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Carlos Mario Duque desapareció inesperadamente de su hogar en Bogotá hace mas de 16 años, dejando a su madre y hermano mayor sin explicación. Víctima de la adicción a las drogas, Duque, o “Mayayo” como su familia le decía, pasó sus años perdidos como vagabundo en las calles.
Como niños, Carlos Mario y su hermano Juan, mayor por un año, eran inseparables. En el colegio los llamaban los “dos pollitos”. A Carlos Mario le decían “pollito malo” y a Juan le decían “pollito bueno”.
“Desafortunadamente un día fueron a un campamento y encontraron a alguien que les dio drogas”, contó Elvia Correa, madre de Carlos Mario y Juan. “Esa fue su primera vez y tenía 12 años.”
Desde ese día, Correa dice que Carlos Mario comenzó a salirse de sus control. Tenía que estar pendiente de él hasta que llegó un momento en el cual se perdió. Un día salió de casa y no volvieron a saber de él.
Carlos Mario comenzó a vivir en la calle y no intentó comunicarse con su familia. Un día un policía intentó ayudar a Carlos Mario a encontrar su familia a través de Facebook pero dijo que ya no existían, que habían muerto todos. Carlos Mario dijo después que no quería causarle más dolor a su familia y decidió tomar ese camino por cuenta propia, cuenta la familia.
Después de un tiempo de la desaparición de Carlos Mario, Duque y Correa tuvieron que emigrar a Estados Unidos con asilo político y perdieron la esperanza de volver a ver a Carlos Mario.
Pero esa esperanza fue revivida hace un par de meses cuando Correa recibió una llamada de un sobrino diciéndole que alguien había visto a su hijo en Bogotá. El sobrino lo busco pero no pudo volver a encontrarlo. Pilar Córdoba, familiar de Carlos Mario, le dijo a Correa que le iba a encontrar a su hijo.
Un día de abril, Córdoba envió una fotografía reciente de Carlos Mario por internet a Juan José Duque con un mensaje: “Apareció. Vente para Bogotá que ya sabemos dónde puede estar”.
“¿Qué siente uno al ver a un hermano después de 16 años completamente envejecido, aparentando casi 60 años, cuando él es menor que yo?”, se preguntó Duque. “[Mi madre] se sentó en la computadora y se puso a llorar apenas lo vio. No creíamos que el estuviera vivo”.
Convencido de que su hermano estaba vivo, Duque se fue a Bogotá, una ciudad de 6.7 millones de personas, en búsqueda de su hermano menor.
Cuando aterrizó en Colombia, Duque pasó toda la noche con familiares buscando a su hermano sin éxito. Iba de persona a persona mostrandoles una foto de su hermano en su celular, preguntado si lo habian visto. La gente lo reconocía y hablaban bien de él pero no podían ubicarlo. Sin éxito en su búsqueda, Duque fue decidió tomar un descanso cuando le notificaron que habían localizado a su hermano.
Duque cuenta qué pasó después de ser notificado sobre la ubicación de su hermano:
“Lo encontramos en un rincón, tirado en la calle, cubierto con un cartón blanco y con medio pan al lado. Al principio no me reconocía hasta que Pilar, la prima que fue su novia a los 16 años, le dijo: ‘¡Mayayo somos nosotros!’, Y ahí él dijo: ‘¿Mayayo? ¿Usted porque me llama Mayayo? Mayayo me llama mi familia y de mi familia no se de hace más de 16 años’. Porque nosotros somos tu familia y venimos por ti [le dije], y ahí reaccionó”.
Después del reencuentro, Carlos Mario recibió un corte de pelo, pedicure y manicure. Un psiquiatra lo examinó y dijo que él estaba en excelente condición mental. Duque tuvo que regresar a EEUU después de unos días pero antes de irse le contó a su hermano sobre un sueño que él tiene para los dos:
“Antes de que te perdieras, jugábamos fútbol. Tu eras arquero y yo era delantero. Tu jugabas a ser Navarro, el arquero del Nacional, y yo jugaba a ser Palavecino. Quiero que compremos un balón y quiero que nos vayamos a un parque y que por un minuto vuelvas a ser Navarro y yo Palavecino. Y quiero que juguemos y recuperemos todos eso juegos que nos perdimos durante todo este tiempo que estuviste perdido”.
Ahora Carlos Mario está en Guatemala con su hermana y cuñado. Pronto va a entrar a una clinica donde comenzará un proceso de tres meses de rehabilitación. Paralelo a eso, él pasara por un proceso de restitución de su dentadura porque perdió los dientes, encías y el hueso de las encías. Luego vendrá el proceso de socialización para que pueda integrarse a la sociedad, contó su hermano.
“Es algo muy extraño porque uno siente mucha alegría porque está vivo, pero una tristeza porque estaba irreconocible. Porque nos decían que era él, pero parecía otra persona. [Estaba] totalmente acabado, envejecido, terminado por la droga”, contó Correa. “Eso fue horrible. Yo no quise ir a Bogotá para ese encuentro. Todavia no lo he visto”.
Pero Correa si tiene planes de ver a su hijo pronto en Guatemala. Aunque él está a salvo en Guatemala fuera de las calles y con su familia, su futuro todavía no está definido.
“Ahora estamos viendo cómo podemos hacer para que él no tenga que regresar a Colombia; para que pueda venir a EEUU o para que pueda tener un estatus (legal) en Guatemala”, dijo Duque. “Pero tenemos que ir paso por paso porque en Colombia el no tiene absolutamente nada ni nadie. Su familia está en Guatemala y su familia está aquí. Su mamá está aquí (EEUU)”.
Aunque están lejos, Correa y Duque se comunican con Carlos Mario frequentemente. Recientemente. Carlos Mario le conto a Duque sobre un anhelo que tiene.
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“El anhelo es que él y yo podamos terminar viviendo la vida juntos. Quiere trabajar y conseguir una finca y tener cerdos y gallinas”, dijo Duque. “Y que en esa finca podamos vivir juntos nuestra vejez y los años que nos quedan de vida”.
No se sabe todavía dónde y cuál será la siguiente etapa de Carlos Mario, pero para su madre la mejor opción es que sus dos pollitos sigan juntos.
“Es que ellos no se separaron nunca. Eran más que hermanos”, dijo Correa. “Lo ideal para mi es que estuviera con Juan. Con Juan estaría perfecto”.