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CHICAGO –

Como ha ocurrido cada año en las últimas cuatro décadas, la

Liga Roberto Clemente-Víctor Ramos Softball

está disputando la serie final en septiembre para consagrar a su equipo campeón, que además tendrá el típico premio extra de cada temporada: representar a Chicago y la liga de Humboldt Park en la isla de Puerto Rico ante equipos boricuas.

En la serie a siete juegos, el actual campeón Vega Baja lidera por 3 a 2 sobre los Leones de Ponce y se acerca a su tercer título consecutivo.

La liga que honra la memoria de Víctor Ramos, presidente y líder de la organización por más de 30 años, y

Roberto Clemente

, uno de los más grandes peloteros en la historia de Puerto Rico, nació en 1974 y el año pasado cumplió sus primeros 40 años de vida.

“El equipo campeón viaja a Puerto Rico, salimos el 29 de octubre y regresamos el 5 de noviembre”, dice Nancy Díaz, presidenta de la liga. “Ya tenemos dos equipos escogidos para hacer un intercambio allá. Vamos a jugar con Corrozal y también un equipo de San Sebastián. Vamos a quedarnos en Manatí, que está en el medio de la isla y se hace fácil para ir a todas las áreas para jugar”.

La liga se juega con el sistema “semifast” para los pitchers y pelota de 12 pulgadas. En la serie final de este año se produjo una situación especial porque Miguel Muñiz es el patrocinador de Leones de Ponce pero también aporta para su rival Vega Baja. Muñiz, dueño de El Samaritano Grill en la calle Fullerton, ayuda a comprar uniformes para cada equipo, que cuestan unos 2,200 dólares.

“Los dos equipos (Vega Baja y Leones de Ponce) son míos y también tengo a los Patriotas de Lares en la liga de los ‘viejitos’ (también en Humboldt Park y para mayores de 47 años)”, comenta Muñiz, un ex pelotero nacido en Ponce, Puerto Rico. “Yo estoy orgulloso de sacar a estos muchachitos de la calle para que estén en el parque por cuatro o cinco horas, por eso los ayudo”.

El actual campeón de la liga es el equipo de Vega Baja, cuyo nombre proviene de un pueblo ubicado a unas 30 millas de San Juan, capital de Puerto Rico.

“Fuimos campeones dos años corridos y estamos tratando de ganar el tercer campeonato”, dice Paul Sierra, el dirigente y dueño del equipo quien además es dueño del restaurante Sabor Latino en North Avenue. “Lo mejor que tenemos en nuestro equipo es la química, somos como una familia, siempre estamos juntos, no nos damos por vencidos y sabemos cómo ganar. Somos compadres, familiares y compartimos cumpleaños y la Navidad. Si hay un jugador nuevo, lo hacemos parte de la familia”.

Sierra dice que el alto nivel de la liga está asegurado con peloteros que han jugado en ligas semiprofesionales y ligas menores de organizaciones como los Tigres de Detroit y los Medias Rojas de Boston. En Vega Baja, por ejemplo, juega el campocorto Carlos Luciano, quien representó a la escuela secundaria Roberto Clemente y participó en equipos de ligas independientes como el Rockford Lightning.

Luciano ya no juega béisbol y se divierte más con el sóftbol de la liga de Humboldt Park. “Me gusta porque no tiene muchas reglas como otras ligas, aquí tienes más chance de darle a la bola”, confiesa.

En Vega Baja hay mayoría de fanáticos de los Cubs sobre los White Sox e incluso uno de sus peloteros, el mexicano José González, es amigo de Franklin Font, actual asistente dentro de la organización de los Cachorros.

Los Leones de Ponce, el otro equipo que compite en la serie final, también posee sus estrellas como el tercera base Rey Pagán, quien durante la semana trabaja con piezas que ayudan a volar a los aviones y luego hace volar la bola con varios vuelacercas cada fin de semana. Pagán era el líder de la liga con un promedio de .681 hasta el sábado pasado y es además hijo de la presidenta Nancy Díaz, quien a pesar del orgullo que le provoca su hijo, está obligada a mantenerse neutral por la condición que ocupa.

“Yo le voy a los dos equipos y el mejor, que gane”, asegura Díaz, quien lleva cinco años presidiendo la organización.

En los Leones de Ponce hay peloteros de la ciudad y especialmente de Humboldt Park pero también hay un caso increíble. Luis Ocasio, un muchacho que juega con el número 23 y la palabra “Veintitrés” en su espalda, maneja dos horas y media para cada juego desde su casa en Beloit, Wisconsin. “Por esta presidenta manejaría cinco horas también”, bromea Ocasio a manera de alabanza por la labor de Díaz al frente de la liga.

Díaz, por su parte, asegura que la liga continuará con su tarea comunitaria. “Nosotros en esta liga somos una familia, no solamente es el juego sino también las esposas, los fanáticos y los hijos. Eso es lo importante. El objeto es que esto no desaparezca y que el sóftbol se quede en Humboldt Park”.