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CHICAGO

– Aún recuerdo a la perfección un partido entre Italia y Finlandia, un sábado por la mañana de 1977 por las eliminatorias del Mundial del año siguiente.

También recuerdo perfectamente un partido amistoso entre Holanda e Italia que disfruté por televisión en enero de 1980. Cómo olvidar aquel famoso partido de marzo de 1976, cuando mi Argentina jugó en la nieve de Kiev, en la actual Ucrania, contra la Unión Soviética, aquel día que Hugo ‘El Loco’ Gatti atajó con pantalones largos, algo nunca visto antes en mi país.

Y jamás olvidaré otro amistoso histórico entre Argentina y Polonia en Chorzow, tres días más tarde, la mañana en que mi mamá me despertó con la noticia de que no iría a la escuela porque nuestro gobierno democrático había caído -una vez más- a manos de otra dictadura militar y no había clases en todo el país.

¿Qué más podía pedirle a la vida entonces un niño como yo? Sin clases, con fútbol en directo y por vía satélite, como se decía entonces, desde Europa por TV.

A esta altura usted seguramente se estará preguntando cómo alguien es capaz de recordar datos tan lejanos.

Muy simple: la cobertura deportiva no era como la actual y un partido en directo desde la lejana Europa era un tesoro especial. Como cuando el hombre pisó la Luna o como el caso de un desastre natural, uno sabía exactamente dónde estaba en ese momento. Cualquiera de mis compatriotas de mi generación recuerda perfectamente aquellos partidos internacionales que rara vez llegaban por TV.

Rebobinemos hasta junio de 2015. Hoy hay fútbol las 24 horas del día y -uno podría agregar- las 24 horas de la noche también. Cada partido de la Copa América, por ejemplo, se puede disfrutar en vivo y luego varias veces en diferido por bein Sports. Pero eso no es nada y como muestra está el último fin de semana.

Una de las opciones del sábado pasado en la televisión en español fue el choque entre Alemania y Gibraltar. ¿Gibraltar? Es un territorio británico de apenas 30,000 habitantes que ni siquiera posee un estadio de categoría internacional. Por eso debió pedir prestada una cancha para enfrentar a los germanos en Portugal. Y nosotros lo pudimos ver por TV.

El domingo pasado se me ocurrió cambiar de canal durante el partido entre Colombia y Venezuela. En Fox Sports y desde la lejana Bielorrusia llegaban las imágenes del juego entre los locales y la selección española. Y por radio, en la cadena ESPN en español, llegaba la narración del choque entre Suiza y Lituania. Lo increíble del caso es que Giovanni Scavia, ‘el Tenor del Comentario’, se desvivía para dar todo tipo de detalles sobre los futbolistas de Lituania, como si algún lituano tuviera pegada su oreja en ese instante a la transmisión.

Unos días atrás Saint Kitts y Nevis, una islita caribeña que tiene la misma población que Berwyn, recibió a El Salvador en una cancha similar a la de nuestras ligas locales, con automóviles estacionados detrás de una de las porterías. Por supuesto, también lo vimos por televisión.

Países nuevos, de esos que no existían unas décadas atrás, nos ofrecen imágenes en directo por televisión. Y en estos días seguramente desde alguna isla perdida del Pacífico nos llegará fútbol por TV. A nadie, absolutamente a nadie, le llamará la atención.