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La lista de indicios de suicidio parece parte del catálogo de enfermedades del cotidiano moderno: baja autoestima, depresión, pérdida de relaciones o seguridad económica, insomnio.

“Cuando ves esas listas”, dice Eric Beeson, de la facultad de asesoría en Northwestern University, “parecería que casi todos fueran candidatos para el suicidio”. Sin embargo, con los recientes incidentes de suicidios mediatizados como el de la diseñadora Kate Spade y la personalidad televisiva Anthony Bourdain, hay una necesidad de distanciarnos de este acto.

“En un punto en la vida de todos”, dice Beeson, “dicen que nunca harían eso. Pero creo que todos estamos a unos eventos de vida de considerarlo. Para mí, todos estamos en ese continuum”.

Datos del National Institute of Mental Health demuestran que, en 2016, 1 millón de adultos estadounidenses hicieron planes e intentaron cometer suicidio. Sin embargo la mayoría de nosotros todavía nos falta la comprensión de qué lleva a estas muertes, más allá de estas listas de indicios.

El riesgo de suicidio no es tan simple como una lista de factores de riesgo. “Hablamos sobre el suicidio como una cosa”, dice Beeson, “pero el suicidio ¿es realmente este espectro de comportamientos? Siempre te preguntas: ‘¿Son suicidas?’ Y para mí eso es realmente una pregunta limitante”. Al evaluar si las personas podrían suicidarse, Beeson analiza “variables clave que parecen estar más relacionadas con la muerte”:

A la hora de asesorar si la gente quiere quitarse la vida, Beeson analiza “variables clave que parecen estar más relacionadas a la muerte.” Esas son:

Percepción de carga, “la idea de que mi muerte es más valiosa que mi vida”.

Pertenencia desbaratada, ‘quiere decir que intento hacer conexiones significativas, pero simplemente no da resultado.”

Irremediable, “OK esto tengo, y nunca va a mejorar.”

Capabilidad adquirida, la habilidad de dejar restricciones psicológicas y físicas normales a un lado y realizar un acto que puede ser doloroso u horripilante.

Con los primeros dos factores, dice Beeson, que la gente empieza a tener pensamientos sobre suicidio. La idea de que uno ya no tiene esperanza puede también atraer el suicidio, pero el último factor es el más difícil de percibir.

Clínicos como Beeson buscan indicios de que una persona se haya acostumbrado al dolor, la vergüenza o la culpa. Un historial de abuso, abuso de sustancias, asalto o incluso profesiones como medicina que exponen a un individuo a la muerte a menudo pueden constituir al proceso lento de destrozar las barreras mentales y físicas de la auto-lesión.

El suicidio típicamente no es un acto impulsivo. “La gente dice que es algo egoísta; otros dicen que es irracional”, dice Beeson, “pero realmente creo que muchos de los suicidios están muy premeditados y contemplados”.

Dejando una nota, como Kate Spade supuestamente hizo, puede ser interpretado como evidencia de contemplación e intento de remover las últimas barreras psicológicas a la muerte.

“Algunos dicen que es una manera de hacer frente a la vergüenza,” dice Beeson. “Hay algo que esta persona no ha resuelto e intenta tratarlo”.

El debate filosófico sobre el suicidio está más presente que nunca. En antiguas sociedades, el suicidio era interpretado como una decisión disponible e incluso noble. Hoy, en países como Suiza, donde existen clínicas de eutanasia, el suicidio asistido es aceptado. Cinco estados en EEUU y el Distrito de Columbia tienen leyes de “Muerte Con Dignidad” que permiten suicidio asistido en casos de enfermedades terminales.

Para cambiar la perspectiva en suicidio, volvamos a los eventos del 11S y cómo nos sentimos sobre la gente que saltó de las Torres Gemelas incendiadas antes de que se colapsaran. “Esa analogía no es muy diferente de alguien con un trastorno depresivo”, dice Beeson. “No son llamas de verdad, pero son llamas de algo”.

Condenar el suicidio puede dificultar la prevención. Existe un movimiento dedicado a desestigmatizar el suicidio, incluyendo cambiar las maneras en las que hablamos sobre ello – “cometer suicidio” crea una imagen de cometer un crimen, cuando un lenguaje más directo como “murió por suicidio” o “se mató” evita los tonos negativos.

“Si nos vemos demasiado separados de la gente y pensamos que nunca estaremos ahí, es muy difícil conectar con la gente de manera significativa.

“Quieres que la gente se abra lo suficiente para compartir contigo antes de que tomen la decisión firmemente”.

El fin es cruzar la frontera de pensamientos suicidas y ofrecer una alternativa. “Intentamos descubrir lo que intentan con esa decisión y ofrecerles otra manera de conseguir lo que quieren”, dijo Beeson.