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Es necesario recordar el pasado para establecer comparaciones más precisas con el presente.

En el Mundial de fútbol de 1978 hubo apenas dos goles de tiro esquina y uno en contra (sobre un total de 102 goles). Un 85 por ciento de las anotaciones llegó en jugadas colectivas, algunas de ellas maravillosas. Si se observa detenidamente, en ese Mundial no hubo un solo gol de esos donde un jugador la tira “fuerte al área para que alguno la meta”, como decíamos en el barrio.

La evolución del fútbol nos ha llevado a la realidad actual. En Rusia 2018 hubo 70 goles en jugadas de pelota parada y casi la mitad de los equipos (15 de 32) marcó al menos la mitad de sus goles por esa vía. Ya en la última Champions League 45 tiros de esquina acabaron en gol.

En Rusia hubo además 12 goles en contra, un récord histórico y el doble de la mayor marca anterior, ocurrida en Francia ’98.

La explicación de este fenómeno es simple: hay sobrepoblación defensiva y los goles llegan solo a través de un rebote en delanteros o defensas dentro del área. La propia Francia, con todas sus estrellas, jugó descaradamente a la defensiva en la semifinal ante Bélgica y la final contra Croacia y solo buscó el gol a través de rápidos contraataques o con pelota parada. Si eso ocurrió con Francia, una selección plagada de talentos, ¿qué queda para el resto?

Por eso no sorprendió ver a equipos ‘colgados del travesaño’ delante de su portero. Tal fue el caso de Costa Rica ante Brasil, Irán contra España e Islandia frente a Argentina por solo citar algunos ejemplos. Y por eso también es lógica la enorme cantidad de goles en pelota parada o en contra. Si hay 20 jugadores -atacando o defendiendo- delante la portería, la única opción parece ser un remate fuerte al arco para que un delantero la desvíe con la cabeza o un defensa la meta en su propio arco.

Marco Van Basten, holandés y uno de los máximos goleadores de la historia, lo explicó claramente: “Este fue un Mundial en el que los número 9 la tuvieron muy difícil. Conectar con la pelota y tener espacio se les hizo complicado. Hemos visto defensas muy cerradas, con poca posibilidad de pases entre líneas y jugadores como Neymar y Messi han tenido inconvenientes en explotar su juego. Los delanteros tuvieron que aprovechar las pocas oportunidades que se les presentaron”.

Ante esas dificultades, hubo que recurrir a métodos no tan tradicionales. Hay quienes dicen que esto ya no es fútbol sino otro deporte y razón no les falta. Gareth Southgate, entrenador de Inglaterra, viajó a Estados Unidos para observar entrenamientos y partidos de la NBA y NFL y estudiar cómo se buscan oportunidades en espacios reducidos. El resultado fue sorprendente: Inglaterra fue el líder en anotaciones con pelota parada con nueve goles logrados de esa manera. Todos recordarán ‘el trencito’ de jugadores ingleses en cada córner durante este Mundial, en una formación muy parecida a las de la NBA en jugadas luego de tiempos muertos.

A todo esto, uno se pregunta, ¿dónde está la belleza de ese fútbol? ¿Alguien vio alguna vez a un entrenador de fútbol para niños explicando que los goles llegan de esa manera? No, se enseña a tratar bien la pelota para llegar al gol en jugadas armadas. Y eso es precisamente lo que no se vio -o no funcionó- en Rusia 2018.

España, el rey del ‘tiqui taca’, batió todos los records de posesión y pases pero no encontró la fórmula del gol. ¿Por qué? Porque ante defensas cerradísimas, no cuenta con un Plan B, ese que consiste en meter un balón aéreo en el área ‘para ver qué pasa’.

El propio campeón Francia fue el mejor ejemplo de la fórmula actual del éxito. Repasemos sus goles a partir de cuartos de final: centro ‘al montón’ para que Varane la desvíe de cabeza para el 1-0 contra Uruguay; remate aislado (no en una jugada) de Griezmann que se escapa de las manos de Muslera para el 2-0; centro ‘al montón’ para que Umtiti la desvíe al gol para el 1-0 ante Bélgica; centro ‘al montón’ y desvío para gol en contra de Mandzukic en el 1-0 contra Croacia; pelotazo de 80 metros ‘al montón’ del arquero Lloris que Vida manda al córner en la final, de ahí viene otro centro ‘al montón’ que termina en la mano y el penal que Griezmann convierte en 2-1.

Así ganó sus partidos decisivos Francia. Fue el primer campeón de la historia cuyo 9 no anotó un solo gol. Claro, el 9 es quien termina jugadas ofensivas. Pero Francia jugó a otra cosa.

Todo es cuestión de gustos y cada uno gana cómo puede. Resulta difícil recordar goles bellos en Rusia 2018. Algunos tendremos que esperar hasta Qatar 2022 para ver si podemos disfrutar de alguna buena jugada.