Mientras los edificios históricos en Pilsen son evaluados por posibles compradores de bienes raíces, residentes del vecindario están nerviosos por cómo la reurbanización afectaría no sólo las propiedades residenciales, sino también los centros comunitarios; como el de la Asociación Pro Derechos de los Trabajadores (APO), uno de los pocos edificios de cinco pisos a lo largo de 18th St., el cual sería una prioridad en el radar del desplazamiento.
Un grupo que se hace llamar Amigos de APO está determinado a que no se repita la historia del que fuera el centro comunitario Casa Aztlán, que dicen, se perdió por una combinación de mala administración y el impulso de nuevo desarrollo urbano en el barrio.
Con la intención de convertirlo en un espacio más acogedor para los vecinos, a lo largo de los años, artistas y miembros de la comunidad se han acercado a APO, una organización sin fines de lucro que supuestamente ha estado inactiva por años, excepto por actividades ocasionales en el primer piso de su sede, 1438 W. 18th St., frente al popular café Jumping Bean.
Leticia Guerrero, directora del edificio, hija de Raquel Guerrero, una de los primeros miembro de APO y líder comunitaria, se ha rehusado a reunirse en privado con Amigos de APO, explicó el grupo.
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Los registros de la municipalidad de 2000 muestran la transferencia de la propiedad del Consejo Latinoamericano de Iglesias Cristianas, con sede en Texas, a APO por la suma de un dólar.
Los Amigos de APO, compuesto por miembros fundadores, sus hijos, y varias organizaciones, dicen que quieren saber quiénes forman la Junta de Directores y determinar cómo operar como un centro comunitario completamente abierto al público y con programación consistente.
El grupo envió una carta a APO el 16 de octubre que decía:
“Es nuestro deseo que podamos trabajar juntos en la rehabilitación del edificio de APO y asegurarnos de no perder este centro comunitario a los desarrolladores de condominios o a la ciudad debido a infracciones del edificio o deudas por impuestos a la propiedad”.
En una asamblea abierta que Amigos de APO organizó recientemente en la iglesia San Pío, los Guerrero estuvieron presentes, junto al instructor de arte J-Def y un grupo de estudiantes que dicen participan en actividades artísticas en varias localidades, entre ellas APO.
Leticia Guerrero afirmó que el edificio estaba en pleno cumplimiento con los códigos de la ciudad, mientras que Amigos de APO argumentaron que el edificio no actúa como una organización religiosa y, por lo tanto, la exención de impuestos de APO podría cuestionarse en cualquier momento y ser multada por miles de dólares.
La junta de APO se reunirá para discutir sus propios esfuerzos para crear un centro comunitario, agregó Guerrero.
APO comenzó dentro de una fábrica cuando los trabajadores estuvieron en huelga para mejorar las condiciones de trabajo, dirigida por el fallecido Pablo Torres, un organizador pro trabajadores.
Según Bernardino Echeverría, de 62 años, quien fue vicepresidente de APO en 1983 antes de regresar a México para cuidar a sus padres, el grupo organizó múltiples campañas en la década de los setenta para luchar contra la discriminación de latinos en las contrataciones de compañías privadas y entidades públicas como Greyhound, el U.S. Postal Service, People’s Gas y Cook County Hospital.
En los noventa, APO albergó a varios artistas de renombre, pero actualmente sólo hay un artista, José Piña Morales, que opera ahí regularmente.