivos de la industria suelen culpar a los consumidores, utilizando tácticas tomadas de las grandes tabacaleras y compartidas con ellas.

Según ha descubierto el Tribune, algunas de las empresas más poderosas del mundo minimizan los peligros que plantean los plásticos y exageran la capacidad de reciclarlos.

Falta de supervisión

Ya hay más de 8,000 millones de toneladas de residuos plásticos que contaminan el planeta, una cifra asombrosa que sigue aumentando sin cesar.

Si se apilaran en el Millennium Park de Chicago, los residuos plásticos vertidos al medio ambiente desde mediados del siglo pasado superarían la frontera del espacio exterior.

Los gránulos de plástico se encuentran en las costas más remotas y aparentemente vírgenes, incluidas las playas del Servicio de Parques Nacionales que rodean los Grandes Lagos. En el lago Míchigan, la principal fuente de agua potable para Chicago y sus alrededores, los gránulos se extienden desde los afluentes y se vierten desde las docenas de plantas depuradoras que rodean el lago.

Según una estimación, cada año acaban en los Grandes Lagos al menos 22 millones de libras de residuos plásticos. El lago Míchigan solo es superado por el lago Erie en cuanto a concentraciones de gránulos de plástico y otras partículas diminutas conocidas colectivamente como microplásticos. Esto tiene sentido, según los científicos, ya que ambos lagos son los más urbanizados.

Las bolitas de plástico son lo suficientemente ligeras como para recorrer largas distancias por el aire. Los peces las confunden con comida.

Los estudios académicos apuntan cada vez más a que la ingestión y la inhalación de plásticos —casi todos ellos fabricados a partir de combustibles fósiles que contribuyen al cambio climático— contribuyen a provocar, o incluso desencadenan directamente, enfermedades cardíacas, demencia, la enfermedad de Parkinson, problemas de fertilidad y partos prematuros, entre otros problemas de salud.

“No hay que caer en el error de pensar que la industria del plástico asume estos costes”, afirmó Philip Landrigan, pediatra y director del programa ‘Salud Pública Global y Bien Común’ del Boston College, quien a lo largo de su dilatada carrera ha documentado los peligros del plomo, los pesticidas y otras sustancias químicas tóxicas que causan daños cerebrales.

“Externalizan estos costes”, afirmó Landrigan, “es decir, los hacen recaer sobre los contribuyentes, los gobiernos y los ciudadanos de a pie, que son quienes acaban pagando las facturas sanitarias”.

A train sits parked at the site where it transfers plastic pellets to trucks for local manufacturers, May 1, 2026, in Erie, Pennsylvania. (Brian Cassella/baiduhai)
Plásticos y otros desechos recolectados por una barrera flotante a lo largo de un arroyo que desemboca en el lago Erie, el 1 de mayo de 2026, en Erie, Pensilvania. (Brian Cassella/baiduhai)

A diferencia de otras formas de contaminación, ni los gránulos de plástico ni los residuos plásticos en general están regulados, en parte porque décadas de presión por parte de la industria y de publicidad han convencido a los representantes políticos y a la ciudadanía de que las iniciativas voluntarias de los fabricantes y los programas de reciclaje financiados con dinero de los contribuyentes están dando resultado.

“Tengo que creer que somos más inteligentes que eso”, afirmó Heather McTeer Toney, antigua administradora regional de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos y directora de la organización sin ánimo de lucro Beyond Petrochemicals. “Tengo que creer que tenemos el ingenio, la innovación y el sentido común que Dios nos ha dado para descubrir cómo avanzar y ser sostenibles”.

Hay indicios fugaces de que la falta de supervisión gubernamental está cambiando.

Además de las iniciativas para reducir el plástico en Canadá y en varios estados, una comisión encargada de supervisar el tratado de los Grandes Lagos entre Estados Unidos y Canadá está estudiando la posibilidad de incluir los gránulos de plástico y otros microplásticos en su lista de sustancias tóxicas consideradas lo suficientemente peligrosas como para justificar un seguimiento periódico y la imposición de límites que puedan ser exigibles.

Entre las sustancias nocivas que ya figuran en la lista de la Comisión Mixta Internacional de “sustancias químicas de interés mutuo” se encuentran los retardantes de llama, los “químicos eternos” (PFAS), el mercurio y los bifenilos policlorados (PCB).

“Hay pruebas de que los microplásticos son nocivos en las concentraciones que se encuentran en los Grandes Lagos”, afirmó Chelsea Rochman, bióloga de la Universidad de Toronto que colaboró en la redacción de una petición en la que se instaba a la comisión del tratado a tomar medidas.

“Son persistentes, bioacumulativos (lo que significa que los microplásticos pueden acumularse en el organismo de las personas y la fauna silvestre) y tóxicos”, afirmó Rochman, quien también es uno de los responsables de un grupo de expertos científicos que expuso el problema ante la comisión.

Un peligro para la salud pública

Los magnates del petróleo, el gas y la industria química quieren que los estadounidenses crean que no es para tanto. O que la culpa la tienen los hábitos de consumo derrochadores y la mísera tasa de reciclaje de plástico en los hogares.

El Tribune descubrió detalles sobre un engaño que se prolonga desde hace décadas al examinar documentos del sector archivados en varias bibliotecas universitarias.

Los documentos revelan que las grandes empresas químicas, petroleras y tabaqueras financian conjuntamente campañas publicitarias en las que se reprende a los estadounidenses por tirar basura, incluso en materiales distribuidos entre los escolares. Estas industrias han compartido consultores de relaciones públicas y han respaldado a grupos de presión que intentan socavar las medidas de protección de la salud pública.

“La contaminación es un asunto que nos concierne a todos”, declaró un directivo de Imperial Oil, la filial canadiense de Exxon (ahora ExxonMobil), en un memorándum de 1970.

“Cada hogar, cada empresa, cada oficina —de hecho, cada estadounidense— contribuye cada día al flujo de residuos”, proclamaba Mobil en un anuncio publicado en un periódico en 1988. “Centrarse exclusivamente en […] la industria del plástico equivale a buscar un chivo expiatorio, no a resolver el problema”.

Un año después, el Consejo para las Soluciones de Residuos Sólidos, un grupo de presión del sector de reciente creación, publicó un anuncio de 12 páginas en la revista ‘Time’ titulado “La urgente necesidad de reciclar”. El anuncio calificaba al plástico de “producto milagroso” y “parte importante de nuestra vida cotidiana”.

“Los plásticos postconsumo ya son uno de los materiales más valiosos que se encuentran en el flujo de residuos”, continuaba el anuncio. “Demasiado valiosos como para desecharlos en los vertederos del país, cada vez más escasos”.

Sin embargo, los expertos del sector llevaban décadas esforzándose por transformar la economía para poder vender cada vez más productos de plástico de un solo uso.

“Ha llegado el feliz día en que ya nadie considera que los envases de plástico sean demasiado buenos para tirarlos a la basura”, declaró Lloyd Stauffer, editor de la revista especializada Modern Packaging, ante los directivos del sector en una conferencia celebrada en Chicago en 1963.

En las décadas de los setenta y los ochenta, los residuos plásticos se habían convertido en un problema demasiado evidente como para ignorarlo. El primer Día de la Tierra, celebrado en 1970, y la aprobación de importantes leyes medioambientales federales se consideraban una amenaza para los beneficios de la industria. Sin embargo, sus dirigentes llegaron a la conclusión, en privado, de que el reciclaje no funcionaría, a pesar de lo que su publicidad decía al público y de lo que sus grupos de presión transmitían a los legisladores.

“El reciclaje no puede considerarse una solución definitiva para los residuos sólidos, ya que solo retrasa el momento en que un artículo acaba siendo eliminado”, concluía el Vinyl Institute, una asociación sectorial, en el borrador de una ficha informativa de 1986. “En ese momento, los productos reciclados también pasan a formar parte de los residuos sólidos urbanos”.

Lewis Freeman recuerda haber asistido a reuniones por aquella época en las que los responsables del sector expresaban su escepticismo respecto al reciclaje del plástico, sobre todo porque consideraban que no era rentable.

Freeman era vicepresidente de la Sociedad de la Industria del Plástico, un grupo de presión formado por altos ejecutivos del sector petrolero y del plástico.

“Su principal gasto en aquella época era la publicidad televisiva en la que se ensalzaban las virtudes de los plásticos”, recordó Freeman en una entrevista con el Tribune. “En otras palabras, intentaban desviar la atención del problema de los residuos sólidos”.

Nacidos con microplásticos

Durante más de medio siglo, el plástico —desde botellas de agua hasta globos desinflados, pasando por envases de alimentos, fibras sintéticas de ropa, colillas de cigarrillos y polvo procedente de pinturas y neumáticos de automóvil— ha contaminado los Grandes Lagos y, con el paso del tiempo, se ha descompuesto en partículas minúsculas y de larga duración.

Los fragmentos desgastados y erosionados son microplásticos, definidos por los científicos como cualquier pieza de plástico de menos de 5 milímetros de longitud. Los gránulos de plástico, la materia prima que se utiliza para fabricar nuevos plásticos, también se consideran microplásticos. Las partículas aún más pequeñas, denominadas nanoplásticos, son más diminutas que el diámetro de un cabello humano.

Estos fragmentos de plástico, muchos de los cuales son imperceptibles a simple vista, se encuentran en el agua tratada de los Grandes Lagos que sale de los grifos. Según han revelado diversos estudios, en el agua embotellada se detectan concentraciones considerablemente más elevadas.

Plastic and other trash is collected by a boom from a stream at a water treatment facility, May 1, 2026, in Erie, Pennsylvania. (Brian Cassella/baiduhai)
Plásticos y otros desechos recolectados por una barrera flotante a lo largo de un arroyo que desemboca en el lago Erie, el 1 de mayo de 2026, en Erie, Pensilvania. (Brian Cassella/baiduhai)

Hay microplásticos en la cerveza. Y en los filetes de perca, lucioperca y pez blanco —alimentos básicos de las emblemáticas frituras y guisos de pescado del Medio Oeste—.

Los bebés nacen con microplásticos en el organismo. Las partículas de plástico se alojan en todos los órganos: el cerebro, el corazón, los ovarios y los testículos. Circulan por la sangre y pasan de la madre al niño a través de la placenta y la leche materna.

Los estudios demuestran que los microplásticos pueden provocar inflamación, lo que contribuye a una serie de enfermedades que, en conjunto, son responsables de más de la mitad de todas las muertes a nivel mundial.

Otros posibles culpables son las más de 16,000 sustancias químicas que pueden filtrarse de los plásticos. Al menos un tercio de ellas son tóxicas para los seres humanos o los animales, entre ellas los bisfenoles, que imitan a las hormonas, los ftalatos, los retardantes de llama y los PFAS, conocidos comúnmente como sustancias químicas eternas.

La mayoría de las demás sustancias químicas relacionadas con los plásticos no se han sometido a pruebas para determinar si son seguras.

Algunos científicos consideran que el aumento de la producción de estas sustancias químicas, y el hecho de que los plásticos las absorban o las liberen, están contribuyendo al aumento de la incidencia de ciertas enfermedades.

“Antes, la causa principal de las enfermedades solía ser un organismo vivo que transmitía un patógeno, como la malaria, de una persona a otra”, afirmó Tracey Woodruff, investigadora de la Universidad de Stanford. “Ahora tenemos organismos artificiales que provocan enfermedades crónicas no transmisibles”.

Prohibición de las microperlas

Cuando Mason, investigador de la Universidad de Gannon, comenzó a estudiar la contaminación por plásticos en los Grandes Lagos hace poco más de una década, las fundaciones, los gobiernos y los investigadores centraban su atención en los océanos del mundo.

En aquel momento, los informativos de televisión llamaban la atención sobre imágenes desgarradoras de residuos plásticos que obstruían los estómagos diseccionados de aves marinas muertas. Los documentales exploraban la acumulación de residuos plásticos arrastrados hacia enormes giros oceánicos —conocidos como “manchas de basura”— que se arremolinaban en el agua del mar.

Mason, que por entonces era químico atmosférico en la Universidad Estatal de Nueva York en Fredonia —a una hora en coche hacia el norte por la orilla del lago Erie—, prestó mucha atención a las investigaciones sobre el océano y un día decidió buscar en las bases de datos científicas cualquier información relacionada con la contaminación por plásticos en el agua dulce.

No encontró nada.

Se puso a hacer llamadas y encontró a alguien dispuesto a prestarle una red de arrastre de manta, una red de malla fina con armazón de aluminio que Mason y otros investigadores arrastraron por el lago Erie, el lago Hurón y el lago Superior durante el verano de 2012 a remolque del U.S. Brig Niagara, una réplica del velero con el que el comodoro Oliver Hazard Perry navegó hacia la victoria durante la Guerra de 1812.

La red de arrastre recogía un trozo de plástico tras otro, entre ellos guijarros procedentes de neveras portátiles de poliestireno, fragmentos desgastados de botellas de agua y puntas enteras de cigarrillos.

An exfoliating daily wash in the United Kingdom containing microbeads in 2016. (Yui Mok/PA)
Un limpiador facial exfoliante de uso diario en el Reino Unido que contenía microesferas en 2016. (Yui Mok/PA)

Otros hallazgos: esferas de plástico conocidas como microperlas añadidas a la pasta de dientes, el jabón de manos, los exfoliantes faciales y otros productos de higiene personal.

Los descubrimientos de Mason y otros investigadores conmocionaron a los líderes mundiales y dieron lugar a la prohibición de las microperlas. Los fabricantes sustituyeron esos diminutos plásticos por alternativas naturales, como semillas molidas y cáscaras de frutos secos.

“El lago Míchigan y los numerosos ríos y lagos de nuestro estado se encuentran entre nuestros recursos naturales más importantes”, declaró el entonces gobernador Pat Quinn en 2015, cuando promulgó la ley que prohibía las microperlas en Illinois. “Debemos hacer todo lo necesario para protegerlos”.

Abordar otras formas de residuos plásticos resultó mucho más difícil.

En un estudio de 2016 publicado en un momento en que los gobiernos de todo el mundo estaban prohibiendo las microperlas, Mason detectó altos niveles de fibras de plástico en todo el lago Míchigan: restos de tejidos derivados del petróleo, como el poliéster y el nailon, que se desprenden de las chaquetas de forro polar, la ropa deportiva y otras prendas sintéticas al lavarlas.

El tratamiento convencional de las aguas residuales filtra algunos microplásticos, incluidas las microfibras, pero cada día siguen llegando millones y millones de ellos a lagos, océanos y ríos. Estudios más recientes han revelado que las fibras minúsculas también salen expulsadas por los conductos de ventilación de las secadoras domésticas y llegan a las fuentes de agua potable.

Sherri Mason, a Gannon University researcher, looks over the boom that collects plastic and other trash from a stream at a water treatment facility, May 1, 2026, in Erie, Pennsylvania. (Brian Cassella/baiduhai)
Sherri Mason, investigadora de la Universidad Gannon, examina una barrera flotante que recolecta plástico y otros desechos en un arroyo que desemboca en el lago Erie, el 1 de mayo de 2026, en Erie, Pensilvania. (Brian Cassella/baiduhai)

La investigación de Mason sobre las microfibras en los Grandes Lagos echó por tierra una historia optimista sobre ejecutivos empresariales, líderes gubernamentales y defensores de la salud que colaboraban para prohibir las microperlas.

“Desde el fondo de la fosa de las Marianas hasta la cima del Everest, encontramos plástico por todas partes”, afirmó Mason durante una entrevista reciente. “Ahora sabemos que contamina en cada una de las etapas de su ciclo de vida”.

En 2024 volvió a visitar cinco de los mismos puntos del lago Erie en los que había tomado muestras una década antes. Las concentraciones de microfibras eran hasta 21 veces superiores a las que Mason había detectado en su anterior ronda de análisis.

Mason reconoció que todas las muestras que recogió eran instantáneas tomadas en un lago en constante cambio, pero los resultados sugieren que existe una necesidad urgente de llevar a cabo el mismo tipo de seguimiento rutinario que se realiza con las sustancias químicas tóxicas, los metales pesados y otros tipos de contaminación del agua regulados por la legislación medioambiental de Estados Unidos y Canadá.

‘Feroz oposición’

Más de la mitad del plástico que se ha fabricado hasta la fecha se ha producido desde el año 2010.

La producción mundial pasó de unos 2 millones de toneladas en 1950 a 475 millones de toneladas en 2022. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, se prevé que para 2060 se fabriquen la friolera de 1,200 millones de toneladas al año.

En sus comunicados a los inversores y en sus inversiones en nuevos equipos, las grandes petroleras y las grandes empresas químicas —que a veces son las mismas— dejan claro que dependen de los plásticos para mantener los márgenes de beneficio multimillonarios del sector, a medida que el mundo va dejando atrás el uso de combustibles fósiles para el transporte y la generación de electricidad.

Un ejemplo es Shell, que en 2022 inauguró una gigantesca planta química en el oeste de Pensilvania capaz de producir 1.6 millones de toneladas de gránulos de plástico al año. Los gránulos de plástico de Shell terminan dos horas más al norte, en Erie, y se envían a otros centros de fabricación de la zona de los Grandes Lagos, incluida la zona de Chicago.

The Shell Polymers Monaca petrochemicals complex operates below a residential community along the Ohio River, April 30, 2026, in Beaver County, Pennsylvania. (Brian Cassella/baiduhai)
El complejo petroquímico Shell Polymers Monaca opera bajo una comunidad residencial a lo largo del río Ohio, el 30 de abril de 2026, en el condado de Beaver, Pensilvania. (Brian Cassella/baiduhai)

Para finales de la década, Saudi Aramco, la mayor empresa petrolera del mundo con una presencia considerable en Estados Unidos, tiene previsto destinar aproximadamente un tercio de su producción a la fabricación de productos químicos para la industria del plástico, según un discurso pronunciado en 2018 por el presidente y director ejecutivo de la empresa.

Esta gigantesca empresa, propiedad de un petroestado, podría llegar a sintetizar suficiente plástico como para abastecer a todos los fabricantes de automóviles y aviones del mundo con las piezas de plástico de las que dependen ambas industrias.

ExxonMobil, la mayor empresa petrolera de Estados Unidos, está aumentando rápidamente su dependencia de los plásticos. Ha duplicado su capacidad en Baton Rouge (Luisiana), ha incrementado la producción en Beaumont (Texas) en un 60% y ha invertido 2,000 millones de dólares en su complejo de Baytown (Texas) para fabricar nuevos plásticos destinados a envases alimentarios, utensilios de cocina y juguetes, según documentos presentados ante la Comisión de Valores y Bolsa de Estados Unidos.

“Ninguno de nosotros votó a favor de más plástico”, afirmó Judith Enck, exadministradora regional de la EPA y directora de la organización sin ánimo de lucro Beyond Plastics, en una entrevista reciente.

“Pero cada vez que intentamos reducir la exposición al plástico, ya sea en las legislaturas estatales o en las reuniones de los ayuntamientos, nos encontramos con una feroz oposición por parte de los grupos de interés que quieren seguir produciendo cada vez más plástico y perpetuar el mito del reciclaje”, afirmó Enck, cuya organización ha documentado innumerables problemas relacionados con el reciclaje de plásticos. “No es sostenible”.

Los directivos del sector petrolero han afirmado que simplemente están respondiendo a las necesidades de los consumidores.

“Los mercados extranjeros son la motivación que impulsa nuestras inversiones”, declaró Darren Woods, director ejecutivo de ExxonMobil, en un comunicado de prensa de 2017 publicado en la página web de la empresa. “La oferta está aquí; la demanda está allí. Queremos seguir uniendo esos puntos”.

“Los clientes de Shell Polymers utilizarán nuestro polietileno para fabricar productos que vemos y usamos a diario: envases de consumo, tuberías, conductos y muchas otras soluciones para el día a día», afirmó Hilary Mercer, vicepresidenta sénior de Shell Polymers, en una publicación de Facebook con motivo de la inauguración de la planta de Pensilvania.

No se dispone de datos públicos sobre el número de fábricas dedicadas al plástico en la zona de los Grandes Lagos. Al parecer, la mayoría no fabrica plástico en bruto, sino que lo moldea para crear diversos productos.

Según un análisis realizado por el Tribune de los códigos del sector disponibles públicamente, hay más de 1,100 fabricantes de productos de plástico en la parte estadounidense de la región de los Grandes Lagos. Cada una de esas fábricas vierte residuos en las alcantarillas, que finalmente desembocan en la mayor fuente de agua dulce superficial del mundo.

Hay muchas otras empresas clasificadas bajo un código de “fabricación diversa” que incluye fábricas no dedicadas al plástico.

Algunos de los productos que fabrican esas empresas acaban descomponiéndose en los Grandes Lagos o llegando a las costas.

“Casi todo lo que recogemos es plástico”, afirmó Andrew Scarpelli, un ciudadano de Chicago que coordina campañas de limpieza de playas en colaboración con la organización sin ánimo de lucro Alliance for the Great Lakes. “No puedo evitar pensar que la gente de estas empresas sabe que lo que están haciendo no está bien. Pero nunca se les ha exigido responsabilidades”.

Ideas erróneas sobre el reciclaje

Los fabricantes señalan que suministran componentes para dispositivos médicos que salvan vidas, turbinas eólicas y paneles solares, así como piezas que mejoran la eficiencia energética de los automóviles.

“Los plásticos desempeñan un papel fundamental en la economía estadounidense, en la fortaleza del sector manufacturero y en la transición hacia un futuro con menores emisiones de carbono”, afirma en su página web el Consejo Americano de Química, la principal asociación comercial de fabricantes de productos químicos y plásticos.

En un anuncio online patrocinado en The Washington Post se incluye una declaración emotiva atribuida a Ross Eisenberg, presidente de la división de plásticos del consejo.

“Este verano mi padre estuvo en el hospital”, dice Eisenberg en el anuncio financiado por el ayuntamiento, presentado en formato de preguntas y respuestas. “El plástico ayudó a mantenerlo con vida: su tubo de traqueotomía, sus goteros intravenosos, los instrumentos estériles… todo era de plástico. No te paras a pensarlo, no te das cuenta, pero el plástico está ahí para todas estas cosas increíbles”.

Quienes luchan por reducir el uso del plástico reconocen que este beneficia a la sociedad de múltiples maneras.

Sin embargo, según las Naciones Unidas, la mitad de toda la producción de plástico se destina a artículos de un solo uso no médicos —cubiertos, botellas de refrescos, vasos de café, envases para comida para llevar, film transparente, bolsas de la compra, paquetes de envíos online y similares— que se tiran rápidamente.

Parte de los residuos se queman, lo que genera contaminación atmosférica cancerígena. Según ha constatado la EPA, la mayor parte se vierte en vertederos o acaba como basura arrastrada por las aguas hasta lagos, océanos y ríos.

La EPA ha constatado en repetidas ocasiones que apenas se recicla, a pesar del triángulo con flechas entrelazadas que aparece grabado en el plástico —una estrategia de marketing de la industria de los años 80 que se inspiró en el objetivo utópico del movimiento del Día de la Tierra de una economía circular en la que todo pudiera reutilizarse una y otra vez.

“Soy un gran admirador del sector, pero me decepciona que no haya avanzado más en los últimos cuarenta años”, afirmó Freeman, antiguo representante de los intereses del sector. “Si se enfrentaran a cualquier otro tipo de problema con estos productos y tardaran cuarenta años en encontrar una solución, las empresas implicadas acabarían cerrando”.

El plástico marcado con el n.º1 (polietileno tereftalato o PET) o el n.º 2 (polietileno de alta densidad o HDPE) puede reutilizarse de alguna forma, por ejemplo, tejido para confeccionar prendas de forro polar, comprimido para fabricar bancos de parque o, si el plástico está lo suficientemente limpio, para fabricar nuevas botellas de agua.

Sin embargo, los aditivos que dan color a los productos o los hacen rígidos, flexibles o resistentes a otras sustancias químicas también hacen que la mayor parte del plástico carezca de valor para las empresas de reciclaje, según explicó Sanat Kumar, un científico especializado en polímeros de la Universidad de Columbia que ha dedicado la mayor parte de su carrera a mejorar la eficacia de las cadenas químicas del plástico.

“Me he pasado la vida explicando a la gente cómo usar el plástico”, dijo Kumar durante una conferencia celebrada en enero en la que participaron científicos que estudian los microplásticos. “Ahora que me acerco al final de mi carrera, estoy cambiando de rumbo para decirle a la gente lo perjudicial que es”.

A worker sorts through recyclable materials at Recology's Recycle Central on Sept. 24, 2024 in San Francisco, California. California Attorney General Rob Bonta has filed a lawsuit against ExxonMobil, alleging the oil and gas corporation misled consumers by telling them that recycling was a viable solution for plastic waste. (Justin Sullivan/Getty)
Un trabajador clasifica materiales reciclables en el centro Recycle Central de Recology el 24 de septiembre de 2024, en San Francisco, California. El fiscal general de California, Rob Bonta, demandó a ExxonMobil, alegando que la corporación de petróleo y gas engañó a los consumidores al afirmarles que el reciclaje es una solución viable para los residuos plásticos. (Justin Sullivan/Getty)

Otro problema es que la calidad del plástico se degrada rápidamente, señaló Kumar. En el mejor de los casos, solo se puede reutilizar una o dos veces, a diferencia del aluminio, que se puede reciclar indefinidamente sin perder su resistencia ni su integridad estructural, o del papel, que se puede reciclar hasta siete veces.

En general, existen incentivos económicos que favorecen el uso cada vez mayor de plástico nuevo.

“Si hablas con gente del sector, te dirán que no quieren reciclar porque es demasiado caro”, afirmó Kumar. “El bajo coste (de fabricar plástico virgen) es lo que acabará volviéndose en nuestra contra”.

El Consejo Americano de Química reconoce ahora que los métodos tradicionales de reciclaje a menudo no funcionan con el plástico, a pesar de que durante décadas la publicidad del sector afirmó que el problema de los residuos desaparecería si la gente simplemente depositara más plástico en los contenedores azules de reciclaje.

“No es adecuado para plásticos complejos, como las bolsas de patatas fritas, que tienen siete capas de plástico y una capa de papel de aluminio para mantener las patatas crujientes”, afirma Eisenberg, jefe de la división de plásticos del consejo, según se cita en el anuncio de noviembre de la asociación sectorial publicado online por The Washington Post.

Otros señalaron que una sola comida de comida rápida contiene varios tipos de plásticos que no se pueden reciclar juntos.

En una respuesta por correo electrónico a las preguntas del Tribune, un portavoz de Eisenberg afirmó que la industria del plástico está trabajando para rediseñar sus productos con el fin de que sean más reciclables.

“Un mejor diseño de los productos y una mayor inversión en nuestro sistema de reciclaje pueden contribuir a aumentar el reciclaje”, declaró el portavoz del consejo en un comunicado atribuido a Eisenberg.

Los directivos de las empresas petroleras y químicas llevan décadas repitiendo argumentos similares. Una y otra vez, cuando la preocupación por la contaminación plástica pasa a ocupar un lugar destacado en la conciencia pública, los grupos industriales recurren a tácticas bien ensayadas destinadas a eludir el escrutinio.

A finales de la década de 1980, por ejemplo, los fabricantes respondieron a las medidas adoptadas por ciudades y estados para prohibir algunos de los productos de la industria comprometiéndose a que, para 1995, se reciclaría el 25% de todo el plástico.

Un año antes de la fecha límite que se habían fijado, un directivo de Exxon Chemical declaró ante un grupo del sector: “Estamos comprometidos con las actividades (de reciclaje de plásticos), pero no con los resultados”, según unas notas manuscritas tomadas por un funcionario del ya desaparecido American Plastics Council y a las que ha tenido acceso la organización sin ánimo de lucro Center for Climate Integrity.

El mismo directivo de Exxon Chemical advirtió a sus colegas que no pusieran por escrito nada que revelara que la industria no cumpliría su promesa. “ALTAMENTE SENSIBLE DESDE EL PUNTO DE VISTA POLÍTICO”, escribió el responsable de la asociación sectorial en sus notas, según muestran los registros.

Más recientemente, la Asociación Nacional de Recursos de Envases de PET (NAPCOR), un grupo que representa a los fabricantes de plástico n.º 1, lanzó la campaña “Positively PET”.

Según documentos internos del sector filtrados a Fieldnotes, un grupo de vigilancia centrado en la industria del petróleo y el gas, una de las estrategias del grupo para influir en la opinión pública consistió en pagar a influencers de TikTok para que difundieran mensajes a favor del plástico.

La EPA ha concluido que, si se tienen en cuenta todos los tipos de plástico, la tasa anual de reciclaje en Estados Unidos nunca ha superado el 10%. En los últimos años, la tasa nacional de reciclaje de plásticos se ha mantenido en torno al 5%.

Una versión anterior de las tácticas de relaciones públicas de la industria surgió en la década de 1970, cuando lo que se conoció como el “anuncio del indio que llora” inundó las pantallas de televisión.

En el anuncio, un actor vestido con trajes indígenas rema por un río lleno de basura. Cuando lleva la canoa a la orilla, rodeado de más basura, la cámara se centra en su expresión severa.

“Hay quienes sienten un respeto profundo y duradero por la belleza natural que un día caracterizó a este país”, dice con voz grave la voz en off mientras la publicidad muestra a un pasajero de un muscle car tirando despreocupadamente una bolsa de comida rápida que acaba salpicando a los pies del actor. “Y hay quienes no”.

An image from the "Crying Indian Ad" which aired on television in the 1970's and was financed by the organization Keep America Beautiful. Unbeknownst to viewers at the time, it was an industry front group for Coca-Cola, PepsiCo, Dart and other big plastic users in the beverage and packaging industries. (YouTube)
Una imagen del ‘anuncio del indio llorón’, que se emitió en televisión en la década de 1970 y fue financiado por la organización Keep America Beautiful. Lo que los espectadores desconocían en aquel entonces era que se trataba de un grupo de fachada de la industria, al servicio de Coca-Cola, PepsiCo, Dart y otros grandes consumidores de plástico de los sectores de bebidas y envases. (YouTube)

El mensaje: son los consumidores, y no los fabricantes, los responsables de la contaminación del medio ambiente.

El anuncio fue financiado por una organización llamada Keep America Beautiful. Sin que los espectadores lo supieran en aquel momento, se trataba de una organización de fachada creada por Coca-Cola, PepsiCo, Dart —el fabricante de los omnipresentes vasos rojos Solo— y otras grandes empresas consumidoras de plástico de los sectores de las bebidas y el embalaje.

Las grandes tabacaleras fueron otro de los principales patrocinadores.

Según documentos presentados ante el Servicio de Impuestos Internos, tan recientemente como en 2021, el principal patrocinador de Keep America Beautiful fue Altria Group, la última encarnación de la tabacalera Philip Morris. Entre los principales contribuyentes de ese año se encontraban también Dow Chemical y Anheuser-Busch.

En una demanda presentada en 2024 contra ExxonMobil por el fiscal general de California, Rob Bonta, se describen otras tácticas cuestionables del sector; Bonta acusa a la empresa petrolera y química de mentir durante décadas sobre la capacidad de reciclar plásticos.

“A veces se tiene una ‘prueba irrefutable’ que resuelve un caso”, declaró Bonta en abril durante una conferencia de la Sociedad de Periodistas Ambientales celebrada en Chicago. “Este caso está lleno de ellas”.

En 1991, por ejemplo, NAPCOR, el grupo que representa a los fabricantes de plástico n.º 1, publicó un anuncio en la revista Ladies’ Home Journal en el que se afirmaba que “una botella puede volver a ser una botella, una y otra vez”, algo que, según los documentos, los ejecutivos del sector reconocieron en privado que no es físicamente posible.

Unos meses más tarde, Wal-Mart publicó un anuncio a toda página en el Tribune en el que instaba a los lectores a “reciclar el plástico para ahorrar espacio en los vertederos”, con motivo del Día de la Tierra. Por esas mismas fechas, según muestran los registros del sector, Shell reiteró su conclusión de que “el reciclaje se ve limitado por las restricciones en materia de recogida, mercado y economía”.

Después de que Bonta demandara a ExxonMobil hace dos años, la empresa respondió demandando a California, alegando que la demanda del fiscal general pretende frustrar lo que la empresa denomina “reciclaje avanzado”, un nuevo nombre para un proceso ya conocido que utiliza calor o productos químicos para descomponer los plásticos.

“Nuestra inversión en reciclaje avanzado se centra en satisfacer la necesidad de la sociedad moderna de disponer de materiales de uso cotidiano, al tiempo que contribuimos a abordar el problema de los residuos plásticos”, declaró una portavoz de la empresa al Tribune en una respuesta por correo electrónico a una lista detallada de preguntas. “Nos negamos a permitir que otros ataquen nuestra reputación y nuestra tecnología para obtener beneficios económicos y políticos”.

Imperial Oil, la filial canadiense de ExxonMobil, demandó al Gobierno del país en 2021 por clasificar los plásticos como sustancias tóxicas en la ley fundamental de protección medioambiental de Canadá. Un tribunal de apelación revocó la sentencia del juez de primera instancia que anulaba la ley, pero una coalición de empresas petroleras y del sector del plástico ha solicitado al Tribunal Supremo de Canadá que dicte una resolución definitiva.

Aún no está claro si el primer ministro Mark Carney defenderá la ley, promulgada durante el mandato de su predecesor, el también líder del Partido Liberal, Justin Trudeau. En diciembre, Carney anuló una prohibición de la época de Trudeau sobre la exportación de plásticos de un solo uso fabricados en Canadá, pocos días antes de que entrara en vigor.

“Retirar la prohibición de exportación es un obstáculo para avanzar en una cuestión de enorme importancia con repercusiones a nivel mundial”, afirmó Lindsay Beck, abogada de la organización canadiense sin ánimo de lucro Ecojustice, quien señaló que el Gobierno de Trudeau se había fijado el objetivo de alcanzar cero residuos plásticos para 2030.

Julie Dabrusin, ministra de Medio Ambiente del Gobierno de Carney, rechazó varias solicitudes de entrevista por parte del Tribune.

Por ahora, al menos, el Gobierno de Estados Unidos se muestra favorable a los fabricantes de plásticos. Lo máximo a lo que se ha prestado la Administración Trump es a empezar a realizar análisis para detectar microplásticos en las redes públicas de agua.

Varios veteranos de la industria química ocupan puestos de alto nivel en organismos reguladores durante el segundo mandato del presidente Donald Trump. El año pasado, el Gobierno, junto con Arabia Saudí y Rusia, frustró los intentos de otros países de limitar la producción mundial de plásticos y de tener en cuenta todas las repercusiones medioambientales de los plásticos en el marco de un tratado de las Naciones Unidas.

En abril, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de Trump tomó medidas para flexibilizar los límites federales de contaminación atmosférica aplicables a las instalaciones que descomponen los residuos plásticos mediante un proceso a alta temperatura denominado pirólisis y producen una sustancia oleosa de baja calidad, que, en teoría, puede utilizarse para fabricar plástico nuevo. La EPA pretende eliminar de la normativa federal la definición tradicional de las instalaciones de pirólisis como incineradoras, lo que constituye otro de los objetivos del sector.

Los responsables de la Administración Trump se hacen eco de los ejecutivos del sector, que denominan a este proceso “reciclaje avanzado”. Afirman que resolverá la crisis mundial de los residuos plásticos.

“El reciclaje avanzado ofrece algo que el reciclaje convencional nunca podría ofrecer: una forma de descomponer realmente el plástico, desintegrándolo pieza a pieza hasta que no quede nada más que las materias primas con las que se fabricó originalmente”, afirmó Lee Zeldin, administrador de la EPA bajo el mandato de Trump, en un artículo de opinión publicado en abril por The Hill, un sitio web político.

Algunas de las pocas instalaciones de pirólisis que están en funcionamiento tienen un historial medioambiental irregular. Otras han acabado en quiebra. La demanda presentada en California contra ExxonMobil alega que no más del 8% de los residuos enviados a la planta de la empresa en Baytown (Texas) se transforma en plástico nuevo.

Plastic is loaded onto a conveyer belt at ExxonMobil's chemical recycling plant on Oct. 11, 2023, in Baytown, Texas. ExxonMobil's facility is one of only 11 US chemical recycling plants constructed, according to an October report by Beyond Plastics, which said the small number is indicative of a process that is "energy-intensive, expensive, and infeasible." Even if all 11 were operating at full capacity, the report said, they would handle less than 1.3 percent of US plastic waste generated per year. (Sergio Flores/Getty-AFP)
Una carga de plástico en una cinta transportadora en la planta de reciclaje químico de ExxonMobil el 11 de octubre de 2023, en Baytown, Texas. (Sergio Flores/Getty-AFP)

Según alega la demanda, en privado, los directivos del sector se han mostrado desde hace tiempo escépticos ante cualquier iniciativa que no sea la fabricación de plástico nuevo. La pirólisis es un “proceso fundamentalmente antieconómico”, afirmó Irwin Levowitz, vicepresidente de Exxon Chemical, a sus colegas en 1994, según la demanda.

La EPA de Trump defendió sus propuestas de revocación de regulaciones en respuesta a una lista detallada de preguntas.

“Hay cerca de 90 posibles instalaciones de reciclaje avanzado listas para construirse en todo Estados Unidos, pero la incertidumbre normativa está frenando su desarrollo”, afirmó la agencia en un correo electrónico. “Los marcos normativos inconsistentes a nivel estatal han agravado aún más el problema”.

‘Arcoíris y unicornios’

Varios estados están intentando frenar la contaminación por plásticos ante la falta de medidas a nivel federal.

Una ley de California exige que se establezcan límites a los microplásticos en el agua potable. Algunos estados han prohibido determinados plásticos de un solo uso. Ontario y siete estados de EE.UU. han adoptado leyes de “responsabilidad ampliada del productor” que obligan a los fabricantes a financiar programas destinados a reducir el uso del plástico y mejorar la eficacia del reciclaje.

Otras leyes aprobadas recientemente en Illinois exigen la instalación de puntos de recarga de botellas en los recintos donde se celebran grandes eventos, prohíben la distribución de minifrascos de artículos de aseo en los hoteles y autorizan el uso de envases traídos de casa para la comida para llevar. El jueves, la Asamblea General remitió al gobernador JB Pritzker un proyecto de ley que obligaría a las empresas de Illinois que utilizan gránulos de plástico a limitar los residuos que vierten en los cursos de agua.

Las grandes petroleras y las grandes empresas químicas han bloqueado o frenado otros muchos intentos de abordar la crisis de los residuos plásticos, entre ellos una legislación que prohibiría los envases de poliestireno para alimentos en todo el estado, definiría los microplásticos como contaminantes según la legislación estatal y exigiría el uso de filtros de microfibra en las lavadoras.

Mason, el investigador de la Universidad de Gannon, aprendió por las malas cómo la industria puede obstaculizar las iniciativas medioambientales y a las personas que las impulsan.

Sherri Mason, a Gannon University researcher, and David Masur, executive director of PennEnvironment, lead a group of volunteers to find plastic pellets, pieces the size of a pencil eraser, washed up on the Lake Erie beachfront on May 2, 2026, along Presque Isle State Park in Erie, Pennsylvania. (Brian Cassella/baiduhai)
Sherri Mason, investigadora de la Universidad Gannon, y David Masur, director ejecutivo de PennEnvironment, dirigen a un grupo de voluntarios en busca de gránulos de plástico, fragmentos no mayores que un grano de arroz, arrastrados hasta la orilla del lago Erie el 2 de mayo de 2026, a lo largo del Parque Estatal Presque Isle, en Erie, Pensilvania. (Brian Cassella/baiduhai)

Durante la exitosa campaña de hace una década para prohibir las microperlas, llamó la atención de la opinión pública sobre el problema y recibió premios de organizaciones filantrópicas. Un responsable de la sede de Erie de la Universidad Estatal de Pensilvania contrató a Mason para que ocupara el puesto de coordinadora de sostenibilidad de la universidad.

Unos meses después de que ella aceptara el puesto, el patrocinador de Mason se jubiló. Su sustituto: un antiguo ingeniero plástico.

Resulta que la ingeniería de plásticos es una de las carreras más demandadas en la Penn State Behrend de Erie. Tres edificios del campus llevan el nombre de los fundadores de empresas locales de fabricación de plásticos.

“Al principio todo era de color de rosa”, comentó Mason sobre su paso por la Universidad Estatal de Pensilvania. “Pero luego me dijeron que, si quería conservar mi puesto, tenía que dedicarme a investigar en favor de la industria del plástico”.

En lugar de eso, decidió dimitir.

Robb Frederick, portavoz de la universidad, afirmó que Mason se marchó para dedicarse a otros proyectos. “La libertad académica es fundamental para el papel de Penn State como institución subvencionada por el Estado, por lo que en ningún momento se le pidió que pusiera fin, suspendiera o reorientara su investigación”, declaró Frederick en un correo electrónico.

Mason no quería marcharse de Erie. Su marido es politólogo en Gannon, una universidad católica de la zona. Al rector de la universidad le cayó bien y decidió que sería la persona ideal para dirigir un nuevo centro dedicado a la divulgación sobre el lago Erie y a la investigación de las amenazas que se ciernen sobre este Gran Lago.

Ahora, Mason se dedica por un lado a animar a los escolares a que aprecien el lago y, por otro, a recabar el apoyo de fundaciones sin ánimo de lucro para ayudar a proteger este extenso ecosistema de agua dulce.

“Es increíble que haya niños que vivan a menos de tres kilómetros del lago Erie y no sepan que existe”, comentó Mason mientras dábamos una vuelta por la ciudad. “Como aquí hay tanta industria del plástico, hay mucha gente que vive de ella. Pero también es la responsable de contaminar el lago que tanto queremos”.

—Traducción por José Luis Sánchez Pando/TCA