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Rocío Boliver (Ciudad de México, 1956), es artista de performance, mejor conocida como “La Congelada de Uva”.

“La Biblia enseña que la mujer trajo el pecado y la muerte al mundo y que precipita la caída de la raza humana, pero “La Congelada de Uva” vino a darnos una segunda oportunidad. “La Congelada, aparición milagrosa de las nuevas relaciones del sexo”, escribió Juan José Gurrola.

Sus performances se centran en la crítica a la opresión de las mujeres, un trabajo caracterizado por el extremo dolor físico que deviene de un trauma psicológico. Debido a la desnudez explícita y a la violencia de sus actos en contra de los tabúes, Rocío se ha convertido en un ícono de la contracultura no sólo en México sino a nivel internacional, prácticamente, le ha dado la vuelta al mundo presentando su trabajo, que ha marcado nuevas tendencias y logrado cambios importantes sobre todo en el devenir de las mujeres.

La contracultura aparece muchas veces sumergida y marginal por la enorme fuerza del imaginario social del sistema que establece creencias, gustos, morales y patrones anquilosados, los que a su vez crean modelos de conducta y de “comportamientos correctos” que originan represiones muchas veces feroces y terribles que pertenecen a un pasado soso; tal es el caso de la reciente cancelación de su performance en el marco de Homografía/Homography, Festival Queer de video y performance belgamexicano, llevado a cabo en Recyclart, Bruselas. Durante la potente performance de Rocio Boliver el público se alborotó, como suele pasar en sus acciones, y a Chris Miller el director, se le fue de las manos el control, no supo resolverlo y desatinadamente canceló la pieza de Boliver.

“Homografía: sexualidad más allá de la norma” manifiesta su derecho queer a la diversidad e inclusión efectiva, pero con esta cancelación sólo mostraron que desde sus normas no aceptan la diversidad ni inclusión y violentamente castigan y excluyen a todo aquel que no concuerde con “sus propias normas”. ¿Quiénes son entonces los represores? ¿Por qué los excluidos excluyen a Boliver? ¿O son toda una bola de fascistas excluyentes?   Hablaremos de cómo nace “La Congelada de Uva” y todas las peripecias que tuvo que enfrentar en sus inicios por atreverse a realizar acciones tan explícitas y extremas, pero quiero empezar con esta última censura que vivió hace apenas un par de meses en el Festival Homografía/Homography.

Rocío Boliver, artista de performance, mejor conocida como 'La Congelada de Uva'.
Rocío Boliver, artista de performance, mejor conocida como ‘La Congelada de Uva’.

¿Cómo ha cambiado Rocío Boliver desde ‘Rewin’ (1997) hasta ‘Homografía’ (2022) donde presentaste un performance el pasado 1 de octubre en Bruselas?

Bueno, me impacta que mis performances sigan descolocando a la gente y que continúen causando polémicas tan brutales. Continúo creando emociones potentes; manejo conceptos que llegan al inconsciente y que abren puertas muy oscuras que estallan en ira muchas veces. Es obvio que nos aterroricemos de nosotros mismos cuando nos abren nuestra caja de Pandora, pero por otro lado es muy curativo asomarse a ver todos nuestros demonios. Una parte mía que aparece durante el trance de la performance logra encarar a la gente con aquello de lo que quiere huir.

Ciertas performances implosionan en “el yo del individuo” y es cuando se le derrumban sus preceptos y enfrenta la angustia de sufrir trastorno de despersonalización-desrealización.

Hace unos meses recibí la invitación por parte de Chris Miller, director en Bruselas del Festival Homografía/Homography que se auto promueve como un evento queer de performance y video “enfocado en una sexualidad más allá de la norma”.

Cabe decir que por lo que viví en Homografía, puedo asegurar que ellos se jactan de romper con las “normas sociales establecidas”, pero que ellos castigan y excluyen a quienes rompen con “sus propias normas impuestas”, de igual manera que el poder que los excluye. Ambos utilizando el fascismo que se caracteriza por juzgar sistemáticamente a la gente, utilizar los sentimientos de miedo y frustración con violencia y represión, tal como lo hicieron conmigo.

Mi performance fue el 1 de octubre del 2022. Un día antes se tenía proyectada una plática para que diera a conocer mi trabajo, con el propósito —dijo Miller— de que el público conociera mi trabajo de performance que conlleva acciones extremas con mi cuerpo y pueden resultar chocantes para cierto público.

La plática serviría como alerta para que la gente muy sensible se abstuviera de ir o que si iban y se sentían perturbadas, podrían abandonar el espacio.

Sé por experiencia que hay mucha gente que no tolera ver sangre o que no puede presenciar la autolesión o imágenes de sexo explícitas.

Sin tomar esto en cuenta, programaron una performance a la misma hora que mi plática y esta otra actividad jaló mucha gente y prácticamente nadie que no conociera mi trabajo fue a mi plática. Fue por eso que al día siguiente llamé por teléfono al Sr. Miller y le dije que era muy importante que antes de iniciar mi performance me presentara, hablara un poco de mi trabajo extremo y les recordara a los asistentes que en caso de estar incómodos durante mi performance, podían abandonar la sala.

De hecho, en los volantes digitales se anunció que mi pieza podía herir la susceptibilidad de algunas personas y que la performance no era para todo público. Me sentí tranquila cuando Miller me dijo que él haría la introducción y así los presentes sabrían qué hacer.

Sin embargo, en la presentación, el director sólo mencionó mi nombre y jamás señaló nada de lo que habíamos acordado.

He de aclarar que cuando se hace una performance el artista entra en un estado de trance hipnótico y todos los sentidos se alteran, así como la segregación de químicos del cuerpo.

Estaba realizando una pieza fuerte, dolorosa y a medio performance vi a lo lejos a una chica con un vaso de vino que venía caminando directamente hacia mí. Yo continúe con mi acción. De repente me doy cuenta que está a un paso parada frente a mí y me increpa: “¿por qué estás haciendo esto?”, traté de no tomarla en cuenta, pero ella continuó inquiriéndome, entonces mi reacción instintiva fue violenta, traté de acercar su cara hacia mi pubis que sangraba.  Ella empezó a gritar, la solté y mientras decía eso le agarré el vaso y le tiré el vino a la cara, se cubrió el rostro y comenzó a sollozar y se fue caminando fuera de la sala.

Yo seguí con mi rutina cuando de repente una mujer de la organización, enojada, grita y da por finalizado mi performance acusándome de abuso sexual.

Mientras, el director del Festival pide al público que abandonara el lugar. Entonces el público se divide entre los que indignados obedecían las órdenes del director y los que se oponían a que censuraran mi pieza.

Fui directamente donde estaba Chris Miller y le cuestioné por cancelarme.

En ese momento negó todo y dijo que él no había sido, que no sabía lo que había pasado, aunque al día siguiente confesó que él había dado la orden a la mujer para que fuera a cancelarme.

Cuando explicaba que era evidente la agresión de la chica que se interpuso durante mi presentación, me rebatieron que ella no me había tocado y que yo sí a ella. Defendieron su intromisión diciendo que “parecía que estaba borracha pero que sólo había ido a hacerme una pregunta de buena manera”.

Mucho se ha trabajado para que ante las agresiones pasivas la mujer pueda defenderse de maltrato.

Hay agresiones en las que no es necesario tocar a la persona para dañarla, en ocasiones peores que los golpes.

Por otra parte, cómo puede llamarse director de un Festival de Performance quien no comprende la esencia del Arte Acción. Que en la delimitación del espacio performático se crea un entendido en que todos los presentes, público y artistas se saben dentro de un contexto y lo que pasa en la performance debe leerse como parte de la obra. Romper con ese entendido es salirse del acuerdo y tomar lo que está sucediendo desde lo personal. Era obvio que ese mal llamado Festival de Performance no era otra cosa que un reventón extremo donde había todo el permiso para excederse, los performances eran otro divertimento más y todo eso me parece muy bien pero por eso pedí explícitamente que para que las cosas no se salieran de control, se insistiera en dejarle claro a los presentes que la línea que yo manejo podría detonar reacciones negativas pero el director no tomó en cuenta mi preocupación y pasó exactamente lo que temí: el ambiente no era propicio para tomar con seriedad y respeto mi propuesta artística. Esto puedo decirlo pues me respaldan treinta años de estar en Festivales de performance en prácticamente todas las latitudes del mundo.

Lo que pasó fue muy injusto y peor aún que pasados casi dos meses no me quieren pagar ni me quieren dar la documentación. No sólo me deben mis honorarios, sino que el director me pidió que pagara los vuelos de avión y que posteriormente él me rembolsaría la cantidad, cosa que tampoco ha hecho; esos vuelos los pagué con dinero de mi bolsillo. Ha sido el mismo Chris Miller quien me contesta con evasivas y hasta burlas y tomaduras de pelo como mandarme fotos de la documentación en un formato tan tamaño que no es posible usarlas. Es muy injusto lo que están haciendo.

A nadie se le está permitido interrumpir a los artistas en una obra de teatro, o a un músico, cantante, o jugadores de ningún deporte. Me pregunto por qué en mi presentación no sólo se avala la intromisión, se considera a la persona que me interrumpió, se minimiza su proceder, y es a mí a quien condenan.

¿Cómo nace Rocio Boliver, ‘La Congelada de Uva’?, ¿’Equivalente celestial o pasaje al infierno’?

Bueno, La Congelada de Uva nace en 1992; de hecho, mi vida ha pasado frente al público literalmente. Fui modelo durante varios años, posteriormente hice televisión como presentadora de noticias en diversas cadenas de televisión y de radio, fungí como productora de series y documentales, luego me dediqué a realizar videos para la secretaría de gobernación y protección civil en el centro nacional de prevención de desastres, fue ahí justamente “en los desastres”, donde encontré el personaje.

Venía de la televisión mexiquense, y tuve un problema en cuanto a la libertad de expresión, a partir de ahí, me vinculé hacia la literatura, empecé a escribir el libro Saber Escoger, que fue una publicación de relatos eróticos que ahora cabe en la construcción de lo que es el post-porno. La revista Generación de Carlos Martínez Rentería empezó a publicarme a la par que yo estaba en gobernación, esto dio como resultado que me corrieran tanto de gobernación como del programa que yo tenía en TV Azteca, que se llamaba La Polaca. Debido a la censura de mi literatura y del Arte Acción salí de los medios de comunicación y entré de lleno a la performance, disciplina que conocí a partir de algunas presentaciones de la revista Generación y me quedé flipando, sabía que ahí había algo que se expresaba con mi lenguaje.

Desataron contra mí una guerra psicológica para obligarme a renunciar y no tener que pagarme la indemnización que me correspondía. Se vino sobre mí la segregación de mi entorno, tanto del trabajo como de “amigos” y hasta de mi familia. Empezar a hacer performance trajo consigo una lluvia de señalamientos ofensivos hacia mi persona. Reprimendas y discriminación fue lo que viví algunos años de manera brutal y aún hoy, pero con una nueva conciencia que me permite hasta cierto punto manejarla y asumirla de manera más inteligente.

Pasé por una fuerte depresión, pero nunca dejé de hacer performance hasta que me fui recuperando y me dediqué de lleno al arte.

¿Por qué ‘La Congelada de Uva’?

Bueno, cuando yo empecé a hacer performance estaba trabajando para la secretaría de gobernación y tv azteca; todos me conocían por mi nombre: Rocío Boliver.

Cuando empecé a realizar performances más fuertes estéticamente me puse el pseudónimo de “La Congelada de Uva”; no quería perder mis trabajos, hacía unos años me había separado del padre de mi hijo y él todavía era muy pequeño. La Congelada de Uva nace de una suma de conceptos. En la jerga de televisión se dice que “te congelan” cuando ya no quieren que salgas en pantalla. Sabía que, si continuaba haciendo performance extremo me “congelarían” en TV y sería “una congelada.” Vinculé las “bolis” al acto de usarlas de chica como dildos para masturbarme. En la primaria me encantaba chupar esas bolsitas con forma fálica con agua congelada y sabores diversos y las de uva eran mis preferidas. A solas, en mi intimidad me las metía por la vagina y cuando se hacía líquido el hielo terminaba chupándolas. La uva me llevó al vino y el vino a Dionisio, dios griego del vino y las orgías. “Congelada pero llena de placer”; sí, una congelada dionisiaca. Finalmente me descubren en Gobernación, vienen las amenazas de perder mis trabajos si prosigo con la performance y heme aquí, treinta años de Arte Acción o performance Art y desde entonces no he dejado de presentar mi trabajo por prácticamente todo el mundo. Mis piezas siguen causando polémica y conmoción muchas veces.

Mi propuesta estética enfrenta, reta y cuestiona al público. Soy radical, contundente y las imágenes que logro son muy poderosas, llegan hondo y desarman las máscaras que llevamos en la vida cotidiana. Se abren las cajas de Pandora y les propongo que saquen sus demonios y armemos aquelarres conceptuales.

Cuando empecé fui muy criticada, más aún por las feministas que estaban en contra de mi trabajo porque argumentaban que me exponía como objeto sexual; posteriormente curadores, historiadores del arte y alumnos que egresaban de carreras de Arte comenzaron a estudiar mi propuesta conceptual y estética. Se me ubicó en el postfeminismo, en la post-pornografía y hasta en lo queer.

Soy una artista autodidacta, aunque sí nací en el seno de una familia de artistas, intelectuales; gente culta y sensible. Fue en mi casa, rodeada de experiencias estéticas, donde mamé mi cultura y estudié artes y humanidades de manera autodidacta debido a que pasé varios años en cama por una enfermedad llamada glomerulonefritis.

La casa de mis padres tenía una extensa biblioteca de donde me abastecí de cultura.

Mi padre fue mi mentor, Ángel Boliver, pintor muralista mexicano. Vivíamos en Coyoacán donde habitaron y compartieron los artistas e intelectuales del momento: Diego Rivera, Frida Kahlo, Siqueiros, Manuel Álvarez Bravo…,  todos ellos amigos y compañeros de la familia. Fui testigo de pláticas y discusiones de arte, de filosofía, religiones y cuantos, más temas interesantes en esa época en donde se invertía tiempo en conversar, discurrir y hasta discutir exaltadamente de conceptos más abstractos .

Al sanar de la enfermedad que me mantuvo en cama y mi incapacidad para  acoplarme a los métodos educativos, dejé las escuelas. Por mi físico me convertí en modelo de moda para pasarela, fotografía y anuncios para televisión. Como modelo profesional, me fue muy sencillo dar el salto a la televisión y la radio. Trabajé 20 años en los medios de comunicación, prácticamente en todas las áreas; siempre he sido muy imaginativa y me fascinó conocer los diversos procesos de producción televisiva y radiofónica. Desfilé por casi todas las cadenas de televisión mexicanas y algunas de radio de corte cultural. Me desempeñé como periodista, comentarista, editora, directora de cámaras, guionista, etc. Mi último programa de televisión, La Polaca, estuvo al aire desde que se iniciaron las campañas presidenciales en donde Vicente Fox ganó la contienda como presidente.

Para el año 2000 ya había entrevistado a prácticamente todos los políticos de ese entonces. El programa era de corte crítico/político con una carga de comicidad muy interesante pues tenía la libertad de cuestionar libremente en mis entrevistas. Era muy directa y en muchas ocasiones mis preguntas fueron desafiantes e incómodas para mis entrevistados, generalmente políticos de todos los rangos. La sátira me ayudaba mucho a contener la tensión que provocaba.

Obviamente mi propuesta artística de estética grotesca y abiertamente sexual no permitía que mantuviera mis puestos de trabajo. Dudé muchas veces si continuar con el Arte o dejarlo y mantener los fructíferos trabajos que tenía en ese entonces.

Revisaba mi situación y me prometía a mí misma olvidar la performance y dejar de escribir textos porno-eróticos, pero la propuesta del performance art me sedujo a tal punto que no pude dar marcha atrás. Mucha gente me lo echó y me lo sigue echando en cara y a veces me pregunto: ¿cómo hubiera sido mi vida “más normal”?

Llevo treinta años ininterrumpidos haciendo performance. Soy muy constante y disciplinada, he viajado mucho, mi trabajo es reconocido internacionalmente, me sigue apasionando encontrar el momento de la creación, me entusiasma presentarme y retarme, ver cómo provoco esos estados de emotividad en la gente y cómo voy transmitiendo los conceptos que me apasionan y que pueden enriquecernos la vida.

¿Qué recuerdos tienes de Juan José Gurrola?

Gurrola fue una pieza importante o la pieza más importante en mi carrera, porque mucha gente decía que lo que yo hacía era pornografía, eventos de cabaret, que no era performance. Gurrola fue el único visionario que me dijo “por ahí vas, esa es la línea estética, chíngatelos”, Hablaba de chingar como cimbrar consciencias, romper patrones, tabúes, las imposiciones sociales doble moralistas. Juan José Gurrola me dio todo su apoyo para seguir trabajando en la línea en la que yo quise ocuparme.

Yo conozco a Juan José Gurrola en el 2000, cuando aún trabajaba en la TV. Lo estuve buscando porque en ese entonces se me ocurrió coleccionar “excreciones de artista” y quería las suyas para mi colección. Lo conocí gracias a su esposa Rosa quien me lo presentó. Le entregué un pañuelo desechable y le pedí sus mocos, también le di unos bastoncillos de algodón para su cerilla y sus legañas. Le fascinó la idea, pero me dijo que no me iba a dar lo que le pedía, que me daría lo que a él se le ocurriera. Me dio una costra que se arrancó del brazo y una uña del dedo gordo del pie. A partir de ahí nos hicimos “chómpiras” como él decía. Ese mismo día me dio el guion de la obra “Alice in Bed”, de Susan Sontage; me dijo que me aprendiera el papel de Alice.

Hice de actriz principal en su obra Alice en el país de las apariencias entre la vida y la muerte, amén. Me dirigió en tres obras más, pero a mí no me gusta la actuación, lo mío es accionar.

¿Qué es el ensamble de música electrónica binaria?

Fue un colectivo que me invitó a unírmeles, aprendí mucho para mi carrera de performer. Este grupo de chavos, todos mucho más jóvenes que yo, estaban muy metidos en el rollo digital, hacían música electrónica, la llamaban electropánica. Muy potente, me prendía para el tipo de performance que hacíamos. Con ellos conocí muchas herramientas como incorporar el video y la música en los performances. Fue brutal y nos divertimos muchísimo, éramos un desmadre pocamadre. Los iniciadores del Colectivo fueron Ogo y David Kontra. Armaron un buena bandota imparable de gente muy creativa, inteligente, contracultural con propuestas tecnológicas nuevas, radicales, rifados. Teníamos ideas bastante atrevidas, locas, oscuras y al mismo tiempo divertidas para nosotros. Armamos muy buenas piezas y un sinnúmero de anécdotas de fantasía.

Trabajar con ellos fue un disparador potente para proseguir con mi propuesta.

Cuando yo empecé a hacer performance no tenía ningún background de lo que era el Arte del Cuerpo ni de quienes eran los artistas principales que habían iniciado esta disciplina.

Debo reconocer que de alguna manera ya lo traía en el ADN porque fue algo que supe hacer desde el principio y desde la primera pieza tanto la temática, la realización y la estética de mis acciones impactaron brutalmente.

Empecé a estudiar, conocí el trabajo de mujeres con las que tenía similitud de propuestas, como Carolee Schneemann, Annie Sprinkle, Gina Pane, Linda Montano, … Mujeres guerreras que utilizan su cuerpo, sus genitales para hablar sobre la mujer, la sexualidad, el erotismo. Uno de los temas más recurrentes en mi trabajo es el sexo. Lo abordo desde lo kinky (raro torcido). Trabajo con las mal llamadas filias, lo que va más allá del sexo reproductivo, cuestionando la sexualidad más convencional, muestro una sexualidad abyecta, cero higienizada. Luego incorporé el dolor en el cuerpo, la autolesión, que es muy chocante. El dolor físico me parece un elemento importante como metáfora para cuestionar sobre el dolor psicológico, traumático, que no se ve a primera vista, que nadie percibe las heridas del inconsciente, los miedos y angustias y que por no manifestarse al ojo humano es difícil entenderlas.

Todo ese dolor psicológico lo hago visible en la autolesión física. Entonces corre la sangre, se abre la carne, aparecen los moretones, las huellas de las mordidas, las cicatrices de los cortes con las navajas y las perforaciones con agujas, las quemaduras en la piel; todo ello nos habla del dolor que se calla, que se mantiene en el interior pero que tanto nos afecta; otro tema fuerte que he incorporado en los últimos años es la vejez. Tema también muy oculto, que nadie quiere ver, que asusta, pero en lugar de enfrentarlo tratamos de cubrirlo con cremas, maquillaje, hasta las cirugías plásticas y lo que salga al mercado y venda juventud. Sacamos de la vista a los viejos para que no nos espante el reflejo del inminente futuro que te espera si no mueres pronto o te suicidas. La idea de la muerte cercana, de la pérdida de la belleza que resulta un pasaporte para que las puertas se te abran. No queremos enfrentar los cuerpos modificados por el tiempo. En las redes sociales los borran para no recordar que somos finitos, aunque vayamos a los gyms todos los días escapando de la decadencia, ésta aparecerá tarde que temprano. Los jóvenes tratamos a los viejos como si nosotros estuviéramos exentos de la vejez.

Otro tema muy importante para mí son las excreciones. He usado en mis performances todas las excreciones de mi cuerpo, desde lágrimas, mocos, cerilla, saliva, vómitos, caca, orina, sangre, cerilla, sudor, lagañas. Me parece sumamente interesante trabajar con las excreciones porque en la performance es el cuerpo la herramienta principal y ¿qué hay dentro de ese cuerpo? Las excreciones nos son vergonzosas y la higienización trata de no dejar huella en el intento de desaparecer lo que de humanos finitos y todo lo nauseabundo que nos recuerde nuestros  “cuerpos humano vulnerables”.

Para mí son las mejores herramientas que poseo para enfrentar la realidad; por eso las uso.

He hecho algunos performances políticos, pero muy puntuales; a mí me gusta usar un lenguaje más abstracto, cosas que sean más filosóficas, más hacia el inconsciente que a lo políticamente inmediato; pero sí, algunas veces, pocas, me he acercado al performance de denuncia. Una acción muy sonada fue cuando en el Zócalo de la Ciudad de México me cagué sobre una fotografía del presidente de México Enrique Peña Nieto. Fue trending topic en twitter por tres días consecutivos.

Otra performance en esa línea política fue la que realicé en la frontera entre Tijuana y San Diego. Utilicé una grúa que me subió por encima del muro fronterizo y empecé a balancearme en un columpio que mandé construir ex profeso para columpiarme entre Estados Unidos y México. La policía fronteriza estadounidense de caballería observaba intrigada sin saber qué acción tomar.

Estuve ahí un rato haciendo una serie de acciones, como bajarme los pantalones y mostrarles el culo.

No soy mucho de usar banderas ni panfletos, no muestro un apoyo evidente a ningún movimiento en particular, lo hago más desde lo primigenio.

¿Por qué instituir el Día Internacional del Hombre, en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM?

Nunca me he referido en mi discurso performático a la mujer sumisa, víctima; todo lo contrario, muestro a una mujer ruda, independiente, valiente, retadora. Desde mi discurso cínico, que haya sido una mujer la que otorgue un “Día Internacional del Hombre” eleva su rango de fortaleza y confronta la imagen de la mujer sumisa.

Ahora gracias a la propuesta queer se van deslavando estas diferencias de género, pero estoy segura que independientemente del género, cada uno carga con su problemática existencial y por lo tanto no soy de las que culpa a uno u otro género.

En 2002 publicaste ‘Saber escoger’, un libro altamente erótico, con anécdotas explícitas. ¿Volverás a publicar?

Cuando me corrieron de la televisión mexiquense, me tomé un año sabático y me puse a escribir. Yo no había escrito, pero los maestros que llegaron a mi vida me instaron a hacerlo. Me salieron unos cuentos muy divertidos, de una sexualidad exacerbada, con imágenes muy porno, narradas desde una mujer que no tiene ningún pudor, que cuenta de manera desenfadada todas sus prácticas sexuales de una manera entre burla y cinismo, sin eufemismos, sino abiertamente. Escribo al chile y para el chile.

Ese libro no ha tenido finales muy felices porque siempre se encuentra el stop o la detención por la censura. Espero poder traducirlo al inglés para que se pueda distribuir más y con mi trayectoria, el nombre que he hecho en el ámbito performático, pueda salir mucho más de lo que ha salido. Es muy divertido, es un libro para leerse mientras uno caga, porque son cuentos cortos y mientras te echas una cagada te avientas uno, lo dejas y al día siguiente si cagas lo vuelves a retomar. Si te calientas mucho igual y te masturbas o lo metes al fuego y lo quemas como me han dicho que lo han hecho ciertas mujeres que les parece muy transgresor. Lo que hago no es que me proponga asustar ni transgredir las buenas consciencias, es simplemente lo que a mí se me ocurre, lo que me parece que vale la pena decir. El artista lo que hace es crear una manera de comunicar lo que siente, lo que ve y eso es lo que hago, a partir de lo que yo siento y en la forma en la que yo lo puedo decir. Si causa shocking y a la gente la exacerba o la pone mal o le asusta o se enoja o le encanta, es un resultado de algo que nace desde mi parte creativa y repercute en el background de cada individuo.

¿En qué estás trabajando ahora?

Estoy trabajando en la realización de piezas de arte a partir de mis performances. En breve se podrán ver tanto escultura como documentación intervenida por mí. Cabe en la línea del arte objeto. No por eso voy a dejar de hacer performance, creo que hacer esa disciplina será para toda la vida y de hecho un día declaré que si me suicido será mi último performance.

Durante estos treinta años he creado imágenes muy potentes que creo importante que queden como piezas de arte, realizar ediciones limitadas para que la gente pueda conservarlas en su colección de arte. Estoy muy contenta porque siempre he trabajado en la performance y siempre he creído en lo efímero, aunque hoy por hoy es importante para mí dejar la imagen, esas imágenes que me parecen potentes en mi performance, las voy a convertir en piezas de arte.

Te deseamos mucha suerte y no pierdas esa garra que te caracteriza.