Aretha Franklin solía decir que “si una canción es algo que he vivido o que podría haberme ocurrido, es bueno. Pero si es ajeno a mí, yo no podría dar nada a eso. Porque de eso se trata el soul”; algo que entiende muy bien Leon Bridges, cantante de soul de 32 años nacido en Atlanta, un poeta confesional de la Dance/Electrónica y el R&B/Soul. Sus letras son trepidantes retazos de la vida del compositor, realidades musicales que parten en dos el calendario de los días para arrojarnos al pasado, cuando las manos de la piedad nos auscultaba el rostro. “Gold-Digger Sound” (2021) nos hace sentir encapsulados en alguna época anterior, la de los chicanos en Santa Mónica, pero todo visto, sentido y acompasado desde la personalidad rampante de Bridges.
“Gold-Digger Sound” es el tercer álbum de Leon Bridges, un disco creado junto a Ricky Reed (“The Room”) y Nate Mercereau (“Duets Golden Gate Bridge”), durante dos largos años pandémicos. En realidad “Gold-Diggers Sound” es un bar/hotel y estudio de grabación del East Hollywood que encontró Leon Bridges durante las largas noches de dolor, y que le permitió al cantante explorar ese sonido bohemio apesadumbrado que lo ha consolidado ya como un nuevo gran referente musical. Conocido por su canción de 2015 “Coming Home”, que recibió una difusión más que regular —y fue una de las canciones virales en Spotify—; para este lance, Bridges nos regala un álbum con una intertextualidad muy interesante, es un trabajo que nos dice que no hay nada nuevo bajo el Sol y que los cambios son desde adentro, pero para ello, hay que despedir a los recuerdos y las letras escritas en una servilleta de bar subterráneo hollywoodense.

El cantante que se sirve de la calle lo ha transformado mágicamente y se ha transformado a sí mismo. Tal evidencia lo sitúa en un presente de madurez musical donde el pasado y el futuro se actualizan. La actividad de la resonancia, por este acto de madurez, se transmuta en pasividad —fuera ya del hit en Spotify. Así se llega a “Gold-Diggers Sound”. La noche verdadera del alma en oposición a la noche del mundo, surge para Leon Bridges como una síntesis de su pensamiento, como una realidad sonora absoluta que fuerza la creencia y que es evidencia incontestable del artista y su obra en consecuencia con la música soul.También en “Gold-Digger Sound” se da la doble apariencia de la borrachera, su presencia real está fundida en la ausencia y lo que de ella subsiste es el sueño puro de una ebriedad desaparecida en sí misma. La memoria, el alcohol, la clandestinidad, incluye al Universo en su constante articulación musical.
Leon Bridges se realiza con el álbum y con él se anula. O, mejor dicho, anula toda necesidad de ser. Queda como música eterna, la realidad suprema del intérprete.
Al escuchar el disco, se siente un canto sustancial. La experiencia sentimental de la música se sustituye por un conocimiento erudito y libresco del soul. Leon Bridges vive en el plano de la sensibilidad, ve fluir la vida en un eterno retorno de autoconocimientos etílicos, romances y tragedias. Ejemplo de esto son los temas: “Born Again”, “Why don’t you touch me” y “Don’t worry”. Así, la poesía se convierte en una mera actividad musical y asociativa.