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El protagonismo es subjetivo, me dice Yair Hernández en entrevista: En mi barrio conocen y respetan más al taquero que se pone junto al mercado que a la vecina que tiene 20 mil seguidores en TikTok. Tal parece que la profecía de Andy Warhol se revierte: En el futuro todos seremos famosos por 15 minutos. Creo que en el nuevo futuro, todos querremos minutos de vida sacrificando a 15 famosos. Ya lo dijo Federico García Lorca, el hombre famoso tiene la amargura de llevar el pecho frío y traspasado por linternas sordas que dirigen sobre los otros. Esto lo entiende bien el cronista mexicano Yair Hernández, quien en un diálogo que es más bien un “match” de periodismo, nos demuestra por qué es una de las voces más prometedoras del país.

¿Qué recuerdas de tu infancia en la Ciudad de México de los años 90?

Recuerdo un día del niño en el kínder, que acabó conmigo siendo apartado del convivió porque tiré a Adolfo —aún recuerdo el nombre del otro morro— al piso. También recuerdo que, entre las primeras cosas que leí —luego de aprender a hacerlo— estaba una revista del Mundial de Francia 98. Y a los perros con los que conviví en mi primera casa: Oso y Blacky.

¿Te iniciaste con la lectura de clásicos o contemporáneos?

Clásicos, pero en su versión infantil. El gusto por la lectura me lo inculcó mi madre, Elena, desde pequeño. Cada 15 días íbamos al pasaje de libros Zócalo-Pino Suarez o a la librería Parroquial que está en Clavería por algún tomo de la editorial Selector.

Yair Hernández Cárdenas es estudiante de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Colabora en Nexos, Noisey (VICE) y Yaconic. Fue gestor del colectivo musical Aquí No Hubo Escena.
Yair Hernández Cárdenas es estudiante de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Colabora en Nexos, Noisey (VICE) y Yaconic. Fue gestor del colectivo musical Aquí No Hubo Escena.

¿Cuál fue el primer libro que te marcó?

Uno que recopilaba varios cuentos de Oscar Wilde. Recuerdo que me dio mucha tristeza leer la historia de “El Príncipe Feliz”. Por su parte, “El Gigante Egoísta” me pareció muy divertido.

¿Cuál fue tu mayor aprendizaje en la Escuela de Periodismo Carlos Septien García?

Que el periodismo no se aprende en una escuela; si bien ahí me dieron bases y aprendí a usar un editor de video que a la fecha utilizo para hacer pequeñas grabaciones, mi formación periodística se la debo a los libros que he leído, a la gente que he conocido y las calles por las que he pasado.

¿Cómo fue tu paso en Aquí No Hubo Escena?

Fue un colectivo que formé junto a varios amigos en 2013. El primer evento fue un hit, pues en una bodega abandonada de Azcapotzalco reunimos a Little Jesús, Tungas, El Shirota y otras buenas bandas por un cover de 15 pesos. De ahí mucha pandilla se nos acercó para activar lugares: éramos unos morritos sacando el cobre; llegamos a colaborar con el Festival Antes, hicimos decenas de shows en el multiforo Alicia y conocí a personas que se volvieron grandes amigos. Aunque también me di cuenta que en el panorama underground capitalino hay mucha hipocresía.

Entre el periodismo y la ficción no existen fronteras; al contrario, se encuentran entrelazadas en la crónica; ese puente de unión no lo instituyeron, como se dice, los estadounidenses que denominaron su actividad como “nuevo periodismo o literatura de no ficción”. ¿Cómo definirías la crónica ejercida en México?

Es estar en una calle y ver que hay baches, caca de perro en la banqueta, un huacal apartando el lugar para un carro, dos vatos caguameando en una esquina, una casa que se ve es de gente con varo —puerta automática, ventanas amplias, balconcito y malla eléctrica—, varias casas con la fachada grafiteada y los castillos a la vista por si hace falta echar otro piso arriba, una vieja propaganda de algún político del PRI colgando de un póster, un anuncio de empleo “bien remunerado” pegado a un teléfono de tarjeta que hace años nadie utiliza y un BMW estacionado.

En el Siglo XXI el sentido de lo público y lo privado ha cambiado a través de una cámara. Hay hambre de protagonismo en todas las revistas, necesidad de héroes y de innovadores marginales. ¿A qué crees que se deba esto?

La lluvia de likes ha potenciado una aspiración desmedida por el reconocimiento en redes. Aunque cualquier persona de esas —influencers, héroes de la web, innovadores marginales— sale a la calle y pasa desapercibida. El protagonismo es subjetivo; en mi barrio conocen y respetan más al taquero que se pone junto al mercado que a la vecina que tiene 20 mil seguidores en TikTok.

El feminismo es otra de las grandes revoluciones culturales del Siglo XX. Transformó el modo en que las mujeres se veían a sí mismas. Gracias a este movimiento surge la llamada liberación sexual y acaba siendo una de las renovaciones fundamentales en la defensa de los derechos de hombres y mujeres para decidir sobre su sexualidad. ¿Cuál crees que será el futuro del feminismo en América Latina?

De creer, no lo sé. Pero de desear, el más glorioso. Sé aspectos del feminismo, sus olas y sus variantes actuales gracias a lo que me han compartido amigas y familiares, pero de ahí no podría hacer una proyección más amplia.

Háblame de tu trabajo periodístico en la indagación de raras profesiones y vicios como los actores porno o los coleccionistas de sneakers.

Me gusta la gente que hace lo que le gusta sin limitarse… aparentemente. De ahí mi fijación por este tipo de personajes con filias muy marcadas. Primero conocí los recovecos sexuales de la ciudad —en textos y cápsulas que se pueden consultar en “Yaconic”— y de ahí comencé a indagar en otras comunidades que generan recelo o tabú.

Yair Hernández Cárdenas (Ciudad de México, 1994) es estudiante de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Colabora en Nexos, Noisey (VICE) y Yaconic. Fue gestor del colectivo musical Aquí No Hubo Escena.