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CHICAGO –

El Torneo de

Roland Garros

ha comenzado y todas las miradas apuntan a quien ha reinado en París durante los últimos nueve años:

Rafael Nadal

.

“Nadal, el extraterrestre,” enunciaba la prensa francesa en mayo de 2005, cuando un joven español deleitaba a los aficionados del tenis con un juego único cargado de garra y vestido con bermudas.

Era la primera vez que el mundo veía lo que Rafa podía hacer con la tierra, y desde entonces, el título de ‘rey de París’ lo ha defendido con un nivel de juego y entrega que culmina cuando pisa la capital francesa.

“Nadal se transforma cuando llega a París. Es un monstruo,” decía su colega español Pablo Carreño entre pistas la pasada semana.

Este miedo prudente es común en la élite del tenis que se pasea por el Roland Garros estos días. Roger Federer y Novak Djokovic le conocen de sobra y saben de lo que es capaz cuando planta sus zapatillas sobre la arcilla parisina y así lo han expresado en las ruedas de prensa.

El azar del sorteo ha querido que Novak Djokovic, número uno del mundo, y Rafael Nadal, sexto cabeza de serie, puedan encontrarse en cuartos de final, una situación que no convence a los fans de las grandes batallas finales de los domingos delante del televisor a las que nos tienen acostumbrados los guerreros de esta última década. Pero para Rafa la presencia del titán serbio en cuartos es más una motivación que un problema, pues sabe cómo debe jugar para ganarle en la (pista central) Philippe-Chartier. Lo ha hecho dos veces, la última hace exactamente un año.

En 2014, aún bajo la sombra de las lesiones, el tenista español consiguió su noveno Roland Garros. No obstante, el año pasado aterrizaba en París con los torneos de Doha, Río de Janeiro y Madrid en sus piernas, y en contraste esta semana llega con tan sólo el Open de Argentina como torneo ganado sobre tierra batida.

Las numerosas dudas sobre la posibilidad de que Rafael Nadal alcance la final y consiga su décimo Roland Garros son legítimas y realistas dada la diferencia de nivel con sus compañeros de ránking. Pero quienes le han visto con su raqueta en París saben que Rafa no se caracteriza por su juego realista, sino por ser capaz de desplegar un tenis arrasador cuando su privilegiada cabeza competitiva se lo propone. Por esta razón, si sus problemas físicos le dan tregua y consigue desplegar su juego y actitud ‘extraterrestre’, que le coronaron como rey en 2005, la décima en París es posible. Sabe perfectamente lo que tiene que hacer. Lo ha hecho nueve veces.