CHICAGO –
Hacer turismo y simplemente caminar por la Antártida supone a veces una aventura extrema. Correr entre nieve, hielo y obstáculos naturales en medio de vientos helados y con temperaturas bajísimas allá en el fin del mundo resulta difícil de imaginar.
Pero eso es lo que hizo
, la ultramaratonista mexicana de Monterrey radicada en Chicago, quien finalizó quinta entre las mujeres y 21? en la tabla general de la ultramaratón de la Antártida, que se realizó en el continente blanco con 61 participantes en seis etapas entre el 21 y el 26 de noviembre pasado.
En 2013 Vázquez se había propuesto completar los ‘Cuatro Desiertos’ de la organización ‘Racing the Planet’, que cuenta con un grupo de élite de 180 atletas de alta competencia de todo el mundo.
“Cuando empecé con este proyecto yo decía, ‘¿cómo le voy a hacer?’, pero renuncié a varias cosas y dejé de hacer muchas cosas para lograrlo”, dijo Vázquez, quien vive en Estados Unidos desde hace 10 años.
La regiomontana de 35 años corrió ‘el ultra’ del desierto de Atacama en Chile, considerado el más seco del mundo, luego completó los ultras de Gobi (China) en junio de 2015 y Namibia, un país al oeste de Africa, en mayo de 2016. Al cruzar la meta en la Antártida con las banderas de México y Estados Unidos, Vázquez cumplió el objetivo de correr la serie de los ‘Cuatro Desiertos’ y correr en ellos casi 1,000 kilómetros. La atleta mexicana recorrió 250 kilómetros en cada uno de los primeros tres desiertos y otros 202.9 kilómetros en la Antártida.
A diferencia de las competencias en los primeros tres desiertos, la carrera en la Antártida suponía un gran esfuerzo físico y mental desde antes del comienzo. Para llegar al fin del mundo en el Polo Sur, Vázquez partió de Chicago hacia Houston y de ahí viajó en avión a Buenos Aires (Argentina), adonde llegó al aeropuerto de Ezeiza, desde donde se trasladó hasta otro aeropuerto, el Aeroparque Jorge Newbery, para tomar otro avión hasta el extremo sur de ese país y llegar a Ushuaia.
Allí en Ushuaia, famosa por ser la ciudad más austral del mundo, subió al barco que transportó a los atletas durante dos días y medio hasta la Antártida pasando por un sector del planeta que se ha tragado a unas cuantas embarcaciones.
“Allí cruzamos el Canal de Beagle, donde se chocan el océano Pacífico y el Atlántico, el mar se pone muy agresivo y hay que tener la fortaleza mental y física para pasar todo eso”, recordó Vázquez.
La competencia consistió en seis etapas de carreras en circuitos dentro de islas en el continente blanco. Los atletas dormían en un barco, se levantaban en horas de la madrugada, eran trasladados en botes Zodiac hasta tierra firme y estaban listos para correr a las siete de la mañana. Todo ese operativo previo podía demandar más de dos horas. Después de pasar varias horas corriendo en lugares inhóspitos, el grupo repetía el operativo y regresaba al barco para pasar la noche.
“Eran días de 16 a 18 horas, ya para el quinto día era loquísimo porque las piernas y las rodillas sienten el esfuerzo; se hinchan las rodillas por el frío y eso no me había pasado nunca. Cuando llegaba al barco a la noche, me daba un baño caliente y bajaba la hinchazón, pero el cuerpo ya estaba muy deteriorado”, comentó Vázquez. “La cara ya estaba marcada y quemada por el frío a pesar de usar lentes especiales -como para esquiar- para proteger los ojos y las cejas porque puede haber derrames de sangre en los ojos por el frío”.
Las etapas se realizaron en la Isla King George, en Telephone Bay (Deception Island), Stony Point (Paradise Island), Damon Point, Dancon Island y Moon Island. La competencia presentó todo tipo de obstáculos de logística, comenzando por los alimentos.
“Por reglamento no se puede llevar comidas a tierra como carnes o pollos por el cuidado al medio ambiente y había que comer galletas, chocolates o barras de granola”, señaló Vázquez, quien agregó que debió llevar consigo ‘un set de bolsitas’ para calentar las manos durante la carrera.
La ultramaratón antártica, que ganó el americano Kyle McCoy en la rama general y su compatriota Jax Mariash entre las mujeres, fue especial por sus características únicas e incluyó una boda de dos competidores en la nieve con el capitán del barco de atletas como maestro de ceremonias.
La prueba se corrió en circuitos que los atletas recorrían varias veces, pasando en repetidas ocasiones por un mismo lugar. Para muchos, que jamás habían corrido en la nieve, el terreno presentaba una incertidumbre total.
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“Yo ya había corrido en la nieve, en Chicago, y tenía esa ventaja”, indicó Vázquez, quien a su vez enfrentó una desventaja física en la carrera. “Yo soy una mujer bajita y a veces la nieve me llegaba casi hasta la cadera. A otros hombres más altos les llegaba hasta los pies”, explicó entre risas la regiomontana, quien trató de correr detrás de atletas más altos que iban “limpiando el camino” delante de ella.
Pero la carrera también exhibió varias bellezas naturales. “En el tercer día, en Paradise Harbor, subíamos una montaña que pertenecía al cráter de un volcán, corríamos y se veía todo nieve pero al llegar arriba se veía el agujero del volcán”, dijo Vázquez, quien disfrutó del espectáculo natural del sexto día. “Ya no hacía tanto frío (porque en el Polo Sur ya se acerca el verano), parecía como un día de primavera en Chicago y pasaron comunidades de pingüinos; allí se escuchaban más los pingüinos que el mar”.
La participación de Vázquez en la Antártida costó un total de 12,900 dólares que fueron pagados con su arduo trabajo en el área de recursos humanos y el apoyo de la organización Gift of Hope, dedicada a la donación de órganos, la clínica de cuidados de emergencia American E.R. de Houston, Texas, y el gimnasio Iron Lung Fitness de Jeffery Lung, esposo de la ultramaratonista azteca.
La Antártida significó el último paso de las cuatro ultramaratones desérticas que Vázquez se propuso conquistar tres años atrás. A partir de ahora la corredora de Monterrey se propone trabajar en proyectos de servicio a la comunidad y de compromiso social por medio del deporte.
“Tenemos la libertad de soñar, ese es el mensaje, este proyecto me dio la libertad de hacer mi vida saliendo de la cueva del materialismo y pude conocer el mundo y otras culturas”, comentó Vázquez. “Quería hacer algo que deje algún significado en nuestra comunidad, estoy convencida de que correr une naciones y consolida al planeta”.
Edna Jackeline Vázquez
-www.ednajackeline.com
-Completó las maratones de la serie para atletas de élite mundial ‘Racing the Planet’:
2013 – Atacama (Chile)
2015 – Gobi (China)
2016 – Namibia (Namibia, Africa)
2016 – Antártida