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En el verano de 2012, cuando preparaba el material para un taller de narrativa experimental que impartiría en la Facultad del Hábitat (UASLP) de San Luis Potosí, vi por primera vez la película “Ex-Drummer” (2007), basada en la novela homónima de Herman Brusselmans (Hamme, Bélgica, 1957), en la que tres perdedores minusválidos que conforman una banda de punk, le piden a un famoso escritor que sea su baterista; éste acepta y termina manipulándolos. La película, filmada por un joven director de nombre Koen Mortier (Bélgica, 1965), terminaría convirtiéndose en uno de los referentes cinematográficos más trascendentales de mi vida.

Como escribió Oscar Wilde: “no hay influencia buena, toda influencia es inmoral, desde el punto de vista científico. Influir sobre una persona es transmitirle nuestra propia alma”. Y yo ingerí de la voluntad de Mortier durante muchas noches. “Ex-Drummer” es el perfecto acercamiento a la rebeldía y la agónica fluctuación de la vida, fracturada por un nihilismo extremo. Los personajes de esta película son antihéroes que el espíritu enriquece y despoja ad nauseam, sólo para reflejar el gran vacío o la soledad profunda que el fracaso deja para el resto del día, tras la pasión humana y la música punk, que se usó y agotó a sí misma para ser.

En 2022 “Ex-Drummer” cumple 15 años. Para homenajearla entrevisté en Metro Underground a Mortier en un diálogo exclusivo sobre esta particular cinta de un humor más oscuro que el ultranegro.

Al final, si integras lo que eres en las influencias del mundo, puedes ir más allá…

El cineasta belga Koen Mortier, director de 'Ex-Drummer' (2007).
El cineasta belga Koen Mortier, director de ‘Ex-Drummer’ (2007).

¿Cómo llegaste al libro ‘Ex-Drummer’ (1994), del escritor, poeta y columnista flamenco Herman Brusselmans?

Recuerdo exactamente el momento en que leí mi primer libro de Herman, era “El hombre que encontró trabajo” (De man die werk vond (1985)); la novela describía exactamente los sentimientos con los que luchaba en ese momento: depresión, odio, nihilismo, todo contra un sistema capitalista. Cuando alguien me preguntó —después de dirigir “A Hard Day’s Work”, (1997), mi segundo cortometraje— qué tipo de largometraje quería hacer, y qué libro me gustaría convertir en película, inmediatamente pensé en la obra de Brusselmans, sobre todo en adaptar uno de sus libros “Ex-Writer” (Ex–schrijver (1991)), que era una novela filosófica más absurda, y perfectamente podría adaptarse al cine con el punto de vista de un director de cine que ya no dirige. Cuando conocí a Herman, pensé que adaptar “Ex–Drummer” sería una mejor idea, ya que la historia es más sencilla. Tenía muchas ganas de adaptar cualquiera de sus libros, siempre que el humor negro, nihilista y doloroso fuese parte de la película. No encontré ningún productor dispuesto/atrevido a poner en marcha el proyecto. Después de ocho años, decidí olvidarme de la financiación clásica y simplemente la produje junto con mi esposa, Eurydice Gysel, con un presupuesto reducido.

¿Qué fue lo que te atrajo en un inicio de esta novela de inadaptados y perdedores?

El humor absurdo y maniático que forma parte del estilo de escritura de Herman. Y el hecho de que los perdedores no se ven a sí mismos como fracasados, sino como ganadores. Fue, indirectamente, también una respuesta a los primeros programas de Big Brother, donde unos completos perdedores hicieron cualquier cosa para obtener sus 15 minutos de fama. Pensé mucho en eso y me pregunté: “¿hasta dónde llegaría la gente para conseguir algo de fama local?”. El resultado fue una intensa investigación en la construcción de los personajes. Me interrogué: “¿a quién quiero retratar, qué tipo de personas?”, y automáticamente aterricé en mi propia juventud, la época del punk y el anarquismo, combinado con una buena dosis de depresión, drogas y nihilismo. Y con un enorme deseo de reconocimiento y aceptación.

‘Me consumen las dudas de la vida y no me preocupa la muerte’, expresa Dries, el personaje central; un especie de escritor nihilista sumido en el aburrimiento más absurdo. ¿Compartes esta reflexión?

No hay razón para preocuparse por la muerte; es algo seguro. Es nuestra única certeza. Todos sabemos que la vida es un viaje en una sola dirección, hacia la muerte, así que no te preocupes… La parte preocupante es la vida misma. La complejidad y la naturaleza impredecible de la vida significa que siempre debemos estar atentos. Esto significa que las personas deben preocuparse a diario y preguntarse qué consecuencias tendrán ciertas acciones. Una pequeña cosa puede tener enormes consecuencias para el resto de tu vida. A menudo te paras frente a una encrucijada en T y luego tienes que elegir: ¿izquierda o derecha? Si eliges la izquierda, lo que suceda será el resultado de dicha elección. Si eliges lo correcto, tu vida procederá de acuerdo con eso. La vida es una red insondable de acciones y consecuencias.

¿Por qué un grupo de estúpidos, a quienes jamás vemos leyendo en la película —y que se llaman a ellos mismos ‘inválidos’— van donde un afamado escritor, a proponerle que sea el baterista de su banda de punk?

Viven en un pequeño pueblo donde todos conocen a todos. Esto significa que, incluso si no saben leer o son analfabetos, de alguna manera están al tanto del escritor. Al menos por su nombre. Por otro lado, quieren construir algo sobre su fama. Cuando te refugias debajo de un árbol, también tienes la oportunidad de atrapar sus frutos.

¿Cómo logras que la película hieda en sí, que nos transmita esa sensación de putrefacción, de una fetidez insoportable?

La película atrae al espectador hacia un agujero oscuro. Sin sospecharlo, te ríes con chistes que dejan un mal sabor de boca. Pero el chiste suele ser un señuelo para mostrar cosas mucho peores, convirtiendo al espectador en cómplice de lo que está pasando. Antes de que te des cuenta, serás cómplice de asesinato, violencia, etc. La reconocibilidad de algunos personajes, te hace establecer un paralelismo con las personas que conoces, y esto crea una especie de identificación.

¿Cuál fue la premisa para que el personaje de Koen —el vocalista de The Feminists con pintas de skinhead— aparezca cabeza abajo en las secuencias dentro de su departamento?

Koen vive al revés, perdió toda conexión con la realidad y el mundo que lo rodea. Es un psicópata que se cree normal; así como el montón de ellos piensan que están bien. Quería mostrarlo olvidado por la gravedad, ya que su mente perdió la conexión con el pensamiento normal. Está ahí afuera, y no hay forma de que pueda volver a ser un ser humano normal.

La secuencia final es una de las mejores de los últimos veinte años, que me recuerda al trabajo surrealista de Luis Buñuel, sobre todo en “El ángel exterminador” (1962); ¿qué referentes cinematográficos te influenciaron para llevarla a cabo?

Me gusta el hecho de matar a los personajes que creaste. Después de la película no hay nada más para ellos. Son lo que tú, como escritor/director, planeaste que fueran y llegaran a ser. También me gusta la idea del tiroteo, como en un western, pero en el mundo real, en el mundo actual. Una de mis grandes influencias es Sam Peckinpah; me gustó mucho el tiroteo en la película “The Wild Bunch” (1969), se siente como un eufemismo poético de derramamiento de sangre, pero por supuesto que no lo es.

¿La idea de musicalizarla con la mítica ‘Blow’ de la banda Ghinzu fue tuya?

Decido toda mi música antes de filmar.

¿Qué es lo más fuerte que has hecho en el nombre del rock, como los tres protagonistas de tu película?

Nada. Fui roadie durante un tiempo, y tomé fotografías en los conciertos, pero por lo demás, nada de nada.

¿Cuál es tu concepto personal de anarquía?

La anarquía está adentro, la mayoría de las veces la gente se ve “punk” y se comporta como “punk”, pero no lo son. Es una fachada. Mientras que en mi caso no parezco punk para nada y nunca lo fui, pero en el fondo soy anarquista, soy la persona más rebelde que puedes conocer, aunque nunca lo esperarías. Por mi anarquismo interior, puedo ser lo que quiero ser, y no tengo miedo de señalar lo que pienso sobre las cosas o las personas.

¿Sigue sin haber futuro?

El eslogan “No future” nunca fue mío. La idea es que mi futuro es mí elección, y si no es exactamente lo que creo que debería ser, entonces es imposible.