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CHICAGO – A comienzos de la década pasada, cuando el boricua Miguel ‘Macho’ Hernández era uno de los mejores boxeadores de Chicago, su hijo Joshuah subía al ring durante las peleas de su padre para impresionar al público con sus movimientos boxísticos. Hoy los roles se han invertido, Joshuah Hernández es el protagonista y su padre sube al ring para guiarlo desde la esquina en cada combate.

Miguel ‘Macho’ Hernández, de 43 años, fue campeón mediano de Illinois y forjó un record de 20-12 y 10 KO en una carrera que se extendió entre 2003 y 2013. Su hijo Joshuah, de 21 años, fue campeón de los Guantes de Oro de Chicago como púgil amateur y hoy es un super pluma que lleva una marca de 6-1 y 5 KO. Ambos van en busca de un sueño compartido dentro del campo rentado.

“Cuando yo peleaba, estaba afuera hasta las dos de la mañana vendiendo boletos. Ahora cuando él va a pelear, yo estoy vendiendo boletos con mi esposa y él solo tiene que pelear”, dice ‘El Macho’, quien quiere que su hijo se enfoque en el boxeo.

El joven Joshuah no es un boxeador común pues trabaja como instructor del gimnasio Unanimous Boxing en Chicago y en unos meses se va graduar en la carrera de educación física con una especialización en ciencia del ejercicio en la Universidad DePaul.

“Al principio no me tomaban en serio porque soy el único boxeador profesional de Chicago que va a la universidad. Me ven y dicen, este muchacho no necesita el boxeo”, comenta Hernández hijo, quien debió presentar un reporte en la universidad el mismo día de su tercera pelea profesional.

El joven Hernández lleva al boxeo en la sangre pues creció observando a su padre y a otros grandes del boxeo local como Angel Manfredy, el polaco Andrzej Golota y David Díaz. A los siete años realizó su primer combate hasta alcanzar una marca de 42-12.

Después de ganar los Guantes de Oro locales en las 132 libras y el premio al mejor libra por libra en 2014 y de ser subcampeón al año siguiente, Joshuah Hernández ingresó al profesionalismo, donde debutó en 2015 y consiguió cinco victorias consecutivas, cuatro de ellas por nocaut, en el UIC Pavilion. Las siguientes dos peleas fueron verdaderas batallas ante Gavino Guaman, un ecuatoriano radicado en Wisconsin.

Guaman (5-2 y 1 KO) sorprendió a Hernández en el primer pleito, en abril de este año en UIC, al derrotarlo por nocaut técnico en el primer asalto. La revancha ocurrió tres meses más tarde en el mismo escenario y fue una de las peleas más dramáticas de los últimos tiempos en Illinois. Hernández cayó en el primero y el cuarto round pero se repuso para provocar dos caídas al ecuatoriano en el sexto asalto y ganar luego por nocaut técnico. Hernández se arrojó luego de cara sobre la lona para festejar mientras su padre subía al ring para iniciar un festejo alocado. Luego el ‘Macho’ levantó a su hijo para llevarlo en andas por todo el ring y celebrar un triunfo memorable.

“Después de la primera pelea, llamé a Warriors Boxing (que la había organizado) y les dije que necesitábamos la revancha”, explica el padre. “Muchos pensaban que yo estaba loco, pero como boxeador, yo sabía que no iba a ser el mismo si no le ganaba la revancha. Y no solo le ganó sino que lo hizo abandonar, que era lo que quería”.

Para el joven Hernández, la revancha ante Guaman va a guardar siempre un sitio especial en su carrera. “Mi boxeador favorito era Arturo Gatti y yo le decía a mi papá que un día iba a tener una pelea así. Ahora puedo sentarme en mi casa con mis sobrinos para verla. Para mí fue un logro ganarla”, razona Joshuah Hernández.

El dúo Hernández aguarda un nuevo combate en enero. Mientras el joven boxeador continúa su ritmo de vida desenfrenado. De lunes a jueves asiste a DePaul de 8 a 2:30 de la tarde y luego entrena de 5 a 8 de la noche en el gimnasio de Sam Colonna, el entrenador local que suele sentarse en su rincón en cada pelea. Los viernes y los fines de semana trabaja siete horas como instructor y agrega varias horas de entrenamiento.

Su vida de estudiante y boxeador confunde a algunos. “Cuando digo que soy boxeador, piensan que voy a un gimnasio a pegarle a la bolsa. Pero cuando me ven en una pelea me dicen, ‘tú sí haces esto en serio’, y se sorprenden”, dice Joshuah Hernández, quien planea dedicarse solo al boxeo desde 2018 al completar su carrera universitaria.

Al contrario de lo que podría suponerse, Hernández suele observar su única derrota como motivación. “Cuando la vida se pone dura y estoy preocupado por el estudio y el trabajo, me siento a ver la pelea que perdí y después la que gané, y eso me demuestra que puedo hacer todo lo que quiero y que nada me puede detener cuando creo en mí mismo”.