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Salvador Torres trabajó como mesero en Caminos de Michoacán, un bar de Pilsen del que después se adueñó. Por décadas, el establecimiento fue una cantina típica de esquina que atraía a inmigrantes, casi siempre hombres, después de un largo día de trabajo. Pero el cual se ha adaptado a los cambios demográficos en Pilsen, y ha aprendido a perdurar.

Cuando Torres llegó a ese barrio –al suroeste del centro de Chicago— desde su natal Michoacán, nunca se imaginó que se volvería empresario de uno de los ahora bares más populares entre los jóvenes latinos de Chicago.

“El ir a Caminos es como sentir un poquito de mis raices, del ambiente y las canciones que escuchaban mis padres y mis abuelos”, comentó Valeria Ramírez, de 28 años, quien frecuenta la cantina. “Ahora ya no sólo venimos los mexicanos, hay de todo. Se ha vuelto muy popular este ambiente tan auténtico”.

Mantener la autenticidad de una cantina tradicional mexicana, es la meta de ‘Don Chava,’ como le llaman varios de sus clientes y amigos a Torres. Desde hace 34 años, siempre vestido con una guayabera, Don Chava atiende a sus clientes de Caminos de Michoacán.

Antes de ser el dueño de la cantina, Torres pizcó fruta en California como parte del programa Bracero. Años después, con el apoyo de su esposa, mantuvieron una pequeña ferretería sobre 18th St.

“Los tiempos han cambiando”, contó. Torres recuerda cuando asistía casi puro varón y ponían “viejitas pero bonitas” en la rocola para recordar a sus seres queridos y su tierra. Eran tiempos más bruscos, cuando de vez en cuando se podía ver a alguien portando una pistola fajada en el cinturón, agregó.

“Ahora hay más mujeres que hombres y las cuidamos”, contó.

La música, el bilingüismo y las famosas micheladas reflejan el biculturalismo de clientes estadounidenses de ascendencia mexicana.
La música, el bilingüismo y las famosas micheladas reflejan el biculturalismo de clientes estadounidenses de ascendencia mexicana.

A pesar de lo angosto, el lugar se llena a máxima capacidad de gente joven y diversa. A menudo se hace una fila afuera para poder entrar. Varios de los que acuden son hijos e hijas de los clientes que Torres solía atender cuando era uno de los cantineros del lugar. Algunos de ellos aún frecuentan la cantina. De vez en cuando también llega algún activista comunitario, políticos o funcionarios públicos.

Hace unos cinco años, Caminos de Michoacán se “modernizó”. Le hicieron pequeños cambios, y cuidaron que no se le arrebatara el sentido auténtico al negocio, contó su propietario.

Pintaron, pusieron aire acondicionado, pantallas para ver los partidos, y luces nuevas.

Cada viernes se puede apreciar cómo las rancheras y boleros se han mezclado poco a poco con “música en inglés”, contó la hija del propietario, Erika Torres, quien le ayuda a su padre a administrar el negocio. Gracias a la popularidad del karaoke con DJ Pablo Serrano, quienes asisten pueden apreciar la fusión de culturas y generaciones.

“Una canción puede ser en inglés y la próxima de Chente (Vicente Fernández),” agregó.

Para muchos milenios, la música, el bilingüismo y las famosas micheladas reflejan el biculturalismo de su identidad como estadounidenses de ascendencia mexicana, y también acomodan la llegada de gente nueva al barrio, explicó Erika.

“Hay bares que tienen precios [caros] del centro de la ciudad”, dijo Torres. El truco está en no subir los precios si no es necesario, añadió.

El próximo objetivo de Torres es ampliar la popular cantina y mantener la autenticidad que siempre la ha caracterizado.

– La reportera Laura Rodriguez colaboró