CHICAGO –
A nuestros países nos tratan de repúblicas ‘bananeras’ cuando ocurren errores de organización. Al parecer, los americanos parecen querer estar a tono y a juzgar por ciertos detalles, están organizando una
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con ese mismo estilo latinoamericano.
En el debut uruguayo frente a México, un error de la organización hizo que se escuchara el himno de Chile en lugar del de Uruguay. Enfurecido, el delantero ‘charrúa’ Edinson Cavani dijo luego que “lo del himno es una falta de respeto hacia un país, no solamente hacia una selección”.
Irónicamente, el jugador del Paris Saint Germain no es el más indicado para hablar. En la pasada Copa América, antes de enfrentar a Jamaica, Cavani declaró “como todo equipo africano, Jamaica es difícil por su velocidad y su fuerza”.
A los chilenos no les fue mucho mejor en su presentación contra Argentina pues su himno nacional se escuchó por unos instantes y de pronto comenzaron a sonar las estrofas de… Mr. Worldwide, una canción de Pitbull.
Nadie lo dijo pero seguramente el operador de turno quiso estar a tono con el acontecimiento y honrar al jugador chileno Gary Medel, cuyo apodo es precisamente ‘Pitbull’.
Pero no todo acabó con los errores en los himnos. En el debut de Bolivia, su bandera se proyectó invertida en la pantalla gigante del estadio Camping World de Orlando, con el color verde arriba, en lugar del rojo tradicional. Y la empresa Adidas repitió el mismo error que uno ya vio cientos de veces en este país: creó una publicidad sobre la selección de Colombia pero con la palabra ‘Columbia’ y debió presentar luego una disculpa pública.
Es que hay ciertas cosas que parecen que solamente ocurren en el fútbol de Estados Unidos, como el actual reloj que corre hacia atrás (desde el minuto 90 al cero) en los partidos de escuelas secundarias o aquellas definiciones por ‘shootout’ de la NASL y los comienzos de la MLS.
Por ejemplo, el Mundial de Estados Unidos del ’94 fue el único donde se cayó una portería. En el partido México-Bulgaria por los octavos de final, el defensa mexicano Marcelino Bernal se enredó con la red e hizo que el arco comenzara a desarmarse. Momentos más tarde se pudo observar a asistentes corriendo por la cancha con una nueva portería destinada a reemplazar a la anterior, algo jamás visto en un Mundial.
Ese mismo Mundial de 1994 fue además el único que tuvo un lesionado antes de que empezara a rodar el balón. Durante la ceremonia inaugural, el cantante Jon Secada deleitaba a la audiencia cuando de pronto un sector del escenario se desplomó encima de él, provocándole serias heridas. No faltó quién calificó a Secada como ‘el primer lesionado del Mundial’.
También en 1994 y en Estados Unidos, la selección de Nigeria se aprestaba a jugar uno de sus partidos en los vestidores cuando los jugadores advirtieron un problema: se habían olvidado las camisetas en el hotel. Un empleado de la federación nigeriana se vio obligado a partir velozmente en taxi para buscar los uniformes y evitar un papelón similar al del Mundial de Argentina de 1978, cuando Francia y Hungría llegaron al estadio de Mar del Plata con sus segundas camisetas -ambas blancas- y se dieron cuenta de que uno de ellos necesitaba otro color: el partido comenzó 45 minutos tarde y Francia jugó con la camiseta de Kimberley, un club local, parecida a la del Betis español.
Volviendo a la presente Copa América, llaman la atención algunas cuestiones que parecen de naciones tercermundistas. En los estadios no se abren los grifos para regar el césped al estilo europeo: en Soldier Field la semana pasada se vio a siete hombres cargando una manguera gigante para mojar la cancha en el entretiempo.
Tampoco hay carritos para transportar jugadores lesionados sino camillas de mano a la vieja usanza. Y los jugadores de Brasil debieron irse sin bañarse tras una práctica en la universidad de Harvard porque los vestidores no estaban habilitados.
Hay cuestiones de esta Copa América que son ajenas a la organización y otras que están relacionadas con el desconocimiento del fútbol en este país. Como el caso de un guardia de seguridad de un campo de entrenamiento en San Francisco, donde el mejor jugador del mundo practicaba con su selección unos días atrás. El señor, un tal López de apellido, fue interrogado por un periodista del diario Clarín, el principal de Argentina, y se produjo el siguiente diálogo:
-¿Podemos hablar con Messi?, preguntó el periodista.
-¿Quién?
-Lionel Messi.
-¿Quién es?
Uno de los jugadores argentinos.
-¿Y es bueno?
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