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Tras meses de lucha contra el covid, Ibrahim Rashid, de 25 años, estaba emocionado con la idea de vacunarse para prevenir la reinfección y quizá aliviar sus síntomas.

Para su alegría, la profunda fatiga, el dolor de pecho y la “disfunción cognitiva” desaparecieron de repente. Pero al cabo de un mes, los síntomas volvieron con fuerza, acompañados de una sorprendente pérdida de equilibrio y de fuerza en las piernas.

“Después de vacunarme, estaba pasando el mejor momento de mi vida. Era la persona más feliz del mundo”, dijo Rashid, un estudiante de posgrado de la Universidad de Chicago que antes destacaba en la patineta y las artes marciales.

“Todo volvió a afectarme de nuevo”, dijo. “Y mi habilidad para caminar desapareció. … Un día estaba leyendo un libro debajo de un árbol y no pude levantarme”.

Es uno de los muchos pacientes de covid que reportan misteriosos cambios en su salud después de recibir la vacuna. Algunos mejoran; otros, como Rashid, empeoran.

Para estudiar este fenómeno, los científicos de la Facultad de Medicina de Yale pusieron en marcha un nuevo proyecto a escala nacional. Partiendo de un proyecto piloto inicial de 20 pacientes, esperan reclutar al menos a 100 personas para determinar la influencia de la vacunación en los síntomas que persisten meses después de la infección por COVID-19. Para ello, se usan técnicas de perfil inmunológico de vanguardia para obtener una muestra de la reacción celular de cada persona a las vacunas.

La Universidad de California en San Francisco (UCSF) también explora los reportes sobre el impacto variable de las vacunas dentro de su importante estudio sobre el impacto a largo plazo de las infecciones por COVID-19, llamado proyecto LIINC. Según el doctor Michael Peluso, experto en los mecanismos virológicos e inmunológicos subyacentes a la infección, no ha transcurrido suficiente tiempo para obtener resultados.

Estos esfuerzos de investigación podrían ofrecer información sobre el covid prolongado, que afecta al 30 por ciento de las personas cuya infección fue lo suficientemente grave como para requerir tratamiento, según un estudio del Programa Ambulatorio de covid de la UCLA. El covid prolongado se define como una serie de síntomas, a menudo incapacitantes, que pueden durar semanas o meses después de la infección, y que pueden afectar a cualquier persona, incluso si la enfermedad fue leve.

Las respuestas de los pacientes a la vacunación “son una pista. Ofrecen un rastro de los posibles mecanismos biológicos que hay detrás del covid prolongado”, dijo Diana Berrent, fundadora de Survivor Corps, uno de los mayores grupos de pacientes de COVID-19 del país. “Las personas con covid prolongado han vivido en un desierto médico. Están desesperados por obtener respuestas. Están desesperados por conseguir tratamientos. Esto informará de los próximos pasos: la aparición de tratamientos”.

El equipo de Yale recogerá muestras de sangre y saliva de pacientes con covid prolongado que aún no han sido vacunados. Y luego, realizarán un seguimiento entre las seis y 12 semanas después de la vacunación para controlar los síntomas y recoger nuevas muestras.

Aunque aún no se han publicado los resultados preliminares de su estudio inicial, estos sugieren que hay complejas vías inmunológicas en juego, dijo la investigadora principal Akiko Iwasaki, profesora de inmunobiología de Yale.

“Hay algunas diferencias claras en los factores que se pueden encontrar en la sangre, antes y después de la vacuna”, dijo.

Es bien sabido que la vacunación puede ayudar a prevenir el covid prolongado. Pero, hasta ahora, nadie había estudiado el efecto de la vacunación en quienes ya están infectados. (Los estudios se centran en personas que no habían sido vacunadas antes de contraer COVID-19. Los investigadores aún no han explorado los impactos de la vacunación posterior en aquellos que desarrollaron COVID-19 como “casos de infección en personas vacunadas”).

La sorprendente variedad de reacciones se reveló por primera vez en una amplia encuesta realizada por Survivor Corps. La encuesta se llevó a cabo porque las personas con covid prolongado no fueron incluidas en los ensayos de los fabricantes de vacunas, por lo que el grupo se preocupó por los efectos de las vacunas en su salud.

Armados con los datos, se dirigieron al equipo de Yale y le propusieron una asociación de investigación. Desde entonces, se les unió la Patient-Led Research Collaborative, un equipo de personas con covid prolongado que son expertos en desarrollar colaboraciones entre pacientes y científicos.

Según la encuesta, alrededor del 40 por ciento de las personas reportaron una resolución entre leve y completa de sus síntomas tras la primera dosis de la vacuna. Esto respalda muchos reportes anecdóticos de mejora, según Iwasaki.

¿Qué ocurre? Tal vez la vacuna ayude al sistema inmunitario a combatir el virus oculto que permanece en el cuerpo, eliminando estos restos virales.

De ser así, esto sugeriría que el covid prolongado está causado por una infección viral persistente pero clandestina. Aunque el equipo de Yale no ha encontrado este virus críptico, hay pistas en los niveles cambiantes de interferones que combaten infecciones en la sangre.

“Hemos escuchado historias clínicas de personas que se sienten mejoras después de la vacunación, y si esto resulta ser cierto en estudios rigurosos y bien controlados, proporciona algunas pruebas convincentes de que una respuesta inmune inadecuada o disfuncional a la infección inicial podría contribuir a desarrollar covid prolongado”, dijo Peluso de la UCSF.

“Sin embargo, también hemos visto a pacientes que esperaban mejorar con la vacunación -y pensaban que lo habían hecho– pero que realmente no se sentían mejor con el tiempo”, dijo. “A veces, se sentían inicialmente mejor, pero luego tenían una reaparición los síntomas de covid prolongado”.

Entre el 10 y el 15 por ciento de los pacientes se sintieron peor, según la encuesta. Esto sugeriría una teoría diferente: en algunos casos, los síntomas del covid prolongado pueden surgir como un trastorno autoinmune.

¿Qué causa esta disfunción? Es complicado. Los mismos anticuerpos protectores que combaten un virus pueden desencadenar un nuevo ataque de anticuerpos equivocado en el organismo, que es destructivo. La investigación ha descubierto que algunas personas con una infección previa por el virus COVID-19 tienen una gran variedad de estas células, llamadas “autoanticuerpos”, hasta seis meses después de haberse recuperado por completo.

“Ahora estamos comparando el patrón antes y después de la vacunación para ver si ese patrón de autoinmunidad cambia”, dijo Iwasaki.

Los resultados también podrían ofrecer información sobre una enfermedad similar llamada encefalomielitis miálgica/síndrome de fatiga crónica (EM/SFC). Al igual que el covid prolongado, la EM/SFC puede implicar una respuesta biológica que se descontrola cuando el cuerpo se encuentra con ciertas infecciones u otros peligros ambientales.

“Muchos de nosotros ya padecemos enfermedades crónicas complejas y nos están vacunando”, dijo J.D. Davids, un hombre de 54 años de Brooklyn que padece tanto COVID prolongado como ME/CFS y a quien le dio fiebre, se desmayó y se cayó después de su primera vacuna, rompiéndose un tobillo. El incidente agravó sus síntomas, dijo.

Las respuestas podrían llegar lentamente, ya que el reclutamiento de pacientes en el estudio de Yale ha sido un reto. Esto se debe a que el proyecto se inició después de que las vacunas estuvieran ampliamente disponibles, por lo que ha sido difícil encontrar personas que aún no estén inmunizadas.

Cuando llegó el momento de recibir su tercera vacuna, Rashid tenía miedo. Pero le preocupaba más que se repitiera la infección por COVID-19.

“Estaba aterrorizado de recibir el refuerzo”, recuerda. En la clínica, “lloraba como niño”.

Para su sorpresa, la experiencia transcurrió sin inconvenientes. Después, su salud mejoró durante un tiempo, luego recayó, y ahora está mejorando de nuevo. Está completando sus estudios y empezando a hacer ejercicio.

“Estoy subiendo de nuevo”, dijo. “Sigo creyendo en las vacunas”.