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Cuando la mayoría de estadounidenses piensan en un perro mexicano, generalmente se les viene a la mente el pequeño chihuahua, debido en parte a la popularización que les dio la cadena de comida rápida Taco Bell, cuyos comerciales televisivos han recibido críticas a lo largo de los años por fomentar estereotipos mexicanos.

En cambio, desde que salió la publicidad de “Coco”, la nueva película de Disney Pixar basada en la tradición mexicana de Día de Muertos, se ha despertado un interés binacional por el carismático y noble perro azteca o el “Mexican hairless” como lo llaman en inglés: el Xoloitzcuintle.

En la película animada se retratan las vivencias de un niño llamado Miguel que, siguiendo su sueño de ser músico, huye de su casa y termina en La Tierra de los Muertos con sus antepasados —una posible referencia a Mictlán, de la tradición mexica. A Miguel lo acompaña un xoloitzcuintle callejero llamado Dante que, según las creencias antiguas, tiene la habilidad de encaminar las almas al inframundo después de la muerte.

El término xoloitzcuintle proviene del náhuatl: Xólotl, que significa extraño, e itzcuintli, que significa perro. En la ideología mexica, xólotl era el dios de la transformación y la duplicidad; de la oscuridad nocturna y lo desconocido. Era considerado el hermano gemelo de Quetzalcóatl y era representado como un hombre con cabeza de perro, según la Asociación de Amigos del Museo de Arte Popular Mexicano.

¿Los más feos?

El origen de los xolos se remonta a 3,000 años atrás, y por mucho tiempo estuvieron en peligro de extinción. La conquista española en México casi los elimina, y desde entonces han sido discriminados por su apariencia peculiar. Esta raza antigua ha ganado premios en concursos caninos por ser los “más feos”, tanto en México como en Estados Unidos, a pesar de ser muy inteligentes, ágiles y rápidos.

Chicago tiene una pequeña pero creciente población de xoloitzcuintles desde antes de que estuvieran “de moda”, comentó Sol Hernández, residente de Pilsen y quien es dueña de una familia de cinco xolos. Hernández importó su primer xolo llamado Xihuitl desde su natal Guadalajara, Jalisco, en 2010. Al poco tiempo se trajo a la hembra, Etskuni, que en 2016 dio a luz a tres cachorros. La mamá xolo a veces caza ardillas, contó Hernández, pues los xolos son conocidos por matar coyotes.

Existen tres variedades del tamaño del xoloitzcuintle, miniatura, intermedio y estándar. Sus cuerpos oscuros y delgados carecen de pelo, excepto por sus copetes y ocasionalmente con pelo sobre la espina dorsal y en la punta de la cola.

“Necesitan mucho espacio y son delicados en el frío. No son perros comunes y corrientes”, alertó Hernández a aquellas personas que estén considerando obtener un perro “sagrado” después de ver la película.

Los xolos provienen de Hidalgo y se concentran en el centro de México. En Chicago se sabe de perros xolos ubicados en las áreas de La Villita, Albany Park y Cicero.

En 2016, el Xoloitzcuintle fue declarado patrimonio cultural en la Ciudad de México.