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Por Jorge Mújica Murias

CHICAGO – Cada vez que se convoca una marcha recibimos una de dos respuestas: La que dice inmediatamente “¡Ahí estaré, cuenten conmigo!”, y los que dicen “eso no sirve para nada”.

La primera viene de parte de gente dispuesta a hacer algo, cualquier cosa, lo que sea, por mejorar la vida, la suya, la de sus familias, la de los demás. La segunda es típica de los desilusionados, los derrotados, los que piensan que la vida nunca puede ser mejor.

A los segundos se les olvida que gracias a las marchas de 2006 y 2007, estar en Estados Unidos sin papeles no es un crimen federal. Se les olvida que hay DACA, no por la buena voluntad del gobierno, sino por las huelgas, las tomas de oficinas de congresistas y senadores, las desobediencias civiles en las calles. Se les olvida que nada llega desde arriba de gracias, sino que hay que luchar por ellas.

Este año nuestra marcha del 1 de Mayo lleva por lema “Resistiendo al Racismo, Reconstruyendo la Comunidad”. No es el “Día del Inmigrante”, como algunos lo consideran. Es el Día Internacional de los Trabajadores, y día de los trabajadores Internacionales, nosotros, los trabajadores en un país extranjero.

Más de 300 ciudades verán acciones este día. En Chicago, más de 120 organizaciones están convocando a la marcha que partirá a las 2 de la tarde del parque Unión, en la esquina de las avenidas Ashland y Lake.

Todas nuestras comunidades están bajo ataque por el régimen de Trump. Están bajo ataque los inmigrantes por ser inmigrantes; los latinos por ser latinos; los trabajadores por ser trabajadores; las mujeres por ser mujeres. Y todos vamos a marchar juntos.

Vamos a marchar por la legalización de todos los trabajadores indocumentados; por detener el terrorismo contra las comunidades de inmigrantes con las redadas en hogares y lugares de trabajo; por detener la criminalización, encarcelamiento masivo y deportación de negros, latinos, inmigrantes, árabes, musulmanes y comunidades de color; por defender el derecho de los trabajadores a organizarse, a sindicalizarse y a ganar un salario digno; por defender los derechos de las mujeres, gente con discapacidades, transgénero, LGBTQ y personas no conformes con género; para actuar sobre el cambio climático, crear empleos y oportunidades económicas para migrantes, pobres y comunidades de color que están desproporcionadamente amenazadas por la contaminación y el cambio climático; por defender y financiar completamente los servicios públicos, incluyendo la educación pública, transporte y atención médica.

La invitación está abierta. Hay dos opciones: Quedarse en casa y quejarse de que nada cambia nunca, o salir a dar la cara a las calles y poner un granito de arena para que algo cambie.

¡Nos vemos el Primero de Mayo!

-Jorge Mújica es activista en Chicago.