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player ready...Iván Soto, un venezolano de 19 años radicado en Texas, dice que ama jugar al fútbol pero a veces, en medio de un partido, ve pasar un avión y se queda observándolo sin prestar atención al balón.
“Cuando yo estoy estudiando, no me enfoco en las cosas y con el deporte me pasa lo mismo. Si pasa un avión yo me quedo mirándolo y a veces me olvido de la pelota”, dijo Soto. Entonces su hermano Diego Soto, también venezolano, viene al rescate. “Cuando pasan esas cosas, yo le dijo, ‘Iván, vamos, vamos’, para que siga jugando”, explicó Diego, quien dice que su hermano juega como Neymar “porque se tira mucho”.
Los Soto juegan en el mismo equipo (uno como atleta discapacitado y otro como deportista sin esa incapacidad) y son un ejemplo del espíritu de cooperación e inclusión que se vivió el pasado fin de semana en el estadio Soldier Field en la conclusión de los Juegos Olímpicos Especiales, que celebraron sus 50 años de vida con diversos eventos deportivos en Chicago.

En Toyota Park, donde los hermanos Soto jugaron para la selección de Texas, la selección de Ecuador se consagró en el ‘Mundialito’ masculino (que se llamó ‘Copa Unificada’) al derrotar en la final a Uruguay por 1 a 0 mientras que las chicas de Eslovaquia ganaron el título al superar a Brasil por 2 a 1 en la final femenil.
Los Juegos Olímpicos Especiales, que nacieron en 1968 para dar la posibilidad de inclusión y participación a jóvenes con dificultades físicas o psicológicas, contaron con competencias de diversos deportes y presentaciones de danzas. En todas las disciplinas hubo equipos formados por atletas con incapacidades junto con otros sin dichas incapacidades.
El tema de la inclusión
José Moreno, un hijo de salvadoreños de 34 años que vive en Bensenville, Illinois, habla y razona perfectamente pero dice que algunas puertas laborales se le han cerrado por algunas dificultades físicas y de desarrollo.
“Yo tengo un pie más corto que el otro y cuando camino se nota; y nací 26 semanas prematuro”, explicó Moreno, quien dice que tiene dificultades de lectura y con las matemáticas. “Las incapacidades físicas se notan pero las mentales no. Yo he trabajado pero hace 10 años tuve que salir porque físicamente no podía, trabajaba en un restaurante y tenía que estar caminando todo el tiempo”.

Ahora Moreno es voluntario, desarrolla todo tipo de actividades relacionadas con los Juegos Olímpicos Especiales y en Soldier Field participó en las competencias de bochas.
“La inclusión es para personas con discapacidades y las que no tienen discapacidades para incluir a todos y para que todos estemos juntos como humanos”, comentó el joven salvadoreño-americano, quien también juega también boliche (bowling) y básquetbol y participa en un Grupo de Enfoque para Padres Hispanos de hijos con discapacidades (www.nedsra.org).
Yanira Reyes, madre de Soto y asistente a la fiesta de cierre en Soldier Field, explicó la realidad de los jóvenes con discapacidades.
“Aquí en este país (Estados Unidos) es mejor pero en nuestros países (de América Latina) nadie sabe que existen los ‘Special Olympics’. A los padres les digo que tengan mucha paciencia, que les den mucho valor a sus hijos y que siempre les digan que si otros pueden, ellos también pueden”, comentó Reyes. “Esa era siempre mi plática con él, le decía, ‘no te frustres porque quizás te va a costar pero vas a lograr lo que tú quieres’. Ahora lo veo que está feliz ayudando a otros niños con dificultades. Los papás tienen que tener mucha paciencia y dedicación”.
En Chicago hubo atletas y voluntarios de todo el mundo. Roy Bayona, un hispano que representó a Texas en fútbol y que dice que puede concentrarse en los deportes “porque me gusta” y que ‘se pierde’ a la hora de estudiar, dijo que “fue muy bonito venir aquí porque conocí gente de otros estados y otros países como Rusia”.
Bayona consiguió el fin de semana pasado un récord personal pues anotó dos goles en un solo tiempo en Soldier Field, algo que pocos profesionales podrían igualar.
El evento contó con estrellas ex profesionales del fútbol como el marfileño Didier Drogba, ex jugador del Chelsea inglés quien terminó su carrera en Estados Unidos, y el astro brasileño Zico, quien brilló en los años ’70 y ’80.

Drogba, quien trabajó en el proceso de paz de la guerra civil de Costa del Marfil y también donó $3 millones para la construcción de un hospital en su país, explicó su presencia en Chicago: “Creo en un mundo de inclusión sin diferencias, donde la gente con capacidades especiales sea aceptada. Esto es algo que hago con mi corazón. Verlos sonreír me hace muy bien. Hay que hacer todo lo posible para que todos sean parte de la sociedad”.