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Un indio Zía de un pueblo del norte de Nuevo México dijo: “Sin música no puedes hacer nada. Sin música el tejido social mismo se rasgaría y los vínculos entre nosotros se desmoronarían”. La organización social de la vida de las comunidades está marcada en casi todo momento por canciones, y hoy, por canciones de Matisse, canciones de bienvenida, canciones de amor, canciones de boda, canciones de clan, canciones de despedida.

Matisse es una agrupación mexicana de pop integrada por Melissa Robles, Pablo Preciado y Román Torres. El grupo encuentra su nombre en el matiz de tres voces completamente diferentes, mezcladas con sutileza.

Matisse es un grupo triunfador, como no hay ningún otro en la escena musical actual; su autenticidad es notable, lo que interpretan y su forma de cantarlo es por derecho propio, cuasi divino, porque nacieron con ese don especial de tocar a la gente y sanarla, una “amazing grace”, una gracia sublime que nos llevará salvos a casa, nos llevará salvos al corazón.

Matisse tras la entrevista con Alfredo Padilla.
Matisse tras la entrevista con Alfredo Padilla.

¿Es el amor la droga más fuerte del mundo?

Melissa Robles: Totalmente; así de denso. Ojalá fuera la droga más fuerte del mundo, a todos nos falta amar más; cuando haces las cosas con ese motivo todo fluye de la mejor manera, todo se vuelve mucho más significativo, todo se comparte mejor.

Pablo Preciado: Como droga —si lo ponemos así como una alteración de los sentidos— se ha matado a más gente por amor que por otra cosa, por amor a la patria, por amor a una religión, etc., definitivamente, es un aliciente de doble arma.

Román Torres: Tiene su luz y su sombra, tiene su lado muy positivo y tiene su oscuridad; también se genera toxicidad por amor, con esta adicción de que por llamarle “amor” sigues ahí; tal vez no sea amor, y le pones ese nombre enfrente.

¿Después de la Pandemia es el amor lo único que nos salva?

M.R.: Después de esta pandemia todos deseamos conectar mucho más que antes. Esperaría que todos nos hubiéramos dado cuenta de lo efímera que es la vida, y lo rápido que se puede ir esta presencia del amor. Esperaría que la gente estuviera más consciente de eso.

P.P.: Definitivamente que el amor es eso; todos lo ansiamos, y lo podemos ver, podemos conectar; a nivel personal como grupo, vemos un crecimiento mucho mayor al que teníamos entre pandemia; el concierto de hoy en San Luis Potosí (23 de junio) fue muy especial, mucha gente con demasiada demostración de amor, hacia sus amigos, hacia nosotros: muy eufóricos, y ese es el amor hacia la música, no hacia nosotros, no hacia Matisse, sino al momento, al exacto y preciso momento de olvidarte de todo.

Hubo un instante en que en una canción mucha gente lloró, recordando a familiares que se nos adelantaron, que murieron por la misma pandemia, y es amor; es recordar siempre. En la película “Interstellar” (Christopher Nolan, 2014) se dice que el amor es el portal trascendental, esa dimensión de la que aún no tenemos conocimiento; me parece maravilloso eso de que el amor trasciende en el tiempo. ¿Qué sentido tiene amar a alguien que ha muerto?, no tiene ningún sentido social, tú amas a tu padre, a tu tío que murió, un hermano que murió, lo sigues amando, pero no está; no tiene ningún sentido social, no tiene ningún beneficio, sin embargo ahí está. El amor tiene mucho más significado del que podemos descifrar con una fórmula de aritmética, eso es lo bonito.

¿Tienen algún libro de cabecera?

P.P.: Mi libro favorito es “La tregua” (Mario Benedetti, 1960). Acabo de leer hace tres días un libro que es muy pequeño, de David Aguilar, “Afuerismos del interior” (2021). Leo mucho también “El código Da Vinci” (Dan Brown, 2003).

M.R.: “Rayuela” (Julio Cortázar, 1963), porque cuando lo leí me causó algo muy fuerte, pero el año pasado leí “Untamed”, de Glenon Doyle (2020), me gustó muchísimo, creo que a nivel feminista me encantó.

R.R.: No he terminado “Ensayo sobre la ceguera” (1995) de José Saramago, he leído varias veces “Robar como un artista” (2012) de Austin Kleon, es muy práctico para mí.

P.P.: Yo en pandemia leí mucho acerca de superación personal, y es algo que nunca en la vida lo había hecho, “El poder del ahora”, de Eckhart Tolle (1997), “Ansiosos por nada” (2017) de Max Lucado. La pandemia nos jodió la vida a todos, que dejamos las novelas de lado, y nos adentramos en el desarrollo personal.

Capítulo favorito de ‘Rayuela’.

M.R.: El capítulo 7, obvio: “Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar…”.

Yo sé que ustedes tienen magníficas letras, pero ¿hay algún compositor al que les gustaría interpretar?

P.P.: Hoy Melissa y yo estuvimos hablando de Juan Gabriel, y tengo que reconocer que no soy un fan apasionado de él, me gusta mucho pero no conozco su carrera a fondo, no conozco su repertorio como tal. Soy fanático de Armando Manzanero, fanático de toda la vida, mi compositor mexicano favorito siempre va a ser él, hasta el día que me muera. Cuco Sánchez, también.

José Alfredo es el poeta de la pasión y Cuco Sánchez es un bardo existencialista.

También el realismo de José Alfredo… ¿quién lo tiene? Ya lo dijo Chavela Vargas y ya lo dijo Joaquín Sabina; escribir desde la cantina, todos hacemos purificación en las cantinas, el alcohol nos llena de catarsis y creo que José Alfredo fue muy claro en eso, es el Hemingway mexicano. Juan Gabriel es la misma cosa, hoy estuvimos analizando “Amor Eterno”…

Juan Gabriel nos enseñó a bailar la tristeza, ¿no es así?

M.R.: Pero qué manera más bella de transformar algo tan oscuro en algo de tanta luz.

P.P.: Se muere tu madre, ¿cómo logras escribir un himno así?, y además que se escuche bonito, no escuchas algo como: “me lleva la chingada!”, no.

M.R.: Lo abraza con mucho amor.

R.T: Siento también que en esos tiempos había compositores que hablaban muy poéticamente, pero muy directos también. Quizá él sí le hablaba así a su madre en ciertas frases, con un amor muy poético, de respeto, de belleza, de ese amor de antes; algo que no podía ser igualado; ese dolor de me está cargando la chingada, no era así, era esto: “Tú eres la tristeza de mis ojos/ que lloran en silencio por tu amor”. ¡Wow! Somos todos una basura al lado de estos compositores. Nunca vamos a llegar ni a la mugre del dedo chiquito de todos estos cabrones.

¿Qué significado le da Matisse a la palabra anarquía?

P.P.: La anarquía tiene un sentido social 100%, desde 1960, cuando empezó toda la liberación, y tiene una conexión, tiene un hombro con hombro con la música muy fuerte, de simplemente hablar, de decir: ¡nos están jodiendo! La guerra de Vietnam fue un hito en la sociedad de Estados Unidos, que se fue para todos lados, fue el destape hippie, el destape de toda esta música; y ya venía la armonía de Elvis, venía el blues —que es un tipo de música de protesta— el jazz; la música negra de Nueva Orleans.

R.T: En ese tiempo era prohibido, ellos buscaban a través de su música sacar el dolor, era prohibido el jazz, era prohibido el blues, y definitivamente el punk.

P.P.: Eso es anarquía. Hay un himno cristiano de 1779, que es mucho más anárquico que los Ramones, y todo el mundo lo conoce, es “Amazing Grace”: “Amazing grace, how sweet the sound / That saved a wretch like me / I once was lost, but now I’m found / Was blind, but now I see”, es una historia maravillosa, de cuando a los afroamericanos los traían de áfrica en los barcos, un murmullo que cantaban en las cárceles de los navíos.

Hay una versión de Jeff Buckley, ¿no?

P.P.: Sí. Ese es un sentido anárquico de verdad. Una protesta. Iban en los barcos de África a Estados Unidos como esclavos, y cantaban ese murmullo. Una manera muy personal y hermosa de protestar, que terminó siendo una canción de alabanza, de oración a Dios. No puedo hacer nada, pero puedo cantar… La anarquía es eso, más allá de los gobiernos, del sentido de rebelión, de que no nos gobierna nadie…, es una protesta.

R.T: Es desde el núcleo; no tienes que ir tan lejos, contra el gobierno y tal, sino que ellos lo veían en su realidad. Mi primo viene en el barco, mi madre, mi hermano, y no está bien; era rebelarse desde ahí, desde la idea de que te van a tener como un esclavo más.

P.P.: Tenemos que expresarnos de mil maneras, siguen pasando cosas que no deberían pasar. Hoy acabo de leer una noticia sobre una ley, que un juez de Estados Unidos en New York desaprobó uno de los estatutos en contra de la posesión de armas. El golpe anárquico tiene que seguir existiendo, en México estamos viviendo un momento de izquierda muy fuerte, y aunque yo me considero muy cercano a eso, estoy convencido que debe haber una oposición, los gobiernos deben tener oposición, siempre, no importa la conformidad. El sentido anárquico, social, tiene que existir hacia todo.

¿El pop es redención?

P.P.: La música en general.

M.R.: Con la que sea con que conectes, es una manera preciosa de sanar cosas que ni siquiera entiendes, que debías sanar, tanto en temas sociales como en temas de amor, del corazón. Es una herramienta muy poderosa que nos hace sentir que a pesar de que parece que estamos solos, nos acompaña siempre. Te hace sentir que hay alguien más en el mundo viviendo lo mismo que tú.

P.P.: La música es eso, la música es ambigua, hay gente a la que no le gusta nuestra música, pero sí hay gente que conecta, igual que las personas que conectaron con Pixies, que conectaron con Metallica, con Kiss o los grupos de Gore de Noruega, y que les da voz a un sentimiento que ellos traen. La música banda, la música reggaetón de Panamá, de Puerto Rico, la música es eso…, es conexión, no estamos hechos para que nos gusten las mismas cosas, eso sí es claro. Yo creo que la música pop es la creación de todo.