CHICAGO –
Todos los árbitros de fútbol han practicado antes alguna vez ese deporte. Pero no todos lo han hecho al más alto nivel. En el fútbol amateur de Chicago, sin embargo, hay algunos silbantes que son la excepción.
Un ejemplo es el de Alejandro Aguilar, quien apenas cuatro años y medio atrás fue campeón de CLASA con La Piedad. Durante varias temporadas el guanajuatense fue uno de los máximos anotadores locales y llegó a consagrarse campeón goleador con tres equipos diferentes: los michoacanos de La Piedad, el Milan y Atlético Nacional.
Actualmente Aguilar lleva un tiempo alejado de las canchas por una grave lesión de ligamentos y a sus 26 años piensa que ya no regresará a las canchas como jugador. Mientras tanto impone su presencia como árbitro de la Liga San Francisco en la Calle 35, al sur de la ciudad.
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Como todos lo que hacen la transición de futbolista a árbitro, Aguilar reconoce que pitar no es tan simple como parece. “Hay jugadas polémicas, como algunas manos, si están pegadas al cuerpo o no, que siempre te van a reclamar… si fue o no fue gol, pero lo que es el reglamento, en eso no te puedes equivocar”, comenta.
Otro caso es el de Rodolfo González, uno de los mejores arqueros de Chicago a quien todos conocen como ‘Chatita’. González, hermano de Angel ‘La Chata’ González (otro portero campeón de CLASA con La Piedad) funge como árbitro de campeonatos de escuelas secundarias y ligas independientes.
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Ser árbitro me gusta y es algo que me gustaría hacer cuando ya no tenga el fútbol”, dice este hijo de michoacanos de 33 años que llegó al arbitraje por consejo de Chris Kolofon, un conocido árbitro local.
González jugó para Atlético Nacional, La Piedad y Santos Degollado, y fue campeón de CLASA, la Copa Tecate y una copa nacional en Frisco, Texas. Ultimamente ha jugado con el poderoso club croata Adria, con el que derrotó el año pasado en un amistoso al equipo profesional de Xelaju de Guatemala.
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El entrenador (del Xelaju) me dijo que podría ver si había una oportunidad para llevarme a jugar allá como profesional”, dice González. “Pero en realidad, allá el pago no está muy bien y yo prefiero estar con mi familia y jugar acá”.
Un árbitro conocido en varias ligas locales es Leo ‘El Loco’ Aguilar, quien estuvo cerca de jugar como portero en la máxima categoría en México. Aguilar dice que un agente le arruinó su carrera profesional. “Un promotor que compró mi carta me promovió en Atlas cuando se fue Robert Dante Siboldi a Uruguay. Yo había sido el portero menos goleado en segunda división pero él pedía mucho dinero por mí cuando yo todavía no pisaba una cancha de primera división”, cuenta ‘El Loco’. “En ese tiempo a Carlos Hermosillo lo vendieron por 27 millones de pesos cuando ya era un jugador de seleccionado nacional. Por mí estaban pidiendo casi la misma cantidad. La directiva (del Atlas) ofreció 15 millones por mí pero no llegaron a un arreglo”.
Desanimado, Aguilar fue al Apatzingán (Michoacán) de la Tercera división y más tarde llegó a Chicago, donde jugó en el Deportivo Jaral y Santos Degollado (CLASA), Alteño (Hispano) y ganó una copa regional en Ohio y otra nacional en Florida.
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Después una lesión me fue alejando de las canchas y ahora ya tengo nueve años en el arbitraje”, comenta Aguilar, quien ha tenido que arbitrar difíciles partidos como una final local donde dice que los dueños de los equipos habían apostado “troca contra troca”.
Aguilar dice que ahora puede ver “las injusticias que hay contra nosotros, los árbitros” y advierte sobre las dificultades del arbitraje: “El jugador llega hasta donde el árbitro lo permite. Pero el trabajo de un árbitro es muy difícil. En un parpadeo perdiste una jugada y ya te echaste todo un equipo encima. En ocasiones puede terminar en una batalla campal, que gracias a Dios nunca las he tenido”.
El colombiano Leonardo Zuñiga es otro de los jugadores locales de alta competencia que ahora se dedica al arbitraje. Después de ser goleador en el Huandacareo de la Liga Jalisco, Zuñiga pasó dos años sin jugar debido a una grave lesión.
Antes
había jugado con los equipos de Real España y Motagua en la Liga Interamericana y en los últimos años también integró el Tangancicuaro en CLASA y la Champions League.
Hoy, con 33 años, Zuñiga dirige partidos en las ligas AML y Latinoamericana pero todavía sueña con dar un último paso en la alta competencia. El colombiano, quien se asemeja más a un levantador de pesas que a un futbolista, dice que si mantiene su peso entre las 160 y 170 libras, está a punto para jugar. “Voy a seguir pitando en las ligas locales pero voy a quemar las últimas temporadas con el Chicago Flash en la división mayor de CLASA”.