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CHICAGO –

Cuando era niño le dijo a su padre que quería boxear y él no se lo impidió, pues pensó que en cuanto le pegaran, se cansaría. David Díaz no sólo no se cansó del boxeo sino que fue a los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, y años después el niño mexicoamericano se convirtió en campeón del mundo de pesos ligeros. Tras casi dos décadas triunfando en el ring, David ha colgado sus guantes para pelear en otro cuadrilátero: el de los bienes raíces en Chicago.

En 2012, David decidió decir adiós a una vida de éxitos y moratones. Tras 16 años de brillante carrera de boxeador, el ex campeón mundial sintió que ya no era el chico que le rogaba a su padre subir al ring. “Yo pienso que Dios me dio la sabiduría de decir ‘aquí es tu fin’ porque tú ya no puedes. Tú ya no tienes la misma rapidez y la misma pegada que antes”, cuenta el hombre que se enfrentó a Manny Pacquiao.

Al preguntarle cuándo le vino el primer pensamiento de retirarse, David recuerda la pelea contra Humberto Soto en 2009: “Ví muchas oportunidades para pegar a Soto y no fui capaz. Ahí me di cuenta de que quizá era hora de decir bye-bye”, describe con nostalgia.

Un nueva vida

Desde el pasado diciembre, David ejerce de agente de bienes raíces en Realty of Chicago, una compañía de inmuebles instalada en la ciudad de Cícero en la que el ex boxeador pelea cada día por encontrar la casa de los sueños a sus clientes. Tan sólo lleva siete meses en su nueva profesión y vida, y David celebra sus avances como si se tratara de un nuevo cinturón en su palmarés. “Apenas llevo ejerciendo desde enero y ya he vendido una casa y no paro de recibir el cariño y el apoyo de las personas que me rodean”, cuenta orgulloso.

Este nuevo David quizá no hubiera nacido sin su otra mitad, su mujer Tanya. Posiblemente tampoco hubiera podido existir el David campeón del mundo, pues Tanya ha estado detrás de cada gran golpe de su marido sobre el ring y lo está ahora en su nueva vida como hombre de negocios, pues ambos trabajan en Realty of Chicago juntos. Esta vez, por primera vez en mucho tiempo, las únicas heridas que Tanya tiene que cuidar cuando vuelve a casa son las de lidiar con una familia numerosa gobernada por dos cónyuges que a cualquier hora les pueden pedir que se ausenten del hogar para mostrar una casa.

“Fue un alivio. Yo siempre le dije que nunca le pediría que dejara el boxeo a pesar de que personalmente muchas veces deseé que lo hiciera. Por esta razón me hizo muy feliz que la decisión saliera de él”, cuenta la mujer del ex boxeador. Fue una joven enamorada Tanya quien, cuando un despistado David todavía no sabía que iba a triunfar en el boxeo, le retó a que se sacara la licencia de agente de bienes raíces. Más de dos décadas después, como buen luchador, David retomó el reto de su señora y obtuvo la licencia para poder trabajar y triunfar junto a ella. “Siempre hemos hablado ella y yo de que nosotros dos vamos a conquistar el mundo. Así vamos a agarrar este negocio. Y ahora puedo yo pelear con ella, lado a lado, espalda a espalda, e ir a conquistar esta industria de los bienes raíces”, explica David.

La misma pasión que el ex boxeador ponía en cada combate, la deja todos los días en la oficina de Cícero. “Como se dice, el sueño americano es de trabajar duro y ahorrar dinero para tener un hogar. Aquí vienen parejas de recién casados para comprar su primera casa donde van a formar una familia. Eso es lo bonito del real state, que tú puedes ayudar y ser parte de un momento importante en la vida de alguien”, reconoce el mexicoamericano.

Sus compañeros cuentan lo motivador que es tener a David en la oficina: “Él nunca se vence. David sigue y sigue hasta que la gente consigue la casa de sus sueños. Es parte de su carácter”, cuenta Eddie García, el fundador y presidente de Realty of Chicago. García explica además cómo muchos clientes que visitan la oficina de Cícero reconocen a David y muestran curiosidad por su nuevo rol. Y es que no todos los días te puede vender una casa quien fuera campeón del mundo. Atrévete a decirle que no, pensarán algunos. Sin duda, es un diamante en bruto a explotar por un buen jefe.

Su sombra Tanya, que observa desde su escritorio cómo se desenvuelve David en su nuevo papel, coincide con Eddie: “Tiene la misma determinación que tenía cuando era boxeador y la misma energía. Es el mismo David pero en una profesión diferente”, asegura.

Entrenador de futuros campeones

Cuando acaba su jornada laboral, el hombre con chaqueta, corbata y marcas de guerra en el rostro, se calza las deportivas y se mete en el gimnasio que tiene en Cícero para enseñar a los jóvenes del barrio a defenderse. Y es que algunas cicatrices, como las de su cara, que no se pueden esconder, y ser entrenador de boxeo es la manera que encontró David para mantener viva su pasión. Y qué mejor forma que hacerlo que transmitiéndola a los más pequeños para que como él, la apliquen a su vida.

“Les quiero enseñar respeto y disciplina de trabajo. En el barrio, les digo que prefiero que vengan al gimnasio a divertirse en lugar de estar con los videojuegos o en la calle”, cuenta David.

El ahora entrenador reconoce que en general sus chicos le obedecen en todo lo que hace porque anhelan conseguir lo que su profesor alcanzó. “Tengo muchos alumnos que a veces me preguntan, “eh, tú hiciste…”, y les digo que sí, que fue difícil pero trabajé muy duro para lograrlo. Y si tú quieres lograr algo así, sea en el box, sea en la escuela, sea en lo que sea, tienes que trabajar duro, si no, nada en esta vida es gratis”, asegura el ex atleta.

La ciudad de Cícero tiene un entrenador de boxeo de lujo y su papel no pasa desapercibido especialmente para los padres que buscan que sus hijos encuentren una afición que les provea de disciplina, sacrificio y que les divierta. El 99% de los chicos a los que David enseña en el gimnasio son latinos. “David es un modelo a seguir muy bueno entre los latinos porque es genial ver a otro latino triunfar. Él creció en Humboldt Park, sus padres eran inmigrantes, no fue a las mejores escuelas, y trabajó muy duro para ser olímpico y campeón del mundo. Tenerle en el gimnasio como entrenador, es perfecto para mantener a los chicos alejados de las calles”, cuenta Tanya.

Si entre alguno de estos chicos, David puede formar a un campeón de boxeo, entonces pensará que ya no puede pedirle más al mundo. Como ya lo pensó cuando con 20 años le llamaron para representar a Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. Y eso fue sólo el comienzo de una carrera profesional que le ha convertido en un icono especialmente entre la comunidad latina de Chicago.

El sueño americano

David Díaz es hijo de inmigrantes mexicanos, el pequeño de nueve hermanos y el único que nació en territorio americano. Cuando preparaba la maleta para viajar a las olimpiadas, uno de sus hermanos le dio las gracias. “¿Por qué?”, le preguntó David a su camarada. “Porque mi sueño siempre fue asistir a unos Juegos Olímpicos, pero nunca pensé que sería para ir a ver a mi hermano”, le contestó.

La tercera vida de David o quizá la única, es la de cumplidor de sueños. Siendo un hijo de inmigrantes y de familia numerosa, se las ingenió para llegar a lo más alto en aquello que se le daba bien. “Todo es posible si trabajas duro”, debió decirle un sabio el primer día que se emocionó al ponerse los guantes de boxeo. David se convirtió en el “american dream” en estado puro y lo hizo por el camino de la humildad y del esfuerzo. Hoy día, partiendo de cero tanto con los recursos como con su experiencia, el campeón (porque un campeón se es toda la vida), ha decidido continuar con su rol de cumplidor de sueños a base de encontrar un nuevo hogar a las personas que se acercan por su oficina. Barra libre de american dreams para todos. Invita David.