
Por Alejandro Yanun
CHICAGO
– El mejor gol de Diego Maradona ocurrió en un partido decisivo ante Inglaterra durante el Mundial de México ’86. El mejor gol de Lionel Messi fue ante el Getafe.
Ahí está la diferencia.
En Argentina la opinión pública se ha dividido entre aquellos que creen que Messi es el mejor futbolista de la historia y quienes opinan que ‘La Pulga’ es eso precisamente, un animalito insignificante, si se lo compara con el otro grande del fútbol nacional, Diego Maradona.
Un mes atrás, a horas del partido del Barcelona contra el Bayern Munich, se publicó un artículo donde Pep Guardiola y sus jugadores se preguntaban, ¿cómo vamos a detener a Messi?
Alguien sugirió una rápida solución: “Muy simple, pónganle la camiseta argentina”.
Los números de Messi con el Barcelona son concluyentes y no admiten discusión. Ha ganado todo y sería imposible enumerar esos logros en este artículo. Pero sus triunfos con la selección mayor de Argentina -no la olímpica ni la Sub 20- se resumen en un solo número: cero.
Los números de Messi con la selección argentina son tan concluyentes como los del Barca. Hasta este momento jugó 15 partidos en tres Copas América y anotó apenas tres goles, uno de penal. En los Mundiales jugó 15 partidos y marcó cinco goles.
Si se suman los Mundiales y las Copas América, Messi jugó 30 partidos y anotó ocho goles. Y aquí cabe una importante aclaración: ninguno de esos goles fue decisivo. Uno de ellos fue en un 6-0 ante Serbia y Montenegro en Alemania 2006. Otros fueron ante rivales de menor calibre como Bosnia e Irán en el pasado Mundial.
Casualmente, Messi ‘no existió’ en la final de la Copa América de 2007 ante Brasil (derrota por 3-0) ni en las caídas a manos de Alemania (cuartos de final y final) en los Mundiales de 2010 y 2014.
En otras palabras, Messi desapareció cada vez que Argentina necesitó que, como mejor futbolista del planeta, la guiara a la gloria. Algunos argumentan que Messi condujo a su país a la final del último Mundial, lo cual es una verdadera aberración. La verdad es que Argentina llegó a la final en Brasil gracias su defensa y las manos de San ‘Chiquito’ Romero. El rosarino sólo anotó goles en la primera ronda del torneo y cuando -según sus propias palabras- comenzó “el verdadero Mundial”, estuvo desaparecido en acción.
Cuando se tiene esto en cuenta, la imagen de Maradona cobra otra dimensión. ‘El Diego’ ganó prácticamente solo el Mundial de México ’86, con cuatro goles decisivos en octavos y en semifinal ante Inglaterra y Bélgica además de un pase-gol para Jorge Burruchaga en la final.
Maradona jugó lesionado gran parte del Mundial 1990 y así y todo se las ingenió para realizar la mejor jugada de ese campeonato, una apilada ante medio equipo rival y un pase-gol para Claudio Caniggia. ¿El rival? Nada menos que Brasil en octavos de final. Ese día el diario argentino Clarín publicó una foto del tobillo de Maradona del día anterior. Su tobillo hinchado era del tamaño de una pelota de tenis.
No es casualidad que las más grandes jugadas de Maradona en 1990 y 1986 hayan sido ante Brasil, rival histórico de los argentinos, y contra Inglaterra, enemigo bélico en la guerra de las Islas Malvinas cuatro años atrás.
Tampoco es casualidad que el mejor partido de Messi en la selección haya sido en Nueva Jersey con tres goles frente a Brasil. ¿Por qué no es casualidad? Porque se trataba de un partido amistoso. Messi jamás le anotó un gol oficial a Brasil.
No es necesario continuar con los ejemplos que marcan diferencias entre uno y otro con la selección nacional. Pero los hay en cantidades industriales.
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Maradona fue siempre el líder que Argentina necesitó cada vez que jugó su selección. Messi es y será un grande con los colores del Barca. Con el celeste y blanco de Argentina es apenas una ‘Pulga’ más.