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En una reunión con líderes comunitarios en La Villita, JPMorgan Chase se comprometió a invertir $40 millones en los vecindarios históricamente descuidados de la ciudad en el sur y el oeste de Chicago, como parte de una iniciativa para combatir la pobreza y la violencia a través del progreso económico.

El plan de tres años por parte del banco más grande de la nación es el segundo compromiso más grande con una ciudad, siguiendo una donación de $150 millones en Detroit. Como en Detroit, el banco cree que su iniciativa de financiamiento tendrá éxito en Chicago debido a la colaboración que implica entre los sectores público, privado y sin fines de lucro.

Las becas de Chase a grupos comunitarios giran en torno a cuatro categorías sociales por medio de organizaciones comunitarias: capacitación de empleos, expansión de pequeños negocios, revitalización de vecindarios, y programas de finanzas personales.

El abrir sucursales de banco en dichas comunidades no forma parte del plan.

“No somos tan arrogantes como para pensar que vamos a llegar y resolver un problema”, dijo Peter Scher, encargado de las iniciativas globales de responsabilidad corporativa del banco. “Pero creemos que cuando se tiene ese tipo de colaboración, hay cosas que podemos brindar en términos de nuestros recursos y conocimientos que pueden ayudar a acelerar y catalizar mucho de ese crecimiento y oportunidad”.

La mayor parte de los $40 millones de dólares aún no han sido asignados. Las organizaciones del sur y oeste de Chicago que estén interesadas en ser beneficiarias de una parte de los $40 millones, deberán pedir una solicitud por e-mail a [email protected] y presentar una propuesta.

“Estamos muy emocionados porque Chase ha apoyado nuestro programa exitoso de carreras de salud, y esperamos que otras organizaciones latinas también obtengan ayuda,” dijo Alex Garza, CEO interina del Instituto del Progreso Latino, donde se llevó a cabo la reunión.

Hasta ahora Chase sólo ha asignado $3.7 millones. La subvención más grande, de $2 millones, ha ido a una nueva iniciativa de Heartland Alliance que con la ayuda de grupos comunitarios identificará a los individuos con mayor riesgo de la violencia armada y les pagará para trabajar en trabajos temporales de 18 meses, como haciendo limpieza del vecindario, junto con terapia de conducta y otros tipos de apoyo. El objetivo es conectar a 400 personas con trabajos transicionales en el primer año.

El Laboratorio de Crimen de la Universidad de Chicago evaluará si la intervención está funcionando, siguiendo si los participantes se involucran menos balaceras y homicidios que en un grupo controlado. No hay certeza de que el modelo funcionará en una población de alto riesgo, y “una de las razones por las que hemos disfrutado de asociarnos con (Chase) es que están determinados, piensan que esto realmente vale la pena intentarlo”, dijo Evelyn Díaz, presidente de Heartland Alliance.

Chase dijo que 95 por ciento de los $40 millones de dólares se otorgarán en forma de pequeñas donaciones o ‘grants’ como se conocen en inglés.

En Detroit, Chase inicialmente concentró su financiamiento en incubadoras de pequeños negocios, pero terminó invirtiendo más en negocios de minorías después de descubrir que el verdadero desafío para los dueños era el acceso a fondos.

“La clave es estar siempre evaluando, y si algo no funciona, continuar con lo que sigue”, dijo Whitney Smith, directora ejecutiva de filantropía global para el Medio Oeste de Chase, que se unió al banco después de 10 años con el Joyce Fundación.

Unos pocos millones de dólares pueden marcar la diferencia, dijo Meghan Harte, directora ejecutiva de LISC Chicago, un grupo de desarrollo comunitario sin fines de lucro.

“Pero hay un número significativo de barrios en Chicago que necesitan inversiones más allá de un par de millones”, dijo Harte.

North Lawndale, que tiene una de las tasas más altas de pobreza, crimen y desempleo de la ciudad, todavía resienten el cierre de la imprenta del catálogo Sears, Roebuck & Co., hace más de 40 años, que proporcionaba unos 20,000 puestos de trabajo en la zona.

Las necesidades de vecindarios como éste son innumerables después de décadas de desinversión, dijo Zack Schrantz, CEO de UCan, que presta servicios sociales a jóvenes y familias del área. Pero recuerda las tres prioridades que los residentes pedían en su primera reunión comunitaria: “trabajos, trabajos y más trabajos”.

Pero aún así, la filantropía corporativa no puede recompensar por los débiles presupuestos públicos que constituyen la mayor parte de la financiación de los servicios sociales de la ciudad.

Esas inversiones tendrán más posibilidades de triunfar cuando el donante privado trabaja junto con grupos comunitarios establecidos que representen a toda la comunidad, y no sólo las organizaciones bien conectadas y con acceso a las palancas de la ciudad, dijo Winifred Curran, profesora de la Universidad DePaul.

Chase dice que ya tiene esos lazos comunitarios en Chicago, en donde es un donante activo.

[email protected]

Twitter @hechaenchicago