Una tiendita convertida en teatro en el vecindario Back of the Yards narra la singular lucha de los mexicoamericanos, puertorriqueños y otros latinos que crecieron en Chicago y que no están acostumbrados a verse en la industria de las artes, o incluso en las producciones culturales del suroeste y la costa este de Estados Unidos.
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Dirigida por Ricardo Gamboa y Ana Velázquez, residentes del sur de Chicago, “Meet Juanito Doe” invita a los chicaguenses a verse a los ojos con humor, aun cuando sus experiencias no son convencionalmente aceptadas por los anglosajones o por las normas conservadoras de su cultura.
Otrora un taller de reparaciones de electrodomésticos, la tienda de la familia Guerra fue transformada por Velázquez y su esposo, que la decoraron con tendederos de ropa que recuerdan a la vecindad del Chavo del Ocho, y un sentido íntimo de una típica sala de barrio, con sofás y muebles que no combinan, macetas en envases de café, porcelana de a dólar, e incluso el comercial Empire Carpet tocando en el fondo.
El concepto de “Meet Juanito Doe” deriva del nombre genérico anglosajón John Doe, que se refiere a un individuo sin identidad, un fulano. Gamboa quería decir algo sobre la invisibilidad de la comunidad Latinx en la narrativa de la ciudad a pesar de que representan un tercio de la población de Chicago. Los directores combinaron referencias culturales de la televisión y música popular, fiestas familiares, concursos de belleza, el circo y otros escenarios más comunes dentro del estilo de vida de la clase trabajadora latina.
La obra fue un proyecto colaborativo desde que surgió la idea en 2008, cuando Gamboa era director artístico de Teatro Americano con sede en La Villita. Posteriormente Gamboa y Velázquez organizaron una serie de noches de bebida, escritura y espacios para contar cuentos donde las personas compartieron sus historias personales y recuerdos de su niñez y juventud. Los directores se empeñaron en que los monólogos fueran interpretados por personas que vivieron esas experiencias, no por actores profesionales que llegaron desde lejos, o gente de los suburbios que ahora pretenden conocer la ciudad, dijeron.
El show de dos horas es emocionalmente provocativo, pues el elenco de residentes de Chicago toca temas delicados como el crecer rodeado de pandillas, el consumo de las drogas, con padres borrachos, madres trabajadores, la guerra, trabajos mal pagados, el desplazamiento urbano, y con identidades sexuales y de género malentendidas por el hogar tradicional.
“Hablamos de cosas de las que estamos entrenados a pensar que no vale la pena mencionar, o que son cosa del pasado, cuando uno estaba pobre o navegando, cosas de las que uno se avergüenza. ¿Por qué?”, se preguntó Velázquez, quien agregó que ella nunca quiso tener una quinceañera y la hicieron sentir como que no estaba bien.
Insatisfecho con el teatro institucional en Chicago, Gamboa “dio la media vuelta” y se dirigió directamente a las comunidades de Chicago cuyas historias suplicaban ser contadas con un respeto sincero, con dimensión y sofisticación, dijo.
“Incluso los artistas de color pueden caer en la trampa de escribir para la mirada blanca o el punto de vista dominante, y hacen cliché de su escritura; no se le da honor a la producción cultural de la gente de piel morena, específicamente mexicanos, pero tenemos que crear nuestra propia ecología cultural aquí”, agregó Gamboa.
Imagínese a un extraterrestre mexicano que desciende en la sala con una bandera mexicana en una mano y una bandera de Chicago en la otra, haciendo alusión al estatus de indocumentado. Ese es el tipo de reacciones viscerales que se encuentran en los actos surrealistas (pero realistas) de “Meet Juanito Doe”.
Para comprar boletos antes de que se agoten de nuevo: bit.ly/JuanitoDoe