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El concepto de hamparte fue creado por el artista plástico español Antonio García Villarán, a partir de las palabras “hampa” y “arte”, con el que plantea, desde un punto de vista crítico, la validez de los criterios actuales para encumbrar a diversos autores. Actualmente, García Villarán utiliza YouTube para su faceta de crítico.

“La Historia del Arte está toda mal. […] Una élite movida por intereses económicos y sedienta de pedir y devolver favores a sus amiguitos, dedicada a impulsar movimientos artísticos de manera caprichosa”, escribe en “El arte de no tener talento: revolución hamparte”, su libro de 2019, editado por Martínez Roca.

En entrevista, dialogamos acerca del concepto del arte y su profesionalización; la producción de obra; las nociones de éxito, talento, instalación, performance, hamparte, “duchampitis”, y de la ausencia de mujeres artistas en los libros de historia.

“Ha llegado la hora del juicio final. Y si no lo es, al menos que sea una suerte de justicia poética con cuerpo de bronce y cabeza de mil ojos”.

‘La profesión de artista no es —y nunca ha sido— una loca ocurrencia vergonzosa. Es una actividad tan necesaria para la supervivencia física y espiritual de los individuos como lo son los mil oficios y profesiones que le permiten florecer a la humanidad. Todo mundo necesita del arte, y como siempre hay un roto para un descosido, cualquiera que se lo proponga puede, sin lugar a dudas, vivir de su producción artística de manera exclusiva’, escribe Felipe Ehrenberg, en su libro ‘El arte de vivir del arte’ (Biombo Negro Editores, 2000). ¿Todo el mundo puede ser artista, todo el mundo puede vivir del arte, como diría también Joseph Beuys, en su ensayo ‘Cada hombre, un artista’?

Creo que todo aquel que le dedique el suficiente tiempo a cualquier actividad y se proponga vivir de ella, puede hacerlo. En el arte es quizá más fácil, ya que en el pasado Siglo XX se aceptaron muchas formas de producir arte y casi cualquier cosa que esté expuesta en una galería o museo o bien los críticos lo designen como tal, son considerados arte. Aunque esto no quiere decir que sea “buen arte”. Porque el peligro o la confusión está aquí; la palabra “arte” por sí misma no justifica que la obra sea de buena calidad.

Antonio García Villarán, artista plástico español.
Antonio García Villarán, artista plástico español.

Me parece que es una pregunta obligada: ¿el artista nace o se hace?

Hay personas que tienen cierta destreza en el dibujo desde pequeñas y otras que no, pero sin duda tanto a dibujar, a modelar, a pintar y a hacer arte se aprende. Yo he sido profesor de dibujo y pintura desde 2000 en diferentes centros y en mi propia academia, y puedo asegurar que cualquiera que haya querido aprender a dibujar lo ha hecho. A algunos les ha costado más tiempo, a otras personas menos, pero la base puede adquirirla cualquiera. Incluso para hacer performance o arte conceptual. No tienes más que estudiar las vanguardias del siglo XX y repetirlas, como hacen muchos hampartistas hoy.

Quienes insisten en reproducir sin profesionalizarse, ¿se van amargando porque no les llega el reconocimiento; producen cada vez menos y venden poco o nada?

Para poder vivir del arte hoy día es necesario cumplir dos objetivos fundamentales; el primero es formarse, tanto en la red como en sistemas de enseñanza reglada, y el segundo es saber comunicar tu obra en las redes. Estos dos pilares no aseguran el éxito, pero sin cualquiera de ellos, estás abocado al fracaso. En el mundo globalizado en el que vivimos es necesario destacar por la calidad de tus obras pero también es necesario que muestres correctamente tu trabajo, que lo hagas llegar al público interesado e incluso que crees tu propia comunidad. Hay muchos artistas que viven de su arte y no precisamente realizan grandes ventas. Tienen su grupo de personas que lo siguen y van haciendo encargos, o bien diversifican generando contenidos para las redes, etc.

Según las estadísticas, en México, de cada cien aspirantes que entran a estudiar la carrera de artes visuales, sólo ocho llegan a obtener su licenciatura, cinco permanecen dentro de la profesión y apenas uno gozará del candil del éxito. La mayoría de quienes continúan al posgrado o a la maestría deja de producir. ¿A qué crees que se deba esto?

Quizás deberíamos redefinir qué es el “éxito” en el arte. Si consideramos “éxito” el vender tanta obra que puedas considerarte rico, claro, creo que menos del 1% lo conseguirá. Pero para mí el éxito es poder vivir dignamente de tu producción artística, o bien vivir realizando acciones que tengan que ver con el arte. Es preferible para muchas de las personas que se dedican al arte estar de profesor en una academia que meterse en otra profesión que nada tiene que ver con la creación plástica. La palabra mágica para los artistas es “diversificación”. Además, de esta forma se aprende mucho y es más divertido.

‘Ha llegado la hora del hampa’, escribes en tu libro ‘El arte de no tener talento. Revolución hamparte’ (Martínez Roca, 2019), pero también: ‘ahora podemos opinar. Tenemos una red infinita y rizomática que nos permite contrastar, buscar y comparar para crearnos nuestra propia opinión’. ¿Alguna vez has encontrado talento dentro del hamparte?

Precisamente los hampartistas se definen por su falta de talento. No hace falta talento para clavar una puntilla en la pared y decir que eso es arte. O para seleccionar cualquier objeto del supermercado y colocarlo en una galería. Es tan sencillo como eso.

¿A qué se debe la ausencia de mujeres artistas en los libros de historia?

Hay muchos factores por los cuales a las mujeres no se las ha considerado como iguales en la historia del arte, y el principal es el machismo. Desde el principio de los tiempos han sido muchas las circunstancias por las cuales las mujeres no han podido dedicarse profesionalmente al arte. Una de ellas, por poner un ejemplo, ha sido la Revolución Industrial. Se necesitaba mucha mano de obra masculina para poner en funcionamiento las máquinas, y necesitaban a su vez tener a las mujeres criando hijos para aumentar esa mano de obra. Por otro lado, los colegios eran a su vez fábricas absurdas de hombres que iban a trabajar en fábricas para que el patrón de turno se enriqueciera. La mujer siempre estaba en un segundo plano. Afortunadamente hoy en día esto se está corrigiendo y las mujeres, poco a poco y con esfuerzo de todas y todos, están consiguiendo el puesto que se merecen en el mundo del arte. Pero ojo, no tenemos que confundirnos y pensar ahora que por el simple hecho de haber nacido mujer, ya eres buena artista. Tenemos los casos de Yoko Ono, de Yayoi Kusama o de Marta Mijuin, cuya obra es cuestionable.

¿Cuál sería tu mensaje para aquellos artistas que no dan la talla ni como ‘falsificadores de obras de parvulario’?

Simplemente que si quieren avanzar, que estudien, que se preocupen por hacer una buena obra y que escuchen al público. Hoy día tenemos una gran oportunidad gracias a las redes y es bueno leer los comentarios que nos dejan en nuestras obras cuando las subimos a nuestros perfiles.

Una obra de hamparte carece empíricamente de valor económico y suele estar sustentada por un concienzudo texto explicativo sin el cual, con toda probabilidad, no estaría expuesta en un museo. ¿De qué manera una instalación puede escaparse del hamparte?

Hay muchos tipos de instalaciones. Por el hecho de ser una instalación no tiene por qué ser hamparte. Eso sería como decir que por el hecho de hacer videoarte es hamparte. No es así. Tenemos a Bill Viola que hace unas videocreaciones magníficas. O a Olivier de Sagazan que realiza unas performance que hacen que se te remueva algo por dentro, con una puesta en escena muy coherente y cuidada y con unos movimientos en el escenario que hacen que no puedas apartar los ojos de la obra.

¿Qué opinas de Gabriel Orozco, en especial de su obra la ‘DS’, un automóvil Citroen cortado en dos, con los bordes delgados vueltos a ensamblar?

Gabriel Orozco es uno de los máximos exponentes del hamparte en México. No entiendo cómo ha llegado a ser tan conocido. Que obras suyas sean coches cortados por la mitad o cinturones comprados en una tienda y colocados en un pedestal, sinceramente, me parece un insulto a nuestra inteligencia. Lo que reproducen los medios como la obra de Orozco es de risa, o mejor dicho, de echarse a llorar. Tiene la enfermedad de la “duchampitis”, como muchos otros artistas de nuestro tiempo que creen que sigue vigente aquello del “objet trouvé”. Seguramente hay intereses ocultos por los cuales a este señor, al cual personalmente no tengo nada en su contra, se le han colocado los focos de los medios y se le premia con subvenciones y proyectos que mejor estarían en manos de jóvenes creadores con obras de más alto nivel.