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‘Cuando muera, todo lo que es mío será tuyo,

menos mis sueños’.

—’La sombra del viento’ (2011), Carlos Ruíz Zafón

Una vez Zhuang Zhou soñó que era una mariposa revoloteando felizmente. No sabía que él era Zhou. De repente, despertó y era palpablemente Zhou. No supo si era Zhou, quien había soñado que era una mariposa, o una mariposa soñando que era Zhou, ¿Quién está soñando?

¿Les recuerda algo este principio Zen? Es el argumento de “The Sandman” (2022), la serie de Neil Gainman, David S. Goyer y Allan Heinberg, estrenada el 5 de agosto del año en curso por Netflix, en coproducción con DC Entertainment. Ambientada en Sandbanks, Península Beach, Pool y Dorset, en Inglaterra, Reino Unido.

“The Sandman” narra la historia de un mago que intenta capturar a la muerte para negociar la vida eterna, pero que termina atrapando a su hermano menor, Dream, en su lugar. Temiendo por su seguridad, el mago lo mantiene encerrado en una botella de vidrio durante décadas; después de su escape, Dream, también conocido como Morfeo, emprende una búsqueda de sus objetos de poder perdidos.

Pero no sólo eso, la serie es una forma de entender los sueños, de dónde provienen y qué es lo que entretejen para los seres humanos; de cómo el involuntario colectivo genera modelos de comportamiento en nuestra psique.

¿Cuántos tipos de sueños podemos tener? Tenemos sueños de esperanza, tregua, anhelo, letargo y sueños de despertar. Es así que “The Sandman” es un análisis sobre la magia, la espiritualidad, la neurociencia y la psicología; un mecanismo que nos ayuda a aprender cómo funciona por dentro nuestro sistema, de la mano de Morfeo, el dios griego de los sueños, y el señor del subconsciente, hijo de Hipnos, dios de los espejismos y de Cárite Pasitea. Morfeo es el encargado de inducir los sueños a quienes duermen, y de adoptar una apariencia humana para aparecer en ellos, especialmente la de los seres queridos (de ahí su nombre forma), permitiendo a los mortales huir por un momento de las maquinaciones de los dioses. “The Sandman” es un tratamiento distinto, pensado por Neil Gainman, de esta deidad, y que en la serie se presenta como la antropomorfización de ciertos principios básicos del ser humano.

Aquella historia del mago queriendo atrapar al Ángel de la Muerte, pero que por equivocación termina aprisionando al señor patrono de los sueños, se asemeja mucho a la de Aleister Crowley, Frater Perdurabo y La Gran Bestia 666; un influyente ocultista, místico, escritor, poeta y mago ceremonial inglés, quien fundaría la filosofía religiosa de Thelema, que operaba a lo largo de líneas O.T.O, con la idea de invocar entidades Lam a través de portales mágicos de la orden mística de Astrum, referente que sirve para crear una narrativa visual meta oscura con paisajes surrealistas, que relata una historia completamente onírica pero también muy norteamericana, la del “The Sandman”, un antihéroe que va creando los sueños de la humanidad, y que el mago —alter ego de Crowley— encierra en el mundo de la vigilia durante cien años. Esa es la historia del principio del infinito. Un Dios humanizado que no entiende a los humanos. Algo presente en todas las religiones, y por eso rompe todas las leyes absolutas. Cuando “The Sandman” es susceptible de ser destruido o capturado por “Otro”, adquiere cierta rigidez ante el mundo, hasta que se vuelve más humano, más humano aún que nosotros.

La lección definitiva de la serie descansa en el hecho o la acción de dejar los apegos para aprender la sabiduría de los eternos.

Todos somos productos de todos. Inclusive los gatos sueñan con Schrödinger. Puedes creer que “The Sandman” es quien controla el sueño de las personas, y que es una entidad omnipresente que interviene toda actividad onírica, pero en realidad, Morfeo es el producto del inconsciente colectivo de la humanidad.

¿Qué pasaría si algún día se acaba este sueño?, ¿si Zhuang Zhou deja de soñar con una mariposa o si la mariposa deja de soñar con Zhuang Zhou?, por eso, lo más importante, es que pase lo que pase, no dejes de soñar nunca.