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Creada, escrita y dirigida por Diego Luna, “Todo va a estar bien” (2021) es un ensayo y un examen de la noción de “matrimonio”, y cómo este concepto se ha mezclado con la idea del “amor romántico” a lo largo de los siglos. En una secuencia animada incluida en el primer episodio, uno de los personajes principales expresa: “El matrimonio, al institucionalizar el amor, lo mató”.

Tres meses antes, todo parece perfecto en casa. Cuando la pequeña Andrea (Isabella Vázquez Morales) llama a la puerta de sus padres después de una pesadilla; se escucha a Julia (Lucía Uribe) decirle a Ruy (Flavio Medina) que esconda un colchón, pero cuando se abre la puerta, están uno al lado del otro como si nada estuviera mal. Van a sus respectivos trabajos así como Andrea va a la escuela; Julia es una artista gráfica que trabaja para una agencia a punto de conseguir un gran contrato comercial, y Ruy se ocupa en una estación de radio. Posteriormente, vemos a Ruy coqueteando con una productora llamada Rebeca (Ruth Ramos), que está programada para ser DJ en la fiesta de compromiso de su cuñada. Cuando Ruy pasa por su hija a la escuela, ella siente dolor debido a un empaste roto. El padre la lleva a su dentista Nestor (Pierre Louis), quien está más que feliz de volver a abrir el consultorio para ayudar.

En la fiesta de compromiso, descubrimos que Ruy y Julia están realmente separados; pero todavía viven juntos para no traumatizar a Andrea, no obstante, Ruy duerme en un colchón de aire en su dormitorio. Durante la temporada de DJ de Rebeca, él insiste en poner una canción (“Demolición”, de Los Saicos) que le traiga recuerdos, pero inmediatamente despeja la pista de baile y molesta a Julia, quien se estaba divirtiendo hasta ese momento. Julia traslada a Ruy a casa porque había bebido demasiado, a pesar de que prometió mantenerse sobrio. Vomita en el coche justo cuando la detienen en un alcoholímetro. A pesar de que sólo tomó dos cervezas, supera el límite legal y es arrestada. Ruy intenta conseguir el dinero para mantenerla fuera del Torito, pero el cajero automático se come su tarjeta. Prontamente se va a casa borracho, dejando a la madre de su hija pudriéndose en un tanque de borrachos.

El segundo episodio va un poco más lejos, mostrando algo de la vida exterior de Idalia (Isabella Vázquez), la ama de llaves de la familia, y muestra que Julia ha estado aprovechando al máximo su separación, mientras que Ruy se ha sentido mayormente miserable. El tema de lo que realmente significa el matrimonio y la familia en 2021, en México o en cualquier otro lugar del mundo, permanece de manera fundamental. Es especialmente interesante ver cómo Julia y Ruy intentan ocultar detalles a Andrea, a pesar de que las cosas están a punto de estallar mientras celebran su cumpleaños, y piensan que de alguna manera ella no lo sabe. Como se nos muestra por enésima vez, los niños lo saben todo y los padres son unos pésimos embusteros. Lo verdaderamente interesante de ver es cómo Ruy y Julia navegan en esta división, y cómo se aseguran de que la metralla de sus conflictos no golpee a Andrea en el proceso. Parece que no siempre tendrán éxito, lo que se asemeja bastante a lo que sucede en la vida real. El aspecto que tiene esta familia al final de la temporada, debería ser algo que nos alegrara ver no sólo en la pantalla, sino en nuestras vidas diarias.

“Todo va a estar bien” reescribe la vida de sus creadores, del cast, el crew e incluso los amigos de La Corriente del Golfo (LCG), casa productora encargada de esta serie creada en 2018 por los antiguos ejecutivos de Canana Films. Es un momento crucial en la separación de una pareja, la de Kyzza Terraza, de Diego Luna, de Gael García, quienes se han visto en las mismas situaciones, y no sólo de ellos, ya que según datos del Censo de Población y Vivienda 2020, entre 2000 y 2019 la relación divorcios-matrimonios se quintuplicó con 160,000 divorcios en 2019. “Todo va a estar bien” es una serie espejo que contrasta con esa institución social, presente en gran cantidad de culturas, que establece un arcaico vínculo conyugal entre dos personas. El resultado será óptimo y esperanzador, ya que como escribió Edith Wharton en “La edad de la inocencia” (1920): “El matrimonio es sólo una monótona asociación de intereses materiales y sociales que se mantiene por la ignorancia de una de las partes y la hipocresía de la otra”.